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4 de septiembre de 2024

Begoña Abad, 2 poemas 2 (de A la izquierda del padre)


Fotograma de The Lodge Riley Keough

DESOBEDECER

Desobedecer con la terca humildad
del que no tiene argumento intelectual que lo
       defienda
pero tiene el sentido primitivo de lo justo.
Desobedecía, así, desde niña
cuando no creía que los padres tuvieran
       siempre razón,
ni que las sotanas fueran palabra de Dios.
Desobedecía cuando me hablaban de la 
       verdad mintiendo,
cuando predicaban pero no daban trigo
y cuando me decían que obedecer era amar
pero yo ya intuía que amar era otra cosa
que agachar la cabeza para esperar el golpe.
Cuando escuchaba mi nombre
nunca dije "servidora".




Fotografía de Adriana Lestido
COCIENDO ARROZ 

En este momento,
en el silencio de mi cocina
mientras vigilo el arroz que cuece
y escucho gotear un grifo imperfecto,
pienso en las mujeres lejanas
que se cuelgan un fusil a la espalda
para adentrarse en la selva.
O en las que se cuelgan el hijo
y caminan horas en busca del agua.
O en las que se desvisten
en un cuarto triste para venderse.
Las desterradas hijas de Eva
del imperfecto mundo que gotea.



A la izquierda del padre, EdicionesLa Baragaña, 2014

A la izquierda del padre, Pregunta Ediciones, 2024
Prólogo de Miriam Reyes


Begoña Abad
(Villanasur del Río Oca, Burgos, España, 1952)
de A la izquierda del padre, EdicionesLa Baragaña, 2014
Reeditado por Pregunta Ediciones, 2024
para leer + en EMMA GUNST

29 de diciembre de 2020

Xela Arias, Pues aquí están...

Ilustración de Andrea Ucini


Pues aquí están los imaginarios sin forma
ni palabra,
aquí los errores convertidos,
los favores inconvenientes aquí.
Y la voluptuosidad, y lo ilimitado,
y la sierra profunda entera y el mar
completo.

Ni lo social ni lo establecido.
Y no hay juez aquí.

Pois aquí están os imaxinarios sen forma
nin palabra,
aquí os erros conversos,
os favores inconvenientes aquí.
E a voluptuosidade, e o ilimitado,
e a serra profunda enteira e o mar
completo.

Nin o social nin o establecido.
E non hai xuíz aquí.




Xela Arias Castaño 
(Lugo, 1962 - Vigo, Pontevedra, España, 2003)
POETA/ESCRITORA/TRADUCTORA/CORRECTORA DE ESTILO/EDITORA/
LICENCIADA EN FILOLOGÍA HISPÁNICA
de Intempériome, Espiral Maior, 2003
en Punto de ebullición. Antología de la poesía contemporánea en gallego,
Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2016
Selección, traducción y prólogo de Miriam Reyes
para leer una reseña en LETRAS LIBRES
para leer + en EMMA GUNST

19 de junio de 2015

Miriam Reyes, 3 poemas 3 (de Haz lo que te digo)


Fotografía de Alex Prager


Adónde mirar
dónde la piel y dónde la palabra
la carne la sangre y el espejo

o la diferencia.

Por la mañana la gente en la calle
parece seguir su propia dirección.




Fotografía de Steve McCurry

Por más que golpee el suelo con mis pies
no brotará agua
pero alivia.





Fotografía de Fanny Latour Lambert


La dureza del todo resulta
de la dureza de las partes.

Parece compacta la tierra
bajo nuestros pies.

Debajo de la tierra: roca.
Dentro de la tierra: roca.

Y aún así raíces insectos.





Miriam Reyes 
(Orense, España, 1974)
de Haz lo que te digo, Bartleby Editores, Madrid, 2015
para leer MÁS

19 de mayo de 2014

Miriam Reyes, Cuando dejas que la vida te coja por los pelos


Fotografía de Mar Botella (Valencia, España)

Cuando dejas que la vida te coja por los pelos
-como aquel perro-
te tire al suelo te pise las manos
adónde puedes ir
a quién puedes decirle
tu nombre sin vergüenza.



Miriam Reyes 
(Orense, España, 1974)
en Espejo negro y otros poemas, Ediciones Liliputienses, 
Colección La biblioteca de Gulliver 32, 2013
para leer MÁS
su WEB

6 de marzo de 2014

Mariel Manrique, Salir de casa, salirse de sí


s/d del autor de la fotografía

SALIR DE CASA, SALIRSE DE SÍ

De la mano de Miriam Reyes, me hago ciruela entre las paredes de mi estómago. Me hago pequeña y roja entre paredes ausentes, concentrada en la desaparición inevitable y progresiva de mi pulso, porque he decidido ser ciruela. Quiero ser lo que puedo comer sin que lastime, sin que se haga notar y aferre y muerda mi tracto digestivo trastornado. Es un tornado lo que arrasa mi cuerpo, huelo el polvo que levanta a su paso, tiemblo ante la furia ciega de su ojo, es un tornado que no puedo ver. 

Sentada en el piso de tierra de una casa que alguna vez fue casa y hoy es niebla o jaula transparente, soy la ciruela fresca, extraordinariamente dulce, que mi boca sedienta se apresta a asilar, agradecida. La mastico como una hostia bendita, borro las iniciales de mi nombre, escondo los registros de mi nacimiento y mis terrores, las brújulas de la ansiedad, los ansiolíticos, mis atados de ropa colorida y deshecha, mis manuales expertos en teorías inútiles, escondo la furia de mi madre bajo una piedra, en un desierto al que algún día llegarán los niños.

De la mano de Miriam Reyes, suscribo la partida de defunción de la que ha sido mansa, ejemplar, resignada a la correa de plástico en su soberbio cuello de pantera. Tan buena para las tareas que prohíjan el brutal desenvolvimiento de la especie, sujeta al aro bobo de sus anillos, empinada a sus tacos pesados como anclas. Hacerme ciruela es evadirme del martirio feroz y maquillado de la carne. No me pinto los labios, ya soy pulpa. No uso ropa interior, soy una fruta, dispuesta a mancharse íntegra si rueda.

De este útero no saldrán soldados. No asomarán, de sus bordes exhaustos, tiernas cabecitas de princesa. El útero, en el centro del tornado, expulsa palabras como flores. Han amputado donde me dolía y el dolor me hace viento de tornado. Siento cómo se astillan mis piernas lentamente, cómo se desintegran mis manos esta noche. Vuela el papel donde escribo y se eleva sin rumbo en espiral, es un bucle y un cuervo y un marco de ventana. Nada se posa en mi hombro, ya no subo persianas para ver el mar. 

Soplo sobre las olas, las golpeo; las desconcierto y las calmo con suspiros, hasta que se deshacen, como este “yo” desalojado y mudo, con sus lenguas extendidas y blandas en la arena. Río de la mano de Miriam Reyes. Mi cabello larguísimo retrocede en la espuma, entrelazado con restos de algas. Mi cintura se angosta como un hilo, hasta ovillarse en el hueco, espiralado y tibio, de un caracol de playa sin turistas. Voy dejándolo todo. Los cables de electricidad, las autopistas, el teléfono, las líneas de montaje, las inmorales fábulas burguesas. Me levanto y me retiro de mí. 

Ha sido lento este apocalipsis. Me ha costado décadas. Pero es ahora cuando empiezo a latir. No hay hora más solitaria ni más libre que esta hora, en la que todos mis juguetes se han soltado y caminan, fuera de mí, a su intemperie, con sus capitas gastadas de viento y sus diminutas ciruelas en la boca. Los dejo partir, ya no quiero este barco. Bebo el vodka de la sedición con Miriam Reyes.

La ira atronará los huesos del amo, bajo la forma de esta caja de música, de este pelaje suave de animal. Que no estés allí cuando suceda. Que seas pulpa en la boca de otra fruta, tifón o brisa en el pecho de otro viento. Liberado del mecanismo de tus órganos, que estés en lo que brilla en su desnuda sencillez.

Así Miriam Tessore enhebró estos poemas de Miriam Reyes. Desde la clandestinidad de la lectora, con el gesto amoroso e invisible de quien sale a sanar, con su hilo y su aguja de hechicera del bosque, los tajos antiguos en la cara del viento, la cicatriz de infancia en la piel prometida de las ciruelas.   

Buenos Aires, febrero de 2013



Mariel Manrique (Buenos Aires, Argentina, 1968)
Prólogo del libro Yo, interior, cuerpo, Antología poética de Miriam Reyes,
Editado por el II Festival Internacional de Poesía de Córdoba (Argentina, 2013)
Compilación de Miriam Tessore
su blog PÁJARO DE CHINA

22 de mayo de 2013

Miriam Reyes, 3 poemas 3 (III)


s/d del autor de la fotografía


Sé que poseo la enfermedad
puedo llegar a señalarla con mi propio dedo
sin terror
sin emociones innecesarias.
Somos tan poco independientes
la una de la otra
que no logro diferenciar su dolor
del dolor de vivir.




Fotografía de Egor Shapovalov

Vuelvo al sueño
para luchar con la usurpadora de aliento.
Destrozo el cuerpo inerme desde allí
y del cuerpo inerme brota sangre.
Raya mis piernas que rastrillo para ganarme la tierra.
Rillo estos dientes con esos dientes
y la mandíbula es un cascanueces.
La fuerza está en esta cabeza y en esa cabeza.
Esto ocurre las noches dormidas.
En la vigilia los sueños son fantasías.
En la vigilia la sangre puede ser una golosina,
el postre que la abuela reservaba para mí.






Fotografía de Egor Shapovalov


Corté los hilos limpié las huellas
detuve todo flujo que pudiera extenderse
del uno hacia el otro.
Barrí tu cuerpo de huesos y carne
fuera de mi cabeza.
Todo lo tibio también todo a la calle.
Y tú sigues repicando
incansable entre los tubos
vacíos de mis arterias.




Miriam Reyes 
(Orense, España, 1974)
del Catálogo de la Exposición: wartime meals de Rosalía Banet
Sala Juana Francés casa de la mujer
Ayuntamiento de Zaragoza, 2005
POEMAS INÉDITOS
para leer MÁS
su WEB

13 de mayo de 2013

Miriam Reyes, 3 poemas 3 (II)


Obra de Gunther von Hagens







La belleza es un mal. Algo que se te clava,
como un gancho de carnicero.
Por su belleza soy un costillar colgado para la venta.
Vean qué roja es mi carne cuando le miro.
Miren cómo me abro de garganta a sexo.
Podría pasar horas goteando contemplando
la forma de su espalda sobre el colchón.




Y tú aquí, qué eres.
Te has colado entre las junturas mal selladas
y has mojado esta máquina hasta dañarla.
Nunca pensé, cuando te vi, con tus nervios tensados,
tu mandíbula, tus brazos fuertes, nunca pensé
que fueras a derramarte.




Su cuerpo se tiende a mi lado. Está cerrado. Mi deseo es caníbal. Todo su cuerpo está marcado por mi deseo, rojo y violeta.
Pero no sólo deseo devorarlo, deseo ser devorada por él.
- Déjame los huesos limpios. Me sobra la carne. Me pesa.
Él me dice:
- Estaría bien que ahora nos abriéramos y nos repartiéramos las vísceras.
Y yo siento el deseo de rajar su piel y lo que hay debajo de su piel, para meter mi mano en sus órganos
calientes. Pesar sus pulmones en mis manos, chuparlos como caramelos.
- Podríamos esparcerlas sobre la cama -continúa él- para verlas mejor.
Verlas brillar. Después podríamos probar a intercambiarnos los órganos. Probarme tu estómago, por ejemplo.
Otra vez pienso en sus pulmones y en las frases: "el aire que respiras", y "me falta el aire".
- Me llevo tus pulmones
- El hambre que tengo no se cura de otra forma- me dice.
- Pero mi cuerpo está lleno de venenos- advierto.
- De vacunas. Tu cuerpo está lleno de vacunas- me corrige.
Y yo pienso: no sólo el amor, también el hambre es ciega, se ciega, con este brillo.





Miriam Reyes 
(Orense, España, 1974)
del Catálogo de la Exposición: wartime meals de Rosalía Banet
Sala Juana Francés casa de la mujer
Ayuntamiento de Zaragoza, 2005
POEMAS INÉDITOS
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17 de abril de 2013

Miriam Reyes, Te plantean un juego...



Fotografía de Yale Joel  (Central Park, Nueva York, 1957)



Te plantean un juego
perspectivas de ganar=0

¿Es un juego de correr
un juego de cartas de mesa o un videojuego?
¿Necesito destreza física o práctica?
¿He de seguir instrucciones o guiarme por mi instinto?
¿Sudaré me quedaré sin aire tensaré los músculos hasta el agotamiento
o repiquetearé con mis uñas sobre la mesa imitando
los cascos de los caballos que golpean mis costillas?
¿Moveré piezas de mí sobre la mesa?
¿Te como o me comes?
¿Se trata de aparentar que tienes lo que no tienes?
¿Seremos rivales adversarios contrincantes?
¿Ganaremos dinero o trofeos o dignidad?
¿Qué perderemos?
¿La vida una oportunidad el honor la palabra el tiempo la fortuna?

Me aburro de sólo imaginarlo.



Miriam Reyes 
(Orense, España, 1974)
de LXXXII, Aula de Poesía, Almería, 2010
para leer MÁS
su WEB

16 de abril de 2013

José Rui Teixeira, Nunca más regresaste a casa...


Fotografía de Rebeca Cygnus


Nunca más regresaste a casa
desde agosto. Tu lugar en la mesa quedó vacío.
Coleccioné nombres de lugares distantes,
dibujé sistemas de coordenadas,
regresé a las regiones endémicas de los sismos,
a la soledad unívoca de las márgenes de los ríos,
al silencio radial de las magnolias.

Digo: los días son todos como para morir.
Ninguno de los recuerdos que tengo de ti
puede negar esa evidencia.


Nunca mais regressaste a casa
desde agosto. O teu lugar à mesa ficou vazio.
Eu colecionei os nomes de lugares distantes,
desenheisistemas de coordenadas,
regressei às regioes  endémicas dos sismos,
à  solidao unívoca das margens dos rios,
ao silêncio radial das magnólias.

Digo: os dias sao todos de morrer.
Nenhuma das memórias que tenho de ti
sabe negar essa evidência.




Fotografía de Anni Leppälä 




Nunca más regresaste a casa desde agosto.
Yo me quedé sentado en el umbral de la puerta
a la espera de la cura.
Jugaba ocasionalmente con el fuego,
porque era tu voz la que me traía el otoño,
era el hollín en tus manos lo que me enseñaba
la hermenéutica de los diluvios
y la mecánica de la extinción de las especies.

Pero nunca más regresaste a casa y yo aprendí
a deletrear silenciosamente tu ausencia.


Nunca mais regressaste a casa desde agosto.
Eu fiquei sentado na soleira da porta
à espera da cura.
Bricava ocasionalmente com o fogo,
porque era a tua voz que me trazia o outono,
era a fuligem nas tuas maos que me ensinava
a hermenêutica dos dilúvios
e a mecânica da extinçao das espécies.

Mas nunca mais regressaste a casa e eu aprendi
a soletrar silenciosamente a tua ausência.





José Rui Teixeira 
(Oporto, Portugal, 1974)
de Diáspora, Cosmorama Ediçoes, 2013
Traducción de Miriam Reyes
su BLOG
su WEB



12 de marzo de 2013

II FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA DE CÓRDOBA





Presentación de Yo, interior, cuerpo 
Antología poética, de Miriam Reyes


- Primer libro con el sello del Festival -

Prólogo de Mariel Manrique
Compilación de Miriam Tessore

el día martes 19 de marzo de 2013, a las 19:30 h,
en el Centro Cultural España Córdoba
(Entre Ríos 40)
Ciudad de Córdoba - Argentina





del 20 al 23 de marzo de 2013
PROGRAMA DEL FESTIVAL 







11 de noviembre de 2012

Miriam Reyes, Mamá y yo...


(*)



Mamá y yo
en la madrugada del 29 de diciembre de 1974 
nos acercamos a la muerte.
Mis hombros eran demasiados anchos y el médico 
se vio forzado a empujar mi cabeza de vuelta al útero.

Se tomaron su tiempo.

Éramos una sola cosa azul cuando me sacaron de allí.
Y azul crecí.
Mis caderas se hicieron más anchas que mis hombros
para nada.

Yo también ahogué cabezas y sexos
pero no salvé vidas.
Aunque me tomé mi tiempo y el de otros.




Miriam Reyes 
(Orense, España, 1974)
para leer MÁS
(*) imagen extraída de ACÁ

18 de octubre de 2012

Miriam Reyes, 2 poemas 2 (VII) +1



Fotografía de Laura Makabresku



ME HE COLOCADO LA VENDA CON CUIDADO

–como un velo de novia–

y he caminado hasta el centro del corro

–como camino al altar–.

La gallinita ciega, la gallinita loca.

Ellos están ahí, pero sólo son fragmentos:

un par de brazos, un ojo abierto, un mentón…

Los voy acumulando.

Quiero hacer un montoncito con todos ellos

para construir mi castillo de arena

y sentarme a esperar la gran ola.

Tan pancha, tan loca

–como una reina–.


(de 23 Pandoras: Poesía Alternativa Española,
 editado por Vicente Muñoz Álvarez)



Fotografía de Laura Makabresku






DESDE LA ORILLA QUE SÓLO ME LAMES

y que soy una alfombra de conchas vacías.

Pero donde ya no se hace pie

y los muertos flotan

soy la tierra en la que penetras y te filtras.




Fotografía de Laura Makabresku




(*) POÉTICA

Siempre adentro. No me gusta observar desde fuera. Escarbo en lo oscuro. Con frecuencia no sé lo que busco ni entiendo lo que encuentro, pero no puedo parar de escarbar: todo huele a tierra. 

No voy a hablar de cómo hay que escribir. No creo que haya que escribir de ninguna manera en particular. De lo que sí voy a hablar es de por qué lo hago. Hasta hace poco no lo tenía muy claro. Escribir siempre ha sido algo natural y necesario, nunca se me ocurrió preguntarme qué era lo que me movía a ello. Pero me han hecho esa pregunta tantas veces y tantas veces me resultó incómoda y desagradable, que llegué a la conclusión de que merecía la pena meditar al respecto. Creo que al fin he encontrado una respuesta sincera, limpia de pretensiones. Escribo porque cuando no lo hago estoy como muerta. No valgo nada, soy una cosa deprimida, inconsolable e infeliz. Los otros no lo notan, no hundo a nadie conmigo y nadie tampoco puede salvarme. 
Cuando imagino cómo sería mi vida si no volviera a escribir una línea, me aplasta la imagen de una vida totalmente hueca, y me da un miedo más grande que el propio miedo a la muerte, que me abordaba algunas noches, cuando sólo tenía diez años. Le tenía miedo porque imaginaba que la muerte era como estar inmovilizada, con los ojos abiertos en la oscuridad, eternamente, sin posible liberación ni escapatoria. Escribo y se encienden las luces, no me importa que lo que iluminen sea duro o doloroso, el tiempo empieza a correr de nuevo y mis músculos se tensan. 




Miriam Reyes 
(Orense, España, 1974)
para leer MÁS


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