Mostrando entradas con la etiqueta kristen t. cates. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta kristen t. cates. Mostrar todas las entradas

25 de agosto de 2022

Cristina Cavazos, 5 poemas 5


Fotografía de Kristen T. Cates

Vértigo que avanza
sin dar marcha atrás,
la vida dibujada en la línea donde cae el sol.
Un respirar detenido por la muerte
que siente el paso del aire
al remover tierra de las pesadillas,
con furia,
sembrando luces
en el trayecto.
Y al llegar el final
un esplendor que te hace ciego.
El momento
donde la última hoja cae
llevándose la silueta
de lo que era verde
y el corazón 
opaca los cristales de los errores
que se entierran en la piel
que ya no duele.


Fotografía de Kristen T. Cates

KAREN

Abrazos que ya no puedo dar
rompen la ilusión de los días azules
y de la húmeda brisa del verano.

Desde el primer segundo me buscaron,
lo hacen hasta hoy rompiéndose las suelas
en lugares de silencio llenos de oscuridad
pero estoy donde jamás pensarían.

Aún siento las risas apagadas,
los amigos que fueron olvidándome
y los amores que no conocí.

No recuerdo mis fantasías,
ni la inocencia
ni mis ganas de amar
pero recuerdo sus manos
asfixiando mi última noche.

Quisiera poder despedirme
de quienes aún pronuncian mi nombre.
Frustración infinita,
mis ojos siempre abiertos
no hay día ni noche.

Quiero gritar,
abrazar a mi madre,
tocar mis lágrimas, pero no puedo.

Escucho sus lamentos,
siento la desesperación
merodear a mi alrededor;
aun veo esos ojos de lumbre
maldiciendo sobre mi cuerpo.

No me vistieron tantas noches,
deje libros a medias,
maquillaje desordenado
la cama sin tender.
Era un día como cualquier otro
[nunca se piensa en eso].

Una falda bellísima, sí, corta pero bellísima,
el mismo bar,
las mismas personas.
Me sentí segura, bailé
y olvidé la cacería de lobo siempre al acecho;
se quedó cerca, tan cerca que aún puede pisar sobre mí.
Antes pude hacer mucho,
haber dicho algo
y un día yo ya no estaba, pero las preguntas sí.
No está mi cuerpo, no hay rastro,
pero están los valientes que me aman,
que cuestionan e investigan
los veo,
no busquen lejos; nunca salí de casa,
antes de enterrarme tres metros bajo el comedor
me dijo - te amo -.




Fotografía de Kristen T. Cates


Te abrí la puerta hacia el silencio y siempre fui delante de ti, como un lazarillo pendiente del peligro,
temiendo que algo malo te pasara,
anteponiéndome,
arriesgándome.

Pero no pude protegerte;
te arrebataron de mí como los ventarrones se llevan las raíces...
Y no pude hacer nada, no hice nada para que te quedaras; porque fue ahí cuando entendí que así no se juega al amor.

Me han dolido las noches con sus días,
no he podido aceptar que siempre te vas dando portazos en la cara de los que te hemos querido.
Y aunque quizá seas lo que más he deseado, también admito que fuiste lo más rápido de olvidar.
Las huellas de aquellas risas aún están esperando para atacarme cuando el invierno llegue,
cuando deba salir sola a esa mesita de jardín a recordar los cigarros y los vasos de ron que ya no existen.
Y sé que la vida te regresará a mí cuando ya no te quiera,
cuando ya tu recuerdo se haya disuelto entre el subir y el bajar de la gente del metro en una ciudad muy lejana.
Y es que así me ha sucedido siempre,
la vida tiende a devolverme lo que ya no me sirve, lo que dejé en el pasado;
quizá como una jugada mal planeada en una partida de ajedrez o como la bala que alcanza a mover el viento cuando es disparada hacía el corazón de un siervo... y éste alcanza a esquivarlo, a huir... a decir hoy no voy a morir.

No sé si a mí me pase algún día, pero estaré preparada;
tendré el corazón llenito de mí para que nada de ti alcance hueco.
Y así te pienso hoy, cuando llegan a mis pies las hojas amarillas de los árboles...
Y así te siento hoy, como esas terribles ganas de un café cuando cae la lluvia…
Te fuiste sin ni siquiera haber llegado,
me rompiste,
me diste tiempo para reconstruirme, pero fue para volver a romperme;
y entonces de verdad te fuiste…
Cuando tus sonrisas me gritaban a la cara que te había perdido, que ya no tenía nada de aquel que nunca tuve, me senté y lloré como se llora a la muerte,
sin lágrimas,
en completo silencio,
a media carcajada con los amigos de frente.
Te grite a llanto abierto como lo hacen los desesperados de sentir vida en algún desierto…
sin que nadie me escuchara; te lloré en mis sueños, aquellos que al despertar no recordaba,
te lloré en el mercado,
en un semáforo en rojo,
en la caída de las noches y en los amaneceres que nunca vimos juntos.
Pero es que ¿sabes?, nunca pensé ver el rostro de alguien más en tus ojos, nunca previne ese doloroso momento.
No quise decirte adiós antes porque no sabía cómo,
enmudecí siempre ante las migajas de momentáneas sonrisas que me regalabas;
siempre esperanzada a que un día un suspiro direccionado a mí saliera...
Imaginaba cuentos para sobrevivir ante tantos inviernos en medio de las primaveras;
cuentos en donde tú y yo no necesitábamos nada más que recostarnos a mirar las estrellas, contarlas, ponerles nombres... hacerlas nuestras...
Ahora no tengo más que dejarte partir sin culpas, no me quedo con ninguna, me quedo con la vida… esa que ahora tengo que vivir sin ti.


Fotografía de Kristen T. Cates

Me pesas en los omoplatos
ya tan viejos y cansados.
Fuimos fuego y hierba,
mar y luna.
El tiempo me obliga
a respirar arena,
a construir veleros,
a ser un náufrago.
Aun hoy,
con tantos soles intermedios
en silencio
sigo preguntándome
qué hicimos tan mal.



Fotografía de Kristen T. Cates

Estabas donde se cuelga el mar,
firme el ave de tu rostro,
eternamente en mis aguas.




Cristina Cavazos
-Emma Cristina Cavazos Regalado-
(Matamoros, Tamaulipas, México)
POETA/ESCRITORA/TALLERISTA
LICENCIADA EN ESTUDIOS HUMANÍSTICOS Y SOCIALES/
para leer + en LA ROMPEDORA


17 de agosto de 2020

Rosalía Montenegro, 4 poemas 4


Fotografía de Kristen T. Cates


A veces soy barro después de la lluvia
a veces arena
caliente como de playa
que quema los pies
a veces soy agua que cae de las goteras
Pero en tus brazos
siempre
soy un instante


Fotografía de Kristen T. Cates


Quiero ser la semilla
que se tira en el fondo del patio
y crece con la lluvia
quiero ser un frasco de mermelada
abandonado en el cordón de la vereda
con tierra húmeda
Ser las hojas que mueren debajo de los
zapatos
camisa arremangada
el botón que falta
Un rato estoy rota
más tarde me junto
me arreglo la mejilla
me beso
me hago el amor
Soy como las nubes que se mueven
y van siendo
lo que imaginamos


Fotografía de Kristen T. Cates

Llueve
me preocupa la forma en que cae el agua
sobre las hojas
en el asfalto
lavadas del sol de la mañana
sin ser juntadas
para ir en una bolsa
el agua las dejó mudas
por ahí
donde ya estaban
está lloviendo ahora
te amaría igual
rota
vacía de árbol


Fotografía de Kristen T. Cates

Crecí cuando dejé de llorar
delante del poema
recuerdo
mientras guardo camiones

revuelvo la sopa
bajo la persiana
siento el nocturno

Recuerdo esos versos míos
que fueron más tuyos
fue la última vez
que fui sensible
con un poema de madrugada

abro un cajón
guardo las cucharas
lagrimeo al recordar el otoño
debe ser la cebolla

abro otro cajón
guardo las ropas
lagrimeo con la fragancia limpia
El llanto viene cuando se le da la gana

crecí
y ahora el poema me habla




Rosalía Montenegro
(San Roque, Corrientes, Argentina, 1987)
Reside en Corrientes
POETA/PROFESORA DE LENGUA Y LITERATURA/
DIPLOMADA EN PEDAGOGÍA Y EDUCACIÓN SOCIAL
de Sobre un carrusel de barro, Moglia Ediciones, Corrientes, 2020
Dirección de la Colección de Poesía Como el agua, Evelín Bochle
para leer una reseña por Tony Zalazar en NEACONATUS
su BLOG

15 de noviembre de 2019

Sara Torres, La enterradora


Fotografía de Kristen T. Cates

LA ENTERRADORA

Language sustains the body not by bringing it
into being or feeding it in a literal way; rather, it is by
being interpellated within the terms of language that a
certain social existence of the body becomes possible. 
Judith Butler

I

La enterradora toca piedra con el canto de su pala
Toca hueso con el canto
En brazos la enterradora me carga durante quilómetros
Atraviesa desierto púrpura con mi cuerpo
Luego clava las rodillas en el suelo
y me coloca frente al borde de la fosa
Duerme aquí frente al borde para siempre
Mi bella mi lúcida hiladora de mentiras
Yo la enterrada viva
abro unos ojos secos por el polvo
Veo sombra
Veo la enterradora
Su duda
Su llanto austero mojando
el espacio de mi nicho


II

Yo soy la no‒nombrada la enterrada viva
canto con pasión a quien trata de acallarme
Yo reclamo la memoria de mi nombre
La enterradora dice: apodé con tu nombre la enfermedad
Si me respetas vuelve al lugar donde un día te dejé
No me visites 
Fingiendo tu inexistencia me mantengo
a salvo
No te apelo 
Tu cuerpo se borra en mi silencio
Te agitas en la histeria del fantasma 
No te señalo
Nadie te ve


Conjuros y CantosKriller71 Ediciones, 2016



Sara Torres 
(Gijón, España, 1991)
de Conjuros y CantosKriller71 Ediciones, 2016
para leer una entrevista en REVISTA VÍSPERAS
leído en LA QUE ARDE
para leer + en LA TRIBU
y MÁS

14 de agosto de 2019

Natalia Castro, 5 poemas 5 (+1)



EN DEUDA

No soy feminista -dijo-
creo en la  i g u a l d a d.  
Eso es feminismo -comenté.
Y ella:
¿y por qué todo se debe nombrar?
Contemplé sus libros
- Diderot, Pessoa, Freud,
Cortázar, Jacques Lacan-
y callé:
¿de qué vale leer
a quién no sabe pensar?

Ella dijo: no soy feminista.
Aunque esas mujeres
- putas,
            violentas,
feministas,
                  locas-
libertaron su voz
para que pueda hablar.  



Fotografía de Kristen T. Cates

PORCENTAJES

La encontraron
en un descampado/
con el sexo al sol/
y la pena entre los dientes/

En los diarios/ nada:
otra hembra más
vuelta estadística/



Fotografía de B. Berenika

ALGO EN COMÚN.

Soy
        -somos todos-
                                  un reloj
                                                que se deshace.




Obra de Lisa Adams

PRUEBA DE REALIDAD

Todo lo que está vivo
                     -no gime-
         arde.




Fotografía de Dorothy Shoes
TERAPÉUTICA

en el fondo el olvido es un gran simulacro
nadie sabe ni puede/ aunque quiera/ olvidar
un gran simulacro repleto de fantasmas
Mario Benedetti         

Si la memoria es olvido/
el olvido/ silencio/
No/el olvido no silencia/
memoria/Y qué/
si cuando olvido memorio
pero al soñar se olvida
la mustia elipse del día/
olvido al relatar/
porqué muero.



B O N U S  T R A C K






Natalia Castro
(Mar del Plata, Bs. As., Argentina, 1996)
POETA/ESTUDIANTE DE PSICOLOGÍA


16 de julio de 2019

Silvia García, 2 poemas 2 (de Calendario)


Fotografía de Kristen T. Cates

MINUTO

Esta es la vida,
estos son los hechos:
los álamos se han puesto amarillos,
Saturno
tiene dieciocho lunas.
Siempre hay alguien que no entiende nada.
Siempre hay alguien crucificado
por el horror del mundo.
La gente nace, constelaciones
de gente, como pájaros
y almendros,
como palabras, leve arena.
Todas estas estrellas han partido.
...Qué soledad, dios mío,
qué soledad.



Fotografía de Kristen T. Cates

HAMBRE

De la nieve no quiero más que el corazón
y no comeré su túnica de hojas secas
ni sus celestes cabellos,
y no morderé su leve pañuelo
que se posa en la cima del día
demasiado cerca de los planetas.
Nada de esto me interesa,
declaro ante los duros álamos
y los erizos mudos de estupor en mitad del viento:
nada de esto –anillos, brasas de la nieve-
es pan para hartarse,
es harina viva entre los dientes.
Yo vi una vez el corazón de la nieve:
casi estalló entre los castaños
pero la sangre adentro no era blanca,
como animal en fuga blanquísimo entre los castaños
y su sangre no era blanca
sino roja y más roja y más roja
que todas las amapolas terrestres.
No quiero nada sino esto:
ahogarme en la sangre más roja,
devorar el corazón más blanco.







Silvia García
(Pcia. Roque Sáenz Peña, Chaco, Argentina, 1970)
POETA/ESCRITORA/TRADUCTORA
de Calendario, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 2005
en FACEBOOK
en FLICKR







28 de octubre de 2018

Denise León, Cómo se hacen las cosas (+1)


Fotografía de Kristen T. Cates
CÓMO SE HACEN LAS COSAS

1

Las mujeres deben cubrirse el pelo cuando los hombres piadosos rezan.

Los hombres piadosos se tapan los ojos
o se cubren la cabeza con el talit cuando rezan.
Se sabe: hay gestos que se conservan y se repiten.
A los hombres piadosos los distrae el pelo de las mujeres.

de El trayecto de la herida, Alción Editora, 2011



Fotografía de Kristen T. Cates
2

Así se hace un ojal;
así se pega un botón;
así se hace coincidir botón con el ojal que acabas de hacer;
no se dejan cosas sucias en la pileta de la cocina (ni siquiera un rato);
así se barre un rincón y así, toda una casa;
así se sonríe a alguien que no te gusta mucho;
así se sonríe a alguien que no te gusta nada;
así se toca la fruta para saber que no está podrida o rancia.
Los verduleros son todos tramposos.

de El trayecto de la herida, Alción Editora, 2011


Fotografía de Kristen T. Cates
3

Necesito dormir pero el sol me despierta.
Me hice grande pero mi madre es más grande
y será siempre así.

de El trayecto de la herida, Alción Editora, 2011




Fotografía de Kristen T. Cates
4

Tu rostro oscuro y verde se asoma como un hacha
como un barranco
como un precipicio.

Ruega por mí.

No quiero que me toquen las mujeres que usan mi nombre en diminutivo
ni el ojo de los médicos
ni el poder de la ciencia.
Los timbres de mi voz están húmedos
y mis ojos se abren de una manera que no les conocía.
No quiero ser tocada por los sueños.

de El trayecto de la herida, Alción Editora, 2011




Fotografía de Kristen T. Cates
5

Abren la canilla para limpiarme el mal.
Todas las lágrimas de mi vida
vuelven a mis ojos.
Tengo que ser fiel a algo
pero no necesariamente a los hechos.
A la siesta, el aire era espeso y dulce
y entre las sillas caídas,
el río crecido
y los juncos
comienzan a reventarse los vasos de sangre más pequeños de mi nariz.

de El trayecto de la herida, Alción Editora, 2011




Fotografía de Kristen T. Cates
6

La vi encender las velas y cubrirse los ojos.
Vi sus manos inclinarse levemente
encantando el humo.
Vi arder las velas durante algún tiempo.
Una de las velas titiló hasta agotar su espesor
y mis ojos buscaron los restos de luz.
Vi tantas cosas y ahora no las recuerdo.

de El trayecto de la herida, Alción Editora, 2011



Fotografía de Kristen T. Cates
7

Fue enseñado que antes de la festividad se sacrifica ritualmente
un animal salvaje o un ave.
Las escuelas de sabios discuten aún
cómo se debe cubrir su sangre.
Todavía recuerdo la gente alrededor,
las paredes blancas de la casa
y la mirada del gallo ahogándose
lentamente
en el esfuerzo de una desesperación sin objeto.
Conozco bien su mirada de asfixia
conozco bien su mirada de sangre
conozco bien su mirada de gallo.

de El trayecto de la herida, Alción Editora, 2011


Fotografía de Kristen T. Cates
8

Voy de la mano de mi madre a tomar el tranvía.
Nos subimos y me quedo así,
quieta,
como un cuerpo tendido sobre un colchón,
latiendo
El tranvía hace mucho ruido y se mueve hacia los costados.
Pero este tranvía no se mueve.

de El trayecto de la herida, Alción Editora, 2011




Fotografía de Kristen T. Cates
9

Como un animal perseguido
que se percibe otro
en su sombra
y salta el cerco
-no por saltar
sino para estar del otro lado-
así salto las palabras
sólo para apurarlas
sólo para estar del otro lado.

de El trayecto de la herida, Alción Editora, 2011



B O N U S  T R A C K 

Fotografía de Kristen T. Cates
Los chicos no saben.
Y no tienen por qué saber.
Esto han hecho conmigo.
Quiero gritar:
esto han hecho
con mi cuerpo.
Esto han hecho
con mis venas
que bajan flotando
-sosegadamente-
como un pájaro,
como una red
de pesca
lanzada
al mediodía.

Y la sombras
crecen
-de prisa-
en el agua:
podemos rasgarlas
pero no desaparecen.

Esto han hecho conmigo.
Quiero gritar
pero los chicos
no saben.

de Sala de espera, Editorial elCRUCEcartonero, 2013






Denise León
(Yerba Buena, Tucumán, Argentina, 1974)
POETA/DOCTORA EN LETRAS/DOCENTE/
INVESTIGADORA DEL CONICET
Selección y prólogo de Ezequiel Zaidenwerg
para leer una entrevista en: POESÍA ARGENTINA
para leer + en EL POETA OCASIONAL


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...