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27 de agosto de 2019

Elisa Molina, 3 poemas 3


Ilustración de Tithi Luadthong

EL ÁNGEL DE LO DIMINUTO

El ángel de lo diminuto sueña
en pequeño. Vive en el ojo
de una aguja de coser.

La aguja está en una lata que fue
de galletas. La lata, en un cajón.
El cajón en un mueble de la casa.

Antes de dormirse, en el capullo
de su oscuridad, enciende en la noche
un cigarrillo para ver el hilo

de humo rodar más allá del delgado
óvalo de acero que es su morada
y la ínfima brasa y a sí mismo

como si estuviera al borde del tiempo.

En el otro borde, el mundo y sus cosas
terribles pasan todo el tiempo, deja
a veces niños muertos en la arena.

Cosas que, aun para su eternidad
de ángel son monstruosas y se ciernen
sobre las ciudades caparazones

de los hombres y mujeres a quienes
ha visto deformarse de dolor
de ira, de espanto, de aburrimiento.

A fuerza de impotencia ahora es
un artista contemplativo, que une
lo útil a lo agradable: el humo
y un dolor que piensa pero no siente.

de Cormorán, Alción Editora, 2018
extraído de HABLAR DE POESÍA



s/d del/a autor/a de la ilustración

MENSAJE

Remontando quién sabe
qué corrientes,
como un salmón,
saltaste al pozo de mi sueño.
Vi de nuevo tu cara,
comprendí que forzabas
un encuentro –el único
posible entre nosotras.

Lo que dijiste
lo creo, aunque
no recuerde palabras,
sino una lluvia
fina y el arco de tu figura
que se hundía.

de Escrito en el agua, Ediciones del Copista,
Colección Fénix, Córdoba, 2003



Ilustración de misumi01

LEJOS DEL MAR

Vivo tan lejos del mar
y sin embargo,
anoche,
en la síntesis perfecta
que compone el sueño,
tuve mi luz, mi casa,
mi camino de acacias
entre las dunas
y a mis queridos.

Después desperté
y por un momento en la noche
la soleada imagen pudo más.
No debiera, no quisiera
olvidar su tenue
presencia en la vigilia:
trabaja en mí, circula
silenciosa; roza
a veces la opaca
evidencia de las cosas.

de Escrito en el aguaEdiciones del Copista
Colección Fénix, Córdoba, 2003



Elisa Molina 
(Córdoba, Argentina, 1961)
POETA/TRADUCTORA/DOCENTE/
MAGÍSTER EN LITERATURA Y CULTURAS COMPARADAS/
LICENCIADA Y PROFESORA EN LETRAS MODERNAS
para leer + en ACTA LITERARIA
su blog SEGUNDA VOZ

1 de noviembre de 2016

Ángela Gentile, 3 poemas 3


Fotografía de Marisa S White

IV

El dorso de mi mano huele a tierra,
miro el destiempo en las enredaderas
mientras mis pies alumbran los astros
de la casa.
Bebo un vino sin salvar la oscuridad
y muero en la alevosía de la duda.
No beso bajo la lluvia,
solamente rozo
la revolución del agua.



Fotografía de Cig Harvey

X

La alquimia ha roto por enésima vez el origen
y la fortuna es un mandala que no regresa.
                                                               Aún así amanece.
Todo milagro es un camino al verbo,
un país de encaje entre los dientes del hombre.
Esta oblicua mirada de rocío,
la garra de cuarzo del felino que soy
en lo fugaz de toda huella.





Fotografía de Cig Harvey

XII

Desde mi mano-viento
emigra la tarde en sombras.
Sólo recupero las estrellas
cuando regreso desprevenida
de la noche
a bautizar dioses de miradas azules.
Imito la rebelión
y danzo sobre el corazón recién nacido.
                              Todo aquello que he amado
acompaña el vuelo de esta milenaria
mirada que no me pertenece.





Ángela Gentile
(Berisso, Buenos Aires, Argentina, 1952)
ESCRITORA/DOCENTE/TRADUCTORA
de EscenografíasColección Fénix, 
Ediciones del Copista, Córdoba, 2005
para escucharla leer su poesía ACÁ
para leer + en CUADERNOS ORQUESTADOS

5 de enero de 2016

Mercedes Araujo, 3 poemas 3


Fotografía de Muhammed Faread




LEVEDAD

Esas manos y esa boca
¿complacen?
Ese cuerpo
¿ayuna?
La carne
¿desea?

Con la levedad del vientre.
Con la levedad de todo su vientre.



Fotografía de Muhammed Faread



PIEDRA

Hay en mí un fuego de serena actitud,
cenizas de serena actitud.
No es el cielo que me cae encima,
no es la tierra que retuerce
mis pies enraizados.

[leve y mórbida]

Es el espanto de tu ausencia.
Es el silencio que vuelve el cuerpo
piedra.
La piedra que enmudece.


                                                           A Agustín Giménez




Fotografía de Muhammed Faread




SILENCIO

Hay que llegar al silencio
por otros caminos.

¿O será cosa de morir allí,
a sus pies
sin más?




Mercedes Araujo 
(Mendoza, Argentina, 1972)
Reside en Buenos Aires
de Ásperos esmeros, Ediciones del Copista, 2003
para leer más en: OTRA IGLESIA ES IMPOSIBLE

17 de octubre de 2015

Mori Ponsowy, 2 poemas 2


Fotografía de Silvia Grav


ROMPECABEZAS

Veo las piezas en esta mesa de madera
desparramadas como caracoles marinos olvidados un día de lluvia,
sin sentido en su disposición arbitraria,
riéndose de mí irreverentes.

Tantas que ninguna caja alcanzaría-
pequeñas como óvulos algunas; otras, pesadas como el mar.
Imágenes de agua, bosques, oscuridades-Ninguna puede ser devuelta.
Se multiplican cada segundo,
abandonan los lugares donde necesito verlas,
claman por atención si me distraigo.

El rompecabezas está en mis sueños, mis sueños en él:
no hay despertar al alivio, descanso reparador, diferencia entre noche y día.
Imágenes adheridas a mis párpados con fuego, con agonía, con amor-
mi madre alzándome en un banco de plaza,
el primer día de escuela,
un picnic junto a un río de piedras cubiertas de lana.

¿Cómo puedes ser la misma ahora, Madre,
la misma hacia quien corrí con brazos abiertos en una playa del Perú?
¿Eres sólo lo que veo, o hay algo más en ti
que las palabras que desespero por encontrar?
¿Por qué esta inagotable mesa plena de culpa entre nosotras?
Y, dime: ¿acaso tus ojos siempre han sido tristes,
o es sólo mi mirada reclamando tu regazo?

Encajo dos piezas y luego una tercera,
pero las otras se reproducen cual células malignas,
desbordan la mesa, copulan en el aire sin vergüenza.
Como ha sido, será-
Estoy atada con recuerdos a esta silla,
sólo cuando todo encuentre su lugar estaré en libertad,
podré salir de esta casa oscura,
volver a ese domingo cuando reíamos juntas
y el miedo aún no alimentaba mi alma.

¡Si pudiéramos volver a escribir la historia, Madre!
¡Si pudieras ayudarme a descifrar el barro del que nací!
Pero estás más allá de las manos que tengo para alcanzarte-
Centímetro a centímetro te acercas a tu muerte
y yo no hallo un lenguaje que baste para las dos.







Fotografía de Silvia Grav


ABRACADABRA

El mago saca un conejo de la galera,
traga una espada, serrucha una mujer en dos,
hace desaparecer un elefante en nuestras narices.
Matí­as no se sorprende:
sus manos, mi pelo, los zapatos rojos
de la niña delante nuestro,
le interesan más.

En el zoológico, en vez de mirar los tigres,
contempla las plantas.
Los gorros de los chicos grandes lo hipnotizan.
Simples nubes, la blancura de una pared,
el ir y venir constante de los dedos de sus pies-
¿Qué hay ahí?

No me lo dice:
sus ojos en mis labios
forcejean por gobernar sonidos.
Le lleva semanas enteras
(nada por aquí, nada por allá)
pero, finalmente, da con el conjuro exacto,
"ma-ma-ma-ma", y ahí estoy para él. Ahí estaré

mucho después, cuando pierdan encanto las palabras
y, aburrido de proezas, el brujo
me deje de llamar. ¿Será más fácil entonces,
libre una vez más, cuidar sólo de mí?
¿Qué lazo, además de un instinto deslucido,
llenará el vacío entre nosotros?

¿Seremos capaces de admirar de nuevo un hormiguero,
de remontar un barrilete juntos,
de reunirnos en silencio
una tarde invernal?





Mori Ponsowy 
(Buenos Aires, Argentina)
ESCRITORA/EDITORA/TRADUCTORA
de Enemigos afuera, Colección Fénix
Ediciones del Copista, Córdoba, 2001
su blog: GOMA DE BORRAR
para leer MÁS

23 de enero de 2012

Marina Colasanti, Ceremonia del té


 Hildegard Knef, 1953 (Actríz alemana, 1925-2002)

CEREMONIA DEL TÉ

Para Yllen Kerr

Mi amigo decía que
el agua del té
sólo se vierte
cuando las primeras burbujas
suben desde el fondo
como súbitos peces
rumbo al aire.

Mi amigo se mató
con la misma minucia
con que hacía su té, 
sin poder repetir
por un día más
el ritual de la vida.

Desde entonces pienso en él
cada vez que desde el fondo
suben las burbujas
y como sus palabras
se deshacen al llegar a la superficie





Marina Colasanti 
(Asmara, Etiopía, 1937-2025) 
Reside en Brasil desde su infancia
de Ruta de colisión, Ediciones del Copista, 2004
Traducción de María Teresa Andruetto
en INSTAGRAM
para leer MÁS
su WEB





16 de diciembre de 2011

Marina Colasanti, Frutos y flores


(*) s/d del autor de la fotografía
FRUTOS Y FLORES

Mi amado me dice
que soy como una manzana
partida en dos.
Yo tengo las semillas
es verdad.
Y la simetría de las curvas.
Tuve un cierto rubor
en la piel lisa
que no sé
si todavía tengo.
Pero si en abril florece
el manzano
yo hecha manzana
y por demás madura
todavía me despliego
en flores blancas
cada vez que su daga
me traspasa.

FRUTOS E FLORES

Meu amado me diz
que sou como maçã
cortada ao meio.
As sementes eu tenho
é bem verdade.
E a simetria das curvas.
Tive um certo rubor
na pele lisa
que não sei
se ainda tenho.
Mas se em abril floresce
a macieira
eu maçã feita
e pra lá de madura
ainda me desdobro
em brancas flores
cada vez que sua faca
me traspassa.





Marina Colasanti 
(Asmara, Etiopía, 1937-2025) 
Residió en Brasil desde 1948
de Ruta de colisión, Ediciones del Copista, 2004
Traducción de María Teresa Andruetto
para leer MÁS
su WEB
en WIKI



1 de diciembre de 2011

Marina Colasanti, Muerte bajo el sol


(*) s/d del autor de la fotografía

MUERTE BAJO EL SOL

Cuando se tira abajo una casa
no se clava el hacha de un solo golpe
bien de raíz.
Ni es de pie que ella cae
con sus ramajes.
Una casa
se mata despacio.
Se arrancan primero los pasamanos de la escalera
abriendo a la ruina los peldaños inútiles.
Se retiran los herrajes
y las vigas.
Después se arrancan puertas y ventanas
se vacían en la fachada los dinteles ciegos.
Y quien pasa ya sabe.
Aquí no se vive más.
Entonces es la hora de las tejas
despellejadas sin sangre una por una.
Mostrando los huesos
yace
más que muerto
el descarnado esqueleto
en el jardín.
Cruel laparoscopia de mis fantasmas
la casa en que viví fue tirada abajo.
Se van los espectros, todos sin abrigo
deshaciendo las imágenes superpuestas.
Vamos nosotros sin marcas en el polvo.
Y las palabras
tantas palabras que hilamos juntos
y que las paredes guardan en sus entrañas
son deshechas a mazazos.


MORTE SOB O SOL

Quando se abate uma casa
não se crava o machado de um só golpe
bem junto da raiz.
Nem é de pé que ela cai
com suas ramagens.
Uma casa
se mata devagar.
Extirpa-se primerio o corrimão da escada
abrindo para a queda os inúteis degraus.
Retiram-se as ferragens
as madeiras internas.
Depois se arrancam portas e janelas
vazam-se na fachada os alizares cegos.
E quem passa já sabe.
Aquí nã mais se mora.
Só então é a vez das telhas
esfoladas sem sangue uma por uma.
Ossos à mostra
Jaz
mais que morto
o descarnado esqueleto
no jardim.
Crua laparotomia dos meus fantasmas
a casa em que vivi é posta abaixo.
Vão-se os espectros todos sem abrigo
desfazendo as imágenes superpostas.
Vão nossos son gravados na poeira.
E as palavras
palavras tantas que fiamos juntos
e que as paredes guardam entranhadas
são desfeitas a golpes de marreta.





Marina Colasanti 
(Asmara, Etiopía, 1937-2025)
Reside en Brasil desde su infancia
de Ruta de colisión, Ediciones del Copista, 2004
Traducción de María Teresa Andruetto
para leer MÁS
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