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30 de julio de 2018

Glauce Baldovin, Entonces será verde mi sangre...


de la serie Ley Natural, foto/collage de Merve Özaslan

ENTONCES SERÁ VERDE MI SANGRE...

Entonces será verde mi sangre savia
y yo seré un nenúfar de hojas gigantescas
en la laguna de cinco puntas a mil quinientos setenta
                                                                                       y nueve kilómetros
de la Tierra
girando en todas las latitudes tres veces cada veinticuatro horas:
en la aurora  al mediodía  en el límite mismo entre el crepúsculo
                                                                                                       y la noche.
Y mis flores blancas de ardiente corazón dorado irán cayendo
                                                                                              pétalo a pétalo
en el espacio.
En la luna, Júpiter, Urano, en mi estrella el Sol
y en otros mundos: aquellos que se abren en gran espiral
                                                                                                    y se cierran
en abismal poliedro.
Mundos desde donde nos viene el olfato, el gusto a sal, la fantasía, 
                                                                                                          el amor,
el odio, la ternura.
Y ese milagro renovado a cada instante: la capacidad de asombro.

Y tú, Lara Fidel nacido en la última década del milenio
por la luz de qué estrella treparás danzando al universo
haciendo señas con tus manos largas largas
y tus ojos de un color aún no conocido entre la castaña
                                                                                                 y el turquesa.
Qué poema traerás en tus venas por donde correrá la sangre
                                                                                    mezclada con savia.
Sangre que es de fuego y aire
savia que es de tierra y agua.
¿Cuántos lunares tendrás en el pecho en la espalda en los muslos
formando un símbolo nuevo: draudo, cráspide, Terencio
siete nueve once o un número cabalístico hasta hoy desconocido?
Mensajero de otros tiempos otros mundos. ¡Del futuro!
Desde ya te ofrezco mis manos para que juegues un juego
                                                                                         aún no inventado
y algo que se llama amor
y que aún no gestado con frenesí con calma con alegría
en esa línea que oscila entre la sensatez y la locura
te está gestando.




ph Bibiana Fulchieri
Glauce Baldovin 
(Río Cuarto, Córdoba, Argentina, 1928-1995)
de Mi signo es de fuego /Poesía completa, Caballo Negro Editora, 2018
Compilado por Alejandra Baldovin
Textos introductorios: Elena Anníbali y Julio Castellanos
una nota en: EL FARO (Revista Federal del Programa de Cultura del CFI)
para leer MÁS

19 de agosto de 2017

Glauce Baldovin, 3 poemas 3 (III)


Fotografía de Katy Grannan

No es necesario envenenar el agua
cortarse las venas
ahorcarse
El recuerdo de lo que quisimos ser
el acto heroico
ante el cual retrocedimos
la muralla que no derrumbamos
la fortaleza que no construimos
el fuego que dejamos apagar
son suficientes...

de Poemas cruelesEdiciones Argos, 1996


Fotografía de Katy Grannan
VI

Sus movimientos me incitan
me vuelven a la vida.
Tiemblo. 
Palpito.
Y me urge ser mujer
amar sobre la hierba   los paredones     el asfalto
los puentes que unen a la muerte con la vida.

de Con los gatos el silencio, Ediciones Argos, 1994



Fotografía de Tabitha Soren

XII

¿Qué son las heridas
gatos
sino este rasgarse el corazón por dentro
este sangrar aromas y recuerdos
esta necesidad de olvidar
y tener la memoria como espejo?

de Con los gatos el silencio, Ediciones Argos, 1994




Glauce Baldovin 
(Río Cuarto, Córdoba, Argentina, 1928-1995)
para leer + en: BAJO LA ROSA CHINA
MÁS

20 de diciembre de 2016

Glauce Baldovin, 3 poemas 3 (II)



Fotografía de Thomas Dodd

IX

Después de vivir juntos se deshizo lo hecho.
                                                                   Mucho nos había costado.
Cuestan las llamas del amor.
Las brasas del amor dejan una alfombra gris
                                               donde nuestras huellas no se marcan.
La ceniza es un gato gris. El gato maúlla y alucinado
                                                                             convoca a la niebla.
La niebla cae y cubre el gato, cubre las cenizas.
Pongo las manos en la niebla y ahí está el amor. Trizado.




Fotografía de Antonio Palmerini
X

Grises las calles, desnudo el granito, la ciudad vacía.
Es el invierno.
Cualquier día de Junio es el invierno.
El dice Junio y Junio y el invierno me anudan la sangre.
Y mi amor naufragando en su sangre. Mi pobre barco
                                                                     navegando en su sangre.
Su sangre gris, su sangre quieta, su sangre fría.
El dice, es el invierno.
No culpo al invierno. Sobre el vidrio de la ventana empañado
con mi aliento escribo: estoy triste, estoy triste.
A través de las letras las frígidas estrellas titilan.

El desamor es Junio. Junio es una larga noche de invierno.
La soledad es el invierno. La soledad me cubre
                          como un gran manto, como una nube de plomo.



Fotografía de Antonio Palmerini
XV

Estoy tendiendo la cama, alisando las sábanas.
Un rayo de sol entra por la ventana, me resbala
                                    por las manos y cae al suelo, bajo el ropero.
Me detengo a mirarlo. A mirar el sol. Y cuando subo
                   la vista veo una mujer que me llama desde el espejo.
Me acerco al espejo. La mujer soy yo: Martina. La mujer
                                              mueve los labios, entrecierra los ojos.
Caen dos lágrimas por el espejo y cuando quiero secarle
                         las lágrimas, cuando quiero secarme las lágrimas
ella lanza un grito, retrocede, me da la espalda y huye.

El espejo queda vacío, y yo frente a él, sola.





Glauce Baldovin 
(Río Cuarto, Córdoba, Argentina, 1928-1995)
del Libro de María Libro de Isidro, Ediciones Argos, 1997
para leer MÁS

4 de junio de 2015

Glauce Baldovin, 3 poemas 3


Fotografía de Cindy Sherman 
XXV

Mi padre dijo:
Los criollos son vagos.
Yo lo amé.
Levantó la casa aró sembró
Y se echaba de bruces en la tierra para ver crecer los pastos.

Pero en invierno sequía, en octubre granizo, en el verano langostas.
Y otra vez la siembra, la espera, la sequía. El desalojo.
Y Pablo que se muere. Y el silencio.
Y con el silencio, el vino.
Después de todo eso, el vino.

A veces apoyaba sus manos callosas sobre esta mesa blanca
de pino
Me miraba desde lejos y decía:
¿Cómo aguantás, vos, Lucía?
Y las lágrimas le mojaban las manos.



Fotografía de Cindy Sherman 

XXVI

¡Cuánto odiaba su vino!
A veces derramaba gotas en el mantel y quedaban grandes manchas
doradas.

Sábados y domingos volvía más allá de la una cantando un valsecito
Y yo me tapaba la cabeza con la almohada.

¡Cuánto odiaba su vino!
Pero por envidia.
Porque aún hoy iría al almacén y me sentaría en rueda con mi vino
Para volver como él volvía
Sin nada en la memoria.
Tambaleando.




Obra de Anna & Elena Balbusso
XXVII

Ha llegado mi amante. El invierno.

Con frágiles pies camino sobre la escarcha
la quiebro con flores, en catedrales,
en una hierba obstinada por agarrarse a la tierra.
Mojo las manos en el estanque y se me ponen violáceas,
hablo, y un vapor celeste me sale de la boca.
¡Estoy embrujada!

El invierno me hechiza.
El, el mago del sueño,
el que adormece a las plantas y a los animales todos,
a mí me despierta, me embruja, me transforma
en la antigua muchacha
y huye.




Glauce Baldovin 
(Río Cuarto, Córdoba, Argentina, 1928-1995)
de Libro de Lucía, 1986
en Glauce Baldovin, Antología poética
Ediciones Letras y Bibliotecas Córdoba, 2010
Prólogo de Julio Castellanos
para leer MÁS
y + en UNA BALLENA PODRIDA EN LA PLAYA

10 de mayo de 2014

Glauce Baldovin, 2 poemas 2 (III)


Obra de Aaron Jasinski
EL MIEDO

Lo conozco.
Escorpión dorado
hongo venenoso
brebaje emponzoñado.
Me lo dieron de beber una tarde de agosto
en taza verde con filigrana de plata.
Dosificado al principio
enmascarado con almendras y jalea de durazno
mezclado con poemas en inglés
"It's many and many years ago in a country
                                                                     be the sea..."

Lo conozco.
Lentamente me lo hicieron beber porque yo amaba
por entonces
las palabras.
Escorpión dorado.
Nadie sabe que si incendio fuego a mi alrededor
me clavarás la cola justo en el centro del corazón
y moriremos los dos
tan juntos como hemos vivido.

(de Poemas crueles, 1996)



Fotografía de Lissy Elle Laricchia
LA CAÍDA

No volveré a caer.
Aprendí de la araña la exactitud para tejer mi tela
de la víbora a reptar
del gato a ver en la oscuridad
del cóndor a medir la altura del vuelo.

No tornaré al infierno.
Aprendí que la caída no está en el espacio
el destino
el tiempo.
Sólo adentro. Muy adentro.

(de El rostro en la mano, 1990/editado en 2005)




Glauce Baldovin 
(Río Cuarto, Córdoba, Argentina, 1928-1995)
en Antología poética, Ediciones Letras y Bibliotecas Córdoba, 2010
Prólogo de Julio Castellanos
para leer MÁS

24 de abril de 2013

Glauce Baldovin, 2 poemas 2 (II)



III

Nada traje para el amor. Nada. Nada traje.
Sábanas de hilo encajes alianzas de oro han quedado
                                en los baúles naftalina. En los escaparates.

El dijo, mi cuchillo.
Yo dije, hierbas olorosas. Albahaca y laurel orégano
                                              romero para perfumar el corpiño.
La piel perfumada es una alfombra de musgo.
                                                                 Una playa dorada.
Olor a tierra. Olor a mar.

Olvidados los adornos despreciado el lujo, sólo
                                        una estera de paja una colcha a rayas
y para el amor eso nos basta.



Jackie O.

I

Las mujeres que prefieren el mar a la tierra
                                                          son mujeres descastadas.
Impías.
El mar las tragará, lavará sus rostros y limpios
    los cuerpos serán incapaces del recuerdo y la nostalgia.
Porque la tierra nos ha sido prometida. Aún la más árida,
la que sin elevaciones se extiende hacia todo el horizonte
y hacia ella vamos.
Vencido el coraje nos arrastramos. Colgándonos el amor
                                                                          por la cintura.



Glauce Baldovin 
(Córdoba, Argentina, 1928-1995)
del Libro de María Libro de Isidro, Ediciones Argos, 1997
para leer MÁS

20 de julio de 2011

Glauce Baldovin, VI

Ilustración de Siobhan McClure, Treasures, 2010
VI

Todo lugar es propicio para el amor.
A través de las hojas, girando bajo los árboles, vemos 
                                                               danzar las estrellas.
Las estrellas predicen el destino.
Nuestros rostros quedan como mascarillas en el río.
                                                 Escarabajos de vidrio los ojos.
Con nuestro cuerpo acamamos tréboles y gramillas
                    y su cuchillo reluciente como una víbora de plata
inmóvil como una raíz milenaria como una uña diabólica
                                             para rasgar la tierra nos protege.
Dice, míralo bien. El cuchillo es un hilo de agua
                                                         que vomitan los pastos.
Yo paso mi lengua por él y sé entonces que posee el don 
                                                                          de la magia.







Glauce Baldovin 
(Córdoba, Argentina, 1928-1995)
del Libro de María Libro de Isidro, Ediciones Argos, 1997
para leer MÁS

15 de julio de 2011

Glauce Baldovin, 2 poemas 2


Fotografía de Egor Shapovalov

No eligió el silencio.
Quizás desde niña alguien la fue empujando.
Alguien que dijo no te tires al suelo no saltes a la soga
                                                                No toques ese gato.
Alguien que hablaba mucho. Que no escuchaba
¿Quién sabe?
Sólo ella lo sabe. O no lo sabe.
Y deambula por los puentes
Se para en las estaciones a ver pasar los trenes
Traza espirales en el aire.

Nadie conoce el fondo de sus ojos. Ni su espejo.
María ha pasado las manos por él y lo ha dejado ciego.

(de Libro de María Libro de Isidro, Ediciones Argos, 1997)




Fotografía de Masha Sardari

IX

Cuando amaso me siento diferente. 
Olvidada de rencores.
Hago una rueda con la harina y en el centro pongo agua y sal.
Hundo la masa pegajosa, la estiro con el palo blanco
le doy la forma
Y me creo Dios.

El olor a pan sale del horno
inunda el campo, la casa, el ropero, mi corpiño.
Todo es pan ese día.
Y cuando saco agua del pozo
Un rostro joven me sonríe desde el fondo.

(de Libro de Lucía, 1986)



Glauce Baldovin 
(Río Cuarto, Córdoba, Argentina, 1928-1995)
para leer MÁS

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