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7 de septiembre de 2020

Jorge Luis Borges, Fragmentos de un evangelio apócrifo



Foto © Fundación Internacional Jorge Luis Borges


FRAGMENTOS DE UN EVANGELIO APÓCRIFO

3. Desdichado el pobre en espíritu, porque bajo la tierra será lo que ahora es en la tierra.

4. Desdichado el que llora, porque ya tiene el hábito miserable del llanto.

5. Dichosos los que saben que el sufrimiento no es una corona de gloria.

6. No basta ser el último para ser alguna vez el primero.

7. Feliz el que no insiste en tener razón, porque nadie la tiene o todos la tienen.

8. Feliz el que perdona, a los otros y el que se perdona a sí mismo.

9. Bienaventurados los mansos, porque no condescienden a la discordia.

10. Bienaventurados los que no tienen hambre de justicia, porque saben que nuestra suerte,adversa o piadosa, es obra del azar, que es inescrutable.

11. Bienaventurados los misericordiosos, porque su dicha está en el ejercicio de la misericordia y no en la esperanza de un premio.

12. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ven a Dios.

13. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque les importa más la justicia que su destino humano.

14. Nadie es la sal de la tierra; nadie, en algún momento de su vida, no lo es.

15. Que la luz de una lámpara se encienda, aunque ningún hombre la vea. Dios la verá.

16. No hay mandamiento que no pueda ser infringido, y también los que digo y los que los
profetas dijeron.

17. El que matare por la causa de la justicia, o por la causa que él cree justa, no tiene culpa.

18. Los actos de los hombres no merecen ni el fuego ni los cielos.

19. No odies a tu enemigo, porque si lo haces, eres de algún modo su esclavo. Tu odio nunca será mejor que tu paz.

20. Si te ofendiere tu mano derecha, perdónala; eres tu cuerpo y eres tu alma y es arduo, o
imposible, fijar la frontera que los divide. . .

24. No exageres el culto de la verdad; no hay hombre que al cabo de un día, no haya mentido con razón muchas veces.

25. No jures, porque todo juramento es un énfasis.

26. Resiste al mal, pero sin asombro y sin ira. A quien te hiriere en la mejilla derecha, puedes volverle la otra, siempre que no te mueva el temor.

27. Yo no hablo de venganzas ni de perdones; el olvido es la única venganza y el único perdón.

28. Hacer el bien a tu enemigo puede ser obra de justicia y no es arduo; amarlo, tarea de ángeles y no de hombres.

29. Hacer el bien a tu enemigo es el mejor modo de complacer tu vanidad.

30. No acumules oro en la tierra, porque el oro es padre del ocio, y éste, de la tristeza y del tedio.

31. Piensa que los otros son justos o lo serán, y si no es así, no es tuyo el error.

32. Dios es más generoso que los hombres y los medirá con otra medida.

33. Da lo santo a los perros, echa tus perlas a los puercos; lo que importa es dar.

34. Busca por el agrado de buscar, no por el de encontrar...

39. La puerta es la que elige, no el hombre.

40. No juzgues al árbol por sus frutos ni al hombre por sus obras; pueden ser peores o mejores.

41. Nada se edifica sobre la piedra, todo sobre la arena, pero nuestro deber es edificar como si fuera piedra la arena.. .

47. Feliz el pobre sin amargura o el rico sin soberbia.

48. Felices los valientes, los que aceptan con ánimo parejo la derrota o las palmas.

49. Felices los que guardan en la memoria palabras de Virgilio o de Cristo, porque éstas darán luz a sus días.

50. Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor.

51. Felices los felices.

(pág. 133)



Jorge Luis Borges
-Jorge Francisco Isidoro Luis Borges-
(Buenos Aires, Argentina, 1899 - Ginebra, Suiza, 1986)
de Elogio de la sombra, Bs.As., EMECÉ, 1969
Guardas e ilustración de portada de Héctor Basaldúa




4 de julio de 2015

Aïcha Bassry, Inmunidad del dolor


Fotografía de Mirjam Appelhof

INMUNIDAD DEL DOLOR

“El olvido es la única venganza y el único perdón”
Jorge Luis Borges (Elogio de la sombra)

No tengas miedo,
son días
o tal vez meses,
y me curaré de las picaduras de abeja.
Me enseñó la vida
que nada poseo,
y por despecho de esta vida
me enseñé a mi misma que nada me posee.
Me bauticé hija del viento
a donde va, voy.

De las pérdidas en mi boca
el gusto salubre de las algas migratorias.
Si algún día gano dudo de mi misma.

Los desengaños tienen el olor a vainilla en la memoria
-olor a primer amor-
y si venzo algún día
dudo de la vida.

No tengas miedo
son días,
o tal vez meses
y me curaré de las picaduras de abeja.
Tal vez lloraré un poco en las largas noches,
quizás me dolerá el néctar calcinado en mis pechos,
quizás sentiré el dolor de la ausencia,
y en mis labios, la deliciosa miel añorará sus labios.
Pero inevitablemente olvidaré,
y hollaré cada lágrima
anhelante, arrepentida
que caiga a mis pies.
Olvidaré todo aquel dolor:
la fecha del primer encuentro,
el puerto de la despedida,
el primer estremecimiento
el sabor del beso.
Y perdonaré al cielo sus falsas promesas,
como comprenderé el deseo de los gorriones a cambiar de nidos.

Olvidaré
inevitablemente olvidaré
incluso el nombre del hombre,
y no recordaré más que este poema.

Y en un otro cruce
me encontraré a mi misma,
la saludaré,
luego la felicitaré por el seguro regreso.
Le leeré la crónica de este amor,
Y la preguntaré:
¿Cuál de los dos fue más precisa y más creativa
para describir el dolor,
la prosa o la poesía?




Aïcha Bassry 
(Settat, Marruecos, 1960)
Leído en REVISTA PENÉLOPE
Traducción de Tayeb El Kharraz Iben-Roho/
Akram Jawad Thanoon/Encarnación Sánchez Arenas
para leer MÁS

2 de febrero de 2014

Betina Edelberg, Participación


Obra de Tara Minshull's
PARTICIPACIÓN

Somos esta tierra
aquí
y su más lejana geografía
cada hombre y el más inútil de sus gestos
un sonido de pasos lejanos
su oscuro cesar
el dolor o la alegría
cada vergüenza
y aspiración de muerte
es nuestra.



Betina Edelberg 
(Buenos Aires, Argentina, 1921-2010)
POETA/ESCRITORA/PROFESORA DE LITERATURA FRANCESA/
BAILARINA/COREÓGRAFA
de Mutaciones, Francisco A. Colombo, Buenos Aires, 1964
Dibujos de Juan Carlos Benítez
en Textos recobrados (1956-1986), de Jorge Luis Borges
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3 de abril de 2011

Carla Slek, 2 poemas 2


(*)

ÚLTIMO RECURSO

tres veces a la semana subo a una máquina
y pongo a correr el cuerpo siete kilómetros

en parte consigo mi propósito
lo canso
como a esos caballos
a los que sacan a galopar
a la carrera para que amansen

no llego a ninguna parte
me concentro
en responder a la velocidad de la cinta
que exige a los músculos el mayor esfuerzo
frente a mí
un enorme ojo de buey
deja ver
cuando encienden las luces
una pista de patinaje sobre hielo
dispuesta a un costado de la planta baja

podría ser una lago congelado
como el de la película en que jim carrey le da vida
a un pobre tipo que acepta
un feroz tratamiento
con tal de barrer de su mente los recuerdos

puedo imaginarlo

decidir cambiar la estrategia
abandonar la ejercitación aeróbica
recostarme en el centro del lago
y en la quietud de un invierno artificial
cerrar los ojos.



Tapa de DICCIONARIO Revista de Letras, Obra de León Ferrari, 
(poema - en braile- (*) Una despedida, poema de J. L. Borges sobre  foto de Man Ray)




(*) UNA DESPEDIDA

Tarde que socavó nuestro adiós.
Tarde acerada y deleitosa y monstruosa como un ángel oscuro.
Tarde cuando vivieron nuestros labios en la desnuda intimidad de los besos.
El tiempo inevitable se desbordaba sobre el abrazo inútil.
Prodigábamos pasión juntamente, no para nosotros sino para la soledad ya inmediata.
Nos rechazó la luz; la noche había llegado con urgencia.
Fuimos hasta la verja en esa gravedad de la sombra que ya el lucero alivia.
Como quien vuelve de un perdido prado yo volví de tu abrazo.
Como quien vuelve de un país de espadas yo volví de tus lágrimas.
Tarde que dura vívida como un sueño
entre las otras tardes.
Después yo fui alcanzando y rebasando
noches y singladuras. 

Una despedida, Jorge Luis Borges
de Luna de enfrente, 1925



Fotografía de B. Berenika


G de GANAS

Salgo a despedirte,
me demoro unos minutos mirando
la calle, los árboles, la quietud de un domingo a la mañana.
Los vecinos duermen.
Antes de entrar me detengo, como si hubiesen anunciado un terremoto,
en el marco de la puerta.
Puedo observar los objetos ocupando la planta baja.
No retienen nada, ni una vibración
de las vocales de tu nombre armándose en mi boca,
la ropa desparramada,
tu cuerpo desnudo, de espaldas,
bajo la luz de la habitación.
La perversidad de desear tan intensamente ese otro lado
y cuánto me provoca tu sexo, cuando te volteás.
Nada, no retienen nada,
ni siquiera mis ganas obscenas
de querer llegarte.
Cómo disponés de mi cuerpo, morosamente, lleno de ternura,
haciendo coincidir todas mis debilidades en tus movimientos.
Nada del centro que ocupamos. De lo que va quedando fuera de foco.
Del sonido de tu voz que, por un instante,
se desplaza más arriba
llevándose todo como una corriente:
una música imposible
que no puedo dejar de escuchar
como la forma de todas las cosas.






Carla Slek 
(La Falda, Córdoba, Argentina, 1971)
de Último RecursoEdiciones Recovecos, Córdoba, 2009
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