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4 de abril de 2016

Lara Moreno, El plato que antes nos comíamos caliente ahora nos lo sirven frío


Obra de Alyssa Monks

EL PLATO QUE ANTES NOS COMÍAMOS CALIENTE AHORA 
NOS LO SIRVEN FRÍO

No hemos cambiado tanto y sin embargo somos enteramente otras personas
bajo las marcas de la cara bajo la delgadez bajo el mentón envejecido
ahí estamos, robustos, recios y diamantes
el puño de ilusión que nos abrasó el estómago esa vida cuando recién empezaba
la gloria de sufrir a los veinte años
la mala memoria de sentir.

No hemos cambiado tanto y sin embargo el cerco se hace estrecho hasta la asfixia
y aquello que pensábamos vivir
aquello que no existe
nos roza como el frío
la desazón de una noche sin nada entre las manos.

No hemos cambiado tanto y sin embargo el cine de los noventa
los pantalones vaqueros sin bolsillos las broncas con tu padre
o los veranos eternos redentores del hastío.

Algunas cosas quedan
seguimos siendo jóvenes para según qué nostalgias
seguimos siendo finos devoradores de tácticas amargas
y todos los amigos que nos aman siguen dando sentido y estocada.

No hemos cambiado tanto pero, mira, yo no me reconozco en el recuerdo.
Y cuando a veces lloro en el sofá un viernes por la noche
nunca es por otro cuerpo u otra lucha
cama destino fiebre y desvarío
lloro solo por mí
porque hemos cambiado tanto y sin embargo
sigo siendo la misma.





Lara Moreno Martín 
(Sevilla, España, 1978)
su blog GUARDA TU AMOR HUMANO
en WIKIPEDIA
extraído de POEMAD
para leer MÁS

27 de octubre de 2013

Lara Moreno, 2 poemas 2


Fotografía de Angela W.

Acaricio su mano y el tacto de las venas en el dorso de la muñeca me estremece. Algo de mis propias venas se remueve hacia el centro, al sentir que estas otras están dispuestas para mí sobre la colcha, como minúsculos ríos de agua que hierve, desnudos ante el acecho de mis dientes.
Sigue en mí el tacto, el pensamiento.
Porque la calma de esta habitación viene a parar al sueño, a la tarde inmóvil de invierno, con el sol caído y unos perros rebeldes desgañitándose al fondo de la plaza.




Fotografía de Vincent Coffre
V

Perder el tiempo no es mirar embobado
el cielo azul de las diez de la mañana.
No es hacerse el remolón en la cama,
decidirse por una leche con miel.

Perder el tiempo no es no tenerlo claro,
o cambiar el taxi por el autobús.
Subir la cuesta del parque del Oeste.

Perder el tiempo no es no saber adónde ir
ni adónde mirar.
Dejar el trabajo para más tarde.
Cancelar las citas del día.
Todas (hasta las verdaderamente importantes).
Dejar que pasen las horas de la mañana
fumando hachís entre medias y frío.

Perder el tiempo no es acercarse a un cuerpo extraño
con todas las dudas colgándote del pelo,
arriesgándote a no sentir,
a no percibir.
Tomar la parte por el todo,
y no querer huir, que ya es tanto.
Recolectar colillas a las tres de la mañana,
oler los gatos en las escaleras.
Una rendición falsa, un aplazamiento.

En la cabeza otro nombre
a punto de salirse por la boca;
mirar de reojo, por si acaso estuviera.
Y sin embargo sentir,
sentir la calma.
A ratos mucha calma.
Las manos ásperas,
los labios blandos.

Hay algo en esta vida que me gusta.

Perder el tiempo no es pararse a mirar a través de los cristales.
Perder el tiempo es otra cosa.
Es estar muerto, en orden.




Lara Moreno Martín 
(Sevilla, España, 1978)
ha publicado los libros de relatos Casi todas las tijeras (Quórum, 2004) 
y Cuatro veces fuego (Tropo, 2008) y los poemarios La herida costumbre 
(Puerta del Mar, 2008) y Después de la apnea (Ediciones del 4 de Agosto, 2013)
Recientemente publicó la novela Por si se va la luz,  Lumen, Barcelona, 2013
para leer poemas inéditos en PERIÓDICO DE POESÍA
y MÁS
(*) extraídos de su BLOG




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