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24 de junio de 2019

Angélica Liddell, 2 poemas 2 (+1)


Satu Haavisto & Aino Kannisto, Woman on Hospital Bed, 2014

SOY EL LUGAR DEL FRACASO

para encender la luz he de golpearla 
tengo ganas de morirme pero estoy tan alegre 
¿qué otra cosa puedo desear? 
los viejos mueren en hospitales horribles 
y yo me acuesto en 
una casa oscura pero tranquila 
rodeada de gente tranquila 
como yo
los viejos duermen atados a las camas
y yo me levanto a orinar cuando quiero 
muchos se suicidan 
es entretenido el programa de televisión 
esos viejos cagones 
todavía me perfumo 
– huelen bien mis sábanas encenagadas

(de Los Deseos en AmherstEdiciones Trashumantes, Valencia, 2007) 



Woman by Open Window, Satu Haavisto & Aino Kannisto
EL DE LA PIEL

rechaza la pasión desordenada de la hembra
los deseos insatisfechos
causantes de la desgracia
y del canto de los machos cabríos
– arrojo piedras contra las piedras
se me han acabado los perros
amor que no es amor
le acerco el pecho a una enfermedad leprosa
nada me llora convenientemente
utilizo la mandíbula del olvido
un buen rato
para columpiar
la lujuria descansa entre las heces
como un lactante

(de Los Deseos en AmherstEdiciones Trashumantes, Valencia, 2007)



Hair Wind Spring Gif Shared By Mirasida On Gifer

Vengo de quemar a mis padres, con tres meses de diferencia entre un cuerpo y otro cuerpo. Ya nunca más podré volver de otro sitio. No quiero recordarlos vivos. Quiero que me acompañen sus cuerpos sin vida, sus rostros marmorizados como máscaras del Sinsentido y de la Sinrazón, su descanso al fin, ese misterio glaciar, y el dolor inmenso que sentí al tocar la carne ya fría. Quiero guardar la imagen de sus cadáveres como un medallón de oro en mi memoria para que me haga llorar siempre, y así tener siempre dentro de mí la imagen que falta, lo irrepresentable de la imagen que siempre nos faltará.
Cada día me esfuerzo por olvidar sus vidas, que son la mía, no quiero tener otro recuerdo que sus muertes, sus muertes, que me devolvieron el gigante del perdón y la piedad. A mi derecha mi padre muerto, a mi izquierda mi madre muerta. El amor en lo alto, esférico y dorado. Te amo, padre. Madre, te amo.

A mi madre le entrego como última ceremonia la obra que a ella le hubiera gustado ver, un viaje mítico a la tierra de sus ancestros. Para mi padre la mejor ofrenda reside en lo ininteligible, es decir, aquello que nos hace santos.

(de ATRA BILIS, Una costilla sobre la mesa: Padre -presentación de Sacher-Masoch. Lo frío y lo cruel- o el problema de la semejanza 1, 2 y 3 de mayo/2020, Sala Roja//
Una costilla sobre la mesa: Madre 19, 20 y 21 de mayo/2020, Sala Verde - Teatros del Canal, Madrid, España)




ph José Ramón Vega
Angélica Liddell
-Angélica Catalina González-
(Figueras, Gerona, Cataluña, España, 1966)
POETA/NARRADORA/ACTRIZ/DIRECTORA/DRAMATURGA
para leer la nota de Eloísa Otero en TAMTAMPRESS
para leer MÁS



27 de abril de 2017

Lina Zerón, 4 poemas 4 (+1)


Fotografía de Ariel Robledo

DECLARACIÓN ABSURDA

"Por el poder que me confiere el estado, en mi calidad de juez primero
de lo civil, los declaro marido y mujer". Cuando escucho esto, siempre me
quedo pensando: "Y antes que un juez nos declare mujeres,
¿Qué hemos sido todo el tiempo?"

(de Minicrónicas del listón y otros cuentos, Colección Nuevas Crónicas, 
Editorial Nido de Cuervos, Lima, Perú, 2007)



Angélica Lidell
MÁXIMA GRAVEDAD

Visité los mejores médicos, me realizaron los estudios más avanzados.
Los doctores no daban con el motivo de la enfermedad degenerativa que
me hostigaba, tal vez se deba a que omití un dato. Desde hace un año me
duele tu nombre en todo el cuerpo.

(de Minicrónicas del listón y otros cuentos, Colección Nuevas Crónicas, 
Editorial Nido de Cuervos, Lima, Perú, 2007)



Fotografía de Ali Mitton

SOLUCIÓN ETERNA

Adán, aburrido del tedio y harto del olor que despedía tanta fruta tirada
en el paraíso, se incorporó del árbol y le gritó a Eva:
Qué no puedes limpiar un poco?!

Al día siguiente Eva le dio de comer una manzana.

(de Minicrónicas del listón y otros cuentos, Colección Nuevas Crónicas,
Editorial Nido de Cuervos, Lima, Perú, 2007)



Fotografía de Paul Kwiatkowski

UN GRAN PAÍS

Vivo en un país tan grande que todo queda lejos
          la educación,
          la comida,
          la salud,
          la vivienda.

Tan extenso es mi país
                      que la justicia no alcanza para todos.

(de Moradas mariposas,  Ed. Unión y UNEAC, La Habana, 2002)


B O N U S  T R A C K

MUJERES

No hemos sido patentadas,
ni traemos al nacer un instructivo,
somos más que hormonas y calores
más que pedazos de un hueso supernumerario,
o la confirmación del racismo en el mundo.

Somos más, mucho más que eso:

Ojos…
Enigmáticos ciclones,
transparentes ventanas,
sexto sentido en sus células vagando,
cuerpo que piensa con el alma,
alma que siente con el cuerpo,
ojos que miran por el corazón,
inteligencia desenfrenada.

Femineidad,
heroínas en un mundo de varones.

Mujer, totalidad…
tormento que se consume en sí misma,
río, sombra,
caminos de fuego sobre agua,
emociones,
amores entretejidos en su alma,
tornasol de sensaciones
cubiertos por piel de mujer.

Obreras,
Maestras,
Secretarias,
Amas de casa...

Y al final de cuentas…
Mujeres cada día
no sólo de un 8 de marzo cualquiera.

(de Moradas mariposas,  Ed. Unión y UNEAC, La Habana, 2002)


Lina Zerón 
(México DF, México, 1959)
su blog POEMARIOS COMPLETOS DE LINA ZERÓN
para leer más en CÍRCULO DE POESÍA
MÁS



20 de febrero de 2017

Angélica Liddell, A los hijos que no voy a tener (+1)


Autorretrato de Angélica Liddell

A los hijos que no voy a tener.

No quiero tener hijos. 

No quiero ir más lejos.

Soy una epidemia de resentimiento.

No quiero tener hijos.

Es mi manera de protestar. Mi cuerpo es mi protesta. 
Mi cuerpo renuncia a la fertilidad. 
Mi cuerpo es mi protesta contra la sociedad, contra la injusticia, contra el linchamiento, contra la guerra.
Mi cuerpo es la crítica y el compromiso con el dolor humano.
Quiero que mi cuerpo sea estéril como mi sufrimiento.
Mi cuerpo es mi protesta.
Mi cuerpo es mi pesimismo. Gracias al pesimismo puedo hacerme preguntas. Alguien debe quedar en mitad de los hombres haciéndose preguntas, alguien debe quedar en mitad de la esperanza haciéndose preguntas. Alguien debe quedar como un idiota. Alguien debe quedar como excremento, alguien debe fracasar definitivamente. La ausencia de hijos me ayuda a ser excremento y a fracasar. Los adultos saltan por encima de mi vientre liso agitando a sus hijos como banderas, como si el mal hubiera desaparecido del mundo, los exhiben como si la inteligencia hubiera triunfado por fin sobre el mundo, como si fueran insignias de un futuro mejor. No confío en un futuro mejor. Las familias se comportan con soberbia, pensando que su prole va a ser distinta, que sus hijos nunca van a traicionar como nosotros hemos sido traicionados, que sus hijos nunca van a dañar y a ser dañados, que los reveses de la vida sin duda van a ser menores y que sus hijos jamás van a ser culpables de nada.
Mi cuerpo es mi protesta contra las grandes esperanzas de los padres, contra las grandes pretensiones de los padres.
No quiero pasar por ese estado de necedad transitoria.
No quiero que mi resentimiento se interrumpa.
No quiero dejar de pensar en la injusticia.
No sería justo para los excluidos que dejara de pensar en la injusticia, que dejara de condenar a los privilegiados.
Sin embargo no he conocido a ningún niño que se convirtiera en un buen adulto. Los niños no se convierten en buenos adultos. Yo no soy un buen adulto. La bondad no existe. Soy mala, muy mala.
Tal vez esa es la razón por la que no quiero ser madre.
Tal vez a las mujeres malas nos sucede eso, no queremos ser madres.
Las mujeres malas, sin instinto maternal, pagamos el tributo de morir solas, podridas, sin alegría, frente al televisor, frente al espanto, secas, rodeadas de moscas de diferentes tamaños.
A las mujeres malas solo nos puede suceder la muerte.
Me parece bien.
Fui niña. Pero no me he convertido en una buena adulta.
El papel del hombre en el mundo es absurdo. Vagamos de tara en tara.
Cuando imagino mi propio parto solo puedo ver asomando entre mis piernas la cabeza grotesca de un monstruo, ya fatigado por la inmundicia del universo, por lo inefable, por la mezquindad.
Mi cuerpo es mi protesta.
No quiero aportar nada al mundo, salvo mi profundo horror por el mundo. Después de los desastres del siglo XX no puedo sentir más que horror. Después de semejante exhibición del mal, el hombre ya no puede redimirse. ¿Quién puede volver a amar a los hombres? ¿Quién puede volver a cantar en honor a los hombres? Alguien dijo que después de los horrores del siglo XX no se podía seguir escribiendo. La palabra se había vuelto absurda, insuficiente. Los hijos son como la palabra, insuficientes. Sería bueno para mi mente aceptar la insuficiencia de la palabra y del hombre. Pero hay algún cocodrilo dentro de mí que me impide aceptarlo. Cada vez soporto menos la injusticia, cada vez soporto menos la maldad. El mundo está basado en la injusticia y en el mal.
Sólo se me ocurre protestar.
Mi cuerpo es mi protesta.
Quiero morirme sola, sin dejar nada atrás. Es mi manera de unirme a los que fueron exterminados, a los que sufrieron sin límite.
No quiero esperanza. 
Mi cuerpo es mi protesta.
Mi cuerpo es un ejemplo para suicidas, un ejemplo para asesinos, un ejemplo para todos aquellos que se desprecian a sí mismos.
Mi maldito cuerpo.
Mi decisión anormal.
Llega un momento en que la sociedad se excita, se impacienta y procrea, procrea porque sí, procrea. ¿Qué motivos tienen?
Me pregunto, ¿qué motivos tienen?
Pero mi decisión es anormal.
Perdón por la violencia.
Mi violencia verbal es mi lucha contra la violencia real.
Mi cuerpo es mi protesta.
Mi protesta contra los vestidos premamá.
Mi cuerpo, voluntariamente estéril, es mi inconformismo.
Mi cuerpo es mi falta de adaptación.
Las grandes esperanzas de mis padres destruyeron mis propias esperanzas.
Mi cuerpo es mi protesta contra las grandes esperanzas de mis padres, contra las grandes y estúpidas esperanzas del mundo.
Mi cuerpo es mi protesta.
Mi cuerpo es mi acción.
Mi decisión anormal es mi acción.
En definitiva, mi vida es mi acción.
Sólo quiero ser hija.
Conmigo termina la tiranía de la sangre.
No quiero formar una familia.
Nunca me fiaría de una institución que es fomentada, ensalzada, vitoreada, incluso premiada por el poder. No me fío de todos esos gobernantes que se fotografían con sus familias. 
La foto de familia siempre está sobre la mesa de los presidentes, en marco de plata, el marco es carísimo, la familia se merece el marco más caro, el presidente se merece la familia más hermosa, más sonriente, más feliz y más cara.
La familia es lo más importante. La familia es lo más importante. Sin familia nadie alcanza el poder. El poder y la familia, siempre unidos. Me repugna. 
Las fotos de familia me recuerdan los espeluznantes dibujitos paradisiacos que los predicadores te muestran mientras te escupen oraciones en la oreja.
La familia y el poder.
La familia y la religión.
No puedo fiarme de algo que es impuesto desde el poder. No puedo fiarme de algo que es impuesto desde la religión.
Sólo por ese motivo deberíamos negarnos a tener hijos.
Céline dice: “Cuando a los grandes de la tierra os da por amaros es que van a convertiros en carne de cañón. Por el afecto empiezan. Los encumbrados solo pueden pensar en el pueblo por interés o por sadismo”
Estoy de acuerdo.
También dice : “¡Qué vivan los locos y los cobardes!
También estoy de acuerdo.
No me siento capaz de complacer a los poderosos, a los privilegiados. Si les complazco estoy alimentando la obesidad y el conformismo de una sociedad idiota, adocenada.
Es necesario que alguien no tenga hijos. Es necesario para desestabilizar las conciencias. Es una forma de hacer justicia.
Mi cuerpo es mi protesta.
Es mi forma de hacer justicia.
Mi cuerpo es mi protesta.
No quiero tener hijos.
Quiero ser pobre.
No tener hijos es una manera de ser pobre.
Los pobres son esa gente cuya muerte no le interesa a nadie.
Esa es la muerte que yo deseo.
No quiero tener hijos.
Es una forma de ser un poco más pobre.
A veces pienso que no depende de mí.
Estoy poseída por una rabia inidentificable que me obliga a enfangarme continuamente en el dolor.
¿De dónde procede esa rabia?
¿A quién pertenece la voluntad del enfermo?
Mi cuerpo es mi protesta.
Mi cuerpo es mi protesta contra mi generación.
El fraude de mi generación.
Han creado una sociedad clasista, engreída, ambiciosa y brillante.
Con el sudor de sus frentes, brillante.
Con el sudor de sus frentes, ambiciosa.
Con el sudor de sus frentes, engreída.
Con el sudor de sus frentes, clasista.
Sólo buscan la comodidad.
Imitan a los pequeños ricos.
Ellos dicen lo contrario, son muy progresistas, pero se comportan como cualquier tipo de clase media.
Codiciosos, complacientes, comodones, regalados.
Sí, se reproducen en la comodidad.
Y eso embota sus mentes.
Sus cabezas están rellenas de comodidad.
Ellos piensan que sus conciencias son correctas, pero no lo son. En el fondo su corrección es un tópico que les permite vivir sin sentimiento alguno de culpa.
Mi cuerpo es mi protesta.
Soy una estúpida.
Soy la que está equivocada por querer sentirme perdedora y ridículamente heroica. Me acuso de petulancia. Soy petulante por ir en contra del mundo. Aunque tal vez solo formo parte de su inercia. No me gusta pensar así pero la rabia me obliga.
Una pobre resentida con aspiraciones artísticas. Esa soy yo.
No quiero salvarme.
Soy la peor. La peor.
Protesto con mi cuerpo.
Soy una basura de color rosa.
La inmundicia de mi carne vuelve escrupuloso a todo aquel que se acerca.
Estoy consumida por la verdad.
La guerra me envejece.
Observo mi existencia, como si mi existencia fuera la de una mosca.
Pertenezco a la fauna cadavérica.
¿En qué momento de la descomposición aparezco?
¿Cuántos días lleva muerto el cadáver?
Mi cuerpo es la protesta por los cadáveres inocentes.
No quiero tener hijos.
No quiero más funerales.
¿Quién es el responsable de las ganas de morir de una mujer?
La injusticia mete espadas en la cama de la suicida.
Aunque se me ha parado el corazón la sangre sigue fluyendo por mi cuerpo para seguir protestando.
Mi cuerpo es mi protesta.
Mi cuerpo es mi acción.
Mi cuerpo es mi obra de arte.
Mi decisión es mi obra de arte.
No tener hijos es mi obra de arte.
Mi vida es mi obra de arte.
No haciendo hijos hago arte.
El olor a café mezclado con el olor a pescado me hace vomitar.
Relaciono ese olor con la maternidad.
Y al mismo tiempo lo relaciono con la muerte.
Y pienso: en la familia todo ocurre en lo oscuro.
No soportaría un gramo de hipocresía más.
Porque en la familia amamos pero también estamos obligados a amar. 
Esto último origina relaciones tenebrosas, desquiciadas, que desembocan en camuflajes dolorosos. 
En la familia todo ocurre en la oscuridad.
Mi cuerpo es mi protesta.
Protesto contra la ausencia de pasiones.
Protesto contra la tibieza y la cordura.
Protesto contra el uso del dinero.
Las familias, recién estrenadas, trabajan para pagar neveras más grandes, coches más grandes, vacaciones más caras pero más insulsas.
Las familias trabajan para no perder ni un gramo de prestigio social.
Las familias trabajan para no perder ni un gramo de seguridad.
Protesto contra el prestigio social y protesto contra la seguridad.
Aquí está mi cuerpo protestando, sin hijos.
Las familias trabajan duro para parecerse a los ricos.
Aspiran al bienestar total.
En nombre de sus hijos aspiran al bienestar total, es decir, a lo superfluo. Han perdido el sentido del bienestar.
Mi cuerpo protesta contra el bienestar
Las familias trabajan duro.
Aspiran a la calma total.
Protesto contra la calma.
Mi cuerpo protesta contra la calma.
El bienestar, la seguridad, la calma.
Todo ello les alisa.
Nada de pasiones. Nada de excesos.
Trabajan para pagar el gimnasio.
Para pagar la guardería mientras trabajan
Mientras trabajan para pagar la guardería y su eterno descanso.
Y su eterno sacrificio.
No puedo identificarme con ellos.
No puedo identificarme con un plan de pensiones.
No.
Mi vida es patética y adolescente.
Mi protesta es patética y adolescente.
Soy una mierda.
Pero no quiero ser como ellos.
Me da igual. No hay marcha atrás.
Mi generación avanza hacia la estabilidad, hacia el plan de pensiones, hacia el restaurante caro, hacia el carrito lleno de la compra, avanza hacia un consumo sin límite.
Detrás de sus carteras son una masa blanda y sin forma.
Yo no sé hacia dónde avanzo.
En cualquier caso no tener hijos me da fuerza.
Mi decisión me da fuerza.
Mi generación avanza tanto que no les da tiempo a pensar.
Utilizan cuatro tópicos para pensar y se van a la cama. Tan seguros, tan estables.
Mi cuerpo protesta contra la estabilidad.
Aquí hay demasiados funcionarios.
Protesto contra los funcionarios.
Y los funcionarios protestan porque el sueldo no les llega para pagar un coche más caro, un queso más caro, un restaurante más caro, unos calzoncillos más caros, una mierda más cara. Protestan para cambiar los azulejos de las paredes del cuarto de baño. Por eso protestan, porque necesitan llenar el carro de la compra hasta lo insoportable.
Mi cuerpo es mi protesta contra los funcionarios.
La economía determina las relaciones afectivas.
La economía determina mis acciones.
Mi cuerpo es mi acción.
No me da miedo la pobreza.
Mi economía determina mi protesta.
Imposible la relación con aquellos que jamás han tenido en su vida conciencia de ruina y de pobreza.
Imposible.
La falta de conciencia de ruina y de pobreza me defrauda enormemente. Por eso protesto. Mi cuerpo es mi protesta.
La pobreza es tan indeseable como la medianía.
La rabia me hace delirar.
¿Qué hacer para evitar esta rabia, aquí dentro?
Sólo protesto.
Mi cuerpo es mi protesta.
Mi cuerpo es mi acción
Mi vida es mi acción
No quiero tener hijos.
¿Por qué?
Tal vez por la rabia, esta rabia, aquí dentro.
Siempre está a punto de empezar una guerra.
El mundo es maravilloso.

(de Tríptico de la aflicción/Lesiones incompatibles con la vida, Bilbao, Artezblai, 2012)




B O N U S  T R A C K


Autorretrato de Angélica Liddell

En una sociedad misógina, androcentrista y patriarcal, las mujeres se dividen en tres: vírgenes, paridoras y putas. Mi cuerpo se convierte en una agresión contra la sociedad. Mi cuerpo se convierte en protesta. Es un acto de desobediencia. Castigo mi propio cuerpo para desobedecer. Me autolesiono para revolverme contra las lesiones que causa el rol que nos han impuesto desde el nacimiento. Utilizo la violencia poética para defenderme de la violencia real.

A partir de una experiencia personal me ensucio en el origen cotidiano, rutinario y tabú de la violencia sexual contra la mujer, que a menudo desemboca en violación y muerte. Es un miedo de nacimiento, podríamos decir que es algo así como una marca, un privilegio inverso, como si las niñas naciéramos con una letra escarlata pendiendo del vientre, un estigma que nos introduce en la ruleta rusa de las alimañas bárbaras. Acabar con la tiranía de la vergüenza, empleando la belleza, también es desobedecer.
(de La Desobediencia: Yo no soy bonita, In Ubu. Site de l’Université de Burgos, 2009)






ph Claudio Álvarez
Angélica Liddell
-Angélica Catalina González-
(Figueras, Gerona, Cataluña, España, 1966)
POETA/NARRADORA/ACTRIZ/DIRECTORA/DRAMATURGA
de Béatrice Bottin, «Le théâtre de la douleur d’Angélica Liddell»
Bulletin hispanique 114-2 | 2012
para leer + en FERNANDO NOMBELA
+ en TRANSTIERROS 
para leer artículos en EL PAÍS


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