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24 de noviembre de 2018

Enriqueta Ochoa, 2 poemas 2 (en Retorno de Electra)


s/d del autor de la fotografía
RETORNO DE ELECTRA

I

Para poder hablar,
así, de frente,
tuve que echarme toda una vida
a llorar sobre tus huesos.
Tuve que descansar lo caminado
desnudando la piel de mi conciencia.
Para poder hablar
tuve que volver a llenarme de aire
los pulmones.
Y cuidar de que no se me encogieran las palabras,
el corazón, los ojos,
porque aún se me deshacen de agua
si te nombro.
Ya me creció la voz, padre, patriarca,
viejo de barba azul y ojos de plomo;
ya te puedo contar lo que ha pasado
desde que tú te fuiste. 
Con tu muerte se quebrantaron todos los
cimientos;
no me atreví a buscar,
porque no habría
un roble con tu sombra y tu medida
que me cubriera de la llaga de sol en mi
verano.
Uní la sangre que me diste a otra sangre;
malherida
borré la sombra del sexo entre los hombres 
y me quedé vacía a la intemperie...
Y no pude decir,
hasta que se hizo carne de mi carne el amor,
lo que era hallar la propia sombra,
entregándose.
Después quise ubicarte en mí, te pesé,
te ultrajé, te lloré, medí tus actos;
di vuelta atrás,
y volví a caminar lo desandado;
por eso puedo hablarte ahora, así,
porque entendí tu medida de gigante. 
(...)

(fragmento, Retorno de Electra, 11I. 1-13)




s/d del autor de la fotografía
ESTHELA EN LA LUZ

(...)
Tal vez de golpe
descubriste que los ídolos, todos,
son espejismos que conducen al mar.
Quizá tarde
viste correr río abajo el jazmín de tu juventud.
Tal vez el tiempo desvelado
te fue cerrando puertas, encaneciendo afectos;
derrumbando las paredes ruinosas de la esperanza;
o tal vez fue esa carrera hipnótica,
ese insistir luchando en un mismo sitio
sin lograr avanzar,
lo que te dio una visión exacta
del puño cerrado, hostil, que es la vida.
 Este sitio de nada, esta nada que es todo,
este lechoso corredor cloroformado.
Mientras una ciudad de polen incandescente,
el aposento del sol,
debió hacerte señas, ofrecerte asilo.
Tú, dolida hasta la asfixia,
emprendiste el vuelo.
(...)

(fragmento, en Retorno de Electra, XIIII. 144-156)





Enriqueta Ochoa
(Torreón, Coahuila, México, 1928-2008)
PERIODISTA/DOCENTE/POETA
en Retorno de Electra, 1978
otra ed. SEP/Diógenes, 1987 (Lecturas Mexicanas, #72, Segunda Serie)
para leer MÁS



26 de agosto de 2015

Enriqueta Ochoa, 3 poemas 3


Fotografía de Marta Bevacqua
MARIANNE

Después de leer tantas cosas eruditas
estoy cansada, hija,
por no tener los pies más fuertes
y más duro el riñón
para andar los caminos que me faltan.
Perdona este reniego pasajero
al no encontrar mi ubicación precisa,
y pasarme el insomnio acodada en la ventana
cuando la lluvia cae,
pensando en la rabia que muerde
la relación del hombre con el hombre;
ahondando el túnel, cada vez más estrecho,
de esta soledad, en sí, un poco la muerte anticipada.
Qué bueno que naciste con la cabeza en su sitio,
que no se te achica la palabra en el miedo,
que me has visto morir en mí misma cada instante
buscando a Dios, al hombre, al milagro.

Tú sabes que nacimos desnudos, en total desamparo 
y no te importa,
ni te sorprende el nudo de sombra que descubres.
Todo se muere a tiempo y se llora a retazos, 
has dicho,
sin embargo, es azul de cristal tu mirada 
y te amanece fresca el agua del corazón; 
quitas fácil el hollín que pone el hombre sobre las
cosas,
y entiendes en tu propio dolor al mundo, 
porque ya sabes
que sobre todos los ojos de la tierra 
algún día, sin remedio, llueve.

-1968-

(de El retorno de Electra, 1978)




Fotografía de Seren Coskun
RETRATO EN SEPIA

Obediente a la voz cósmica, agrio el destino,
yo fui levantada en torbellino de lamentos.
Yo fui la piedra de escándalo:
contra mí se reventaron las lágrimas
de todos mis hermanos. Yo fui
la piedra que tiritó en la puerta
y en los patios de las casas,
sin acceso al hogar que aglutina a los hombres.
La piedra con la que los otros tropezaban
encendidos de vergüenza.
La piedra del destierro,
la que debió perderse en el fondo del légamo;
el labio sumergido en la hiel;
el receptáculo del sacrificio
en donde vaciaron la indiferencia, la cólera, el despecho.
Yo el perro sin dueño, rastreando compañía,
con la cabeza gacha, abatido de soledad.
Cuando me vaya
no querré aullar,
cojeando por los mismos caminos.
Quiero dispararme como flecha
hacia la dimensión que corresponda.

A mitad de la borrasca de este tiempo
debí hacer cantar al pájaro ciego en mi garganta,
sola, sobrecogida por el relámpago y el trueno,
calada hasta los huesos, bajo la tormenta.
Canté y canté, bebiéndome las lágrimas.
Sin ti, Marianne,
se me habrían enlutado, sin amor, los caminos.


(de Bajo el oro pequeño de los trigos, 1984)





Fotografía de Rebecca Miller 
REENCUENTRO

Eres tú
la que atraviesa el silencio y las tinieblas.
Qué cerca estás al fin.
Tu sonrisa se abre sobre mí
como flor de cristal llovido.
Me refresca la paz de tus pupilas
y en los nervios me duele
no haberte amado todo lo que necesitas.
Ambas debieron haber crecido en mí
Como una sola espiga,
alumbrando mis pasos de indecisa gacela.
Siempre temí perderlos
y fue mi corazón entre dos puntos
como un compás abierto goteando hieles.
Pero esta noche tu ternura me salva los temores
y te reencuentro a través de mis manos
que presionan la frente en horas duras.
Y en mis pasos macizos,
y en las miradas húmedas.

Lo ves, lámpara que iluminas mi pecho intrincado:
ya no puedo perderlos
aunque nos medie la distancia
y un secreto dolor nos martirice.
Voy a enfrentarme al mundo tímida y confusa,
intuitiva y humilde.
Porque tal es el patrimonio
de tu sangre en mis venas.

RINCONTRO

Sei tu
quella che attraversa il silenzio e le tenebre.
Che vicina sei alla fine.
Iltuo sorriso si apre su dime
come un fiore di cristallo piovuto.
Mi rinfresca la pace delle tue pupille
e nei nervi mi fa male
non averti amato con tutto ciò di cui hai bisogno.
Entrambe siete cresciute in me
Come una spiga sola,
illuminando i miei passi d’indecisa gazzella.
Sempre ho avuto paura di perdervi
ed è rimasto il mio cuore tra due punti
come un compasso aperto gocciolando fiele
Ma questa notte la tua tenerezza mi salva dai timori
e ti rincontro attraverso le mie mani
che stringono la fronte nelle ore dure.
E nei miei passi solidi,
e negli sguardi umidi.
Lo vedi, lampada che illumini il mio intricato petto:
oramai non posso perderli
anche se ci misura la distanza
e un segreto dolore ci martirizza.
Vado ad affrontare il mondo timida e confusa,
intuitiva e umile.
Perché tale è il patrimonio
del tuo sangue nelle mie vene.

(Traducción del CCTM)


B O N U S  T R A C K 

Arte de Merve Özaslan

ENTRE LA SOLEDAD RUIDOSA DE LAS GENTES

para Wenceslao Rodríguez

Busco un hombre y no sé si sea para amarlo 
o para castrarlo con mi angustia. 
Tengo hambre de ser 
y me siento frente a la ventana 
a masticar estrellas
para que este dolor de estómago sea cierto. 
La verdad es que duele en los nervios 
todo el cuerpo, esta noche, hasta los tuétanos.
En la casa contigua 
grita una mujer las glorias de la Biblia 
y no conoce a Dios.
Su voz huele a vinagre, a aceite de ricino, 
y Dios no huele a eso. 
Entre mil olores reconocería el suyo. 
Algo que no digiero me ha hecho daño esta tarde.
He visto a otros más humildes que yo. 
No quiero reconocerme en ellos. 
De tanto huir se me han caído las palabras 
hasta el fondo del miedo: 
no salen, rebotan dentro como canicas, suenan sordas.
Sin querer, me doy cuenta que me he quedado en la ruina.
Me falta lo mejor antes de irme: el Amor. 
Y es tarde para alcanzarlo, 
y me resulta falso decir: 
–Señor, apóyame en tu corazón 
que tengo ganas de morir madura.
Nadie madura sin el fruto. 
El fruto es lo vivido y no lo tengo: 
lo busco ya tarde,
entre la soledad ruidosa de las gentes 
o en el amor que intento, y doy, y espero, 
y que no llega.

en Material de lectura. Poesía moderna. 182
Selección y notas introductorias de Esther Hernández Palacios
UNAM, México, 1968


Foto María Luisa Severiano
Enriqueta Ochoa 
(Torreón, Coahuila, México, 1928-2008)
PERIODISTA/DOCENTE/POETA
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