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22 de mayo de 2014

Verónica Yattah, 2 poemas 2


Fotografía de Tim Barber

¿VES LAS RAMAS EN EL VASO?

¿Ves las ramas en el vaso?
El sol se pone.
Aunque la ciudad impida la escena completa
algo del rayo se ve.
Hace tiempo leímos “un ambiente”
y no fue lo que importó
sino haber venido a conocer la casa
en el preciso instante del atardecer.
La pequeñez fue nada al lado de esa luz entrando.
Pero el deslumbramiento pasó.
Tardó en desaparecer
como la rueda de un auto girando sin aire,
como un animal de granja que camina unos segundos más
sin la cabeza.
Son las seis y veintiuno
y el sol decide caer entre las torres de enfrente.
Son dos torres que hoy no tapan la vista. 
Pasa por el medio el sol
llega hasta el vaso de yogur que terminé
y me muestra en su interior un bosque.

VEDI I RAMI NEL BICCHIERE?

Vedi i rami nel bicchiere?
Il sole sale.
Anche se la città non permette alla scena di completarsi
qualche raggio si vede.
Tempo fa abbiamo letto “una stanza unica”
e non era quello che importava
ma essere andati a vedere la casa
nel preciso istante del tramonto.
L’ambiente piccolo non era nulla di fianco a quella luce che entrava.
Però l’abbaglio è passato.
Ci ha messo tempo a sparire
Come la ruota di un auto quando gira sgonfia,
come un animale della fattoria che cammina alcuni secondi
senza la testa.
Sono le sei e ventuno
il sole decide di cadere tra i grattacieli di fronte.
Sono due torri che oggi non tappano la vista.
Passa nel mezzo il sole
arriva fino al bicchiere di yogurt che ho finito
e mi mostra dentro di lui un bosco.




s/d del autor de la fotografía

POR EJEMPLO AHORA, MIENTRAS MIRO LA SANDALIA

Por ejemplo ahora, mientras miro la sandalia
de la señora dormida que viaja al lado mío en el colectivo
vuelve tu pie. La forma de tu pie.
¿Es algo de época esta obsesión por los pies?
¿Miraban así, tan hacia abajo,
las personas del siglo trece, del catorce?
¿Miraban así, con ese afán de retratar 
ignorando el cielo,
los pies?
Sea como fuere vuelve tu pie largo, estilizado.
El arco de tu pie, eso también vuelve hoy.
La señora resopla. Está dormida en un colectivo
que atraviesa la ciudad en verano.
Y tu pie debe estar sintiendo el agua.
Es tan probable que hoy estés como tanteando
la temperatura del agua de una pileta en el campo.
En cambio acá estamos, la señora y yo
mirándole el pie a una desconocida,
mirándote el pie de nuevo.




Verónica Yattah 
(Buenos Aires, Argentina, 1987)
de Los perros también se van, Viajero Insomne Editora, 2014
y en El rayo verde, Antología/2013, Viajero Insomne Ediciones

8 de enero de 2014

Sonia Scarabelli, 2 poemas 2 (+1)


Fotografía de Tim Barber

EL ARTE DE SILBAR

Silbo y al rato un eco se desprende
y como si llegara alto, va y se queda
flotando en el aire.
Silbar no es de mujeres pero él
nos enseñaba a todos por igual,
mis hermanos y yo: silbar, nadar, pescar.
Después crecimos y recuerdo haber sentido
la soledad de ser una mujer
como quien marcha hacia el exilio.
Sobre todo del padre,
que en el sueño de anoche
se aparece de pronto en una ruta solitaria:
diferente y el mismo como siempre,
a la luz de los faros de un coche, dice:
hija, de la vida no se huye. 

del libro en preparación El arte de silbar,
extraído de HABLAR DE POESÍA Nº28





Fotografía de Tim Barber

IRSE

Mirá, papá, a veces quiero irme
intensamente de unas cosas
para estar en otras.
Quiero salir de abajo de los techos,
y sobre todo
quiero olvidarme de las cosas que se pueden
comprar y vender.
Quiero volverme
cualquier arbolito en las veredas
o perdido al costado de la ruta,
uno de esos perros sueltos, un pajarito
de los que se paran en los cables,
de los que se esconden entre las hojas.
Esas cosas en las que nadie se fija,
que nadie va a mirarlas
pensando en comprarselás:
un yuyal, un reflejo en el agua
del zanjón profundo que vimos ayer.
Un puñadito de cosas
que también las encuentro en el campo
cuando voy,
en la parte de atrás del pueblo,
y que bien miradas, fijate,
nunca son muchas. 

del libro en preparación El arte de silbar,
extraído de HABLAR DE POESÍA Nº28



B O N U S  T R A C K



Fotografía de Tim Barber

LA VISITA


"No hay que decir ni que existe. Las otras cosas son las que existen después de Él y por Él. (…) Una cosa que no existe ¿qué puede ser? No conviene hacer tales preguntas sino ir callando…" 
Chuang Tzu


Te soñamos los tres la misma noche.
Venís a ver a cada uno y lo curioso,
lo común no es nomás la coincidencia
de soñarte al unísono,
sino que en aquel sueño estás hablando,
y tu voz llega clara, casual y no preocupa
no saber qué decís
sino que hables así
con esa
fluidez de antes,
el timbre de tu voz
brotando del pasado
como cosa real por si creíamos
que olvidar es asunto de la mente
más que del cuerpo
(la oreja, el ojo, la espesura
de lo ido
que vuelve desbrozada
por el recuerdo de un segundo).


Pero este énfasis lo pongo yo,
porque en la mesa
del mediodía
no estamos tristes, nos hablamos
de vos como atontados
en medio del reflejo
de aquella luz completa
que llega desde el patio a la cocina
donde almorzamos
tranquilos y perdidos
en esa especie de
felicidad desconcentrada
que te da a veces tener una familia,
aunque después o antes
la vida sea
verla resquebrajarse despacito
como a esa loza de los platos
que al fin también se parten
porque un plato
igual tiene su cuota de mortal,
objeto semidiós entre los suyos
que se gana una muerte
casi humana.

La cosa es que la luz del mediodía
nos hace vernos blancos,
resplandecemos no de bellos
sino de deslumbrados,
y crece el entusiasmo por contarnos
la peripecia del viaje que te hiciste
directo del silencio hasta los sueños.

El trío entra en detalles
que se vuelven
asunto serio y la conversación
va corriendo sincera
hasta que cae
en ese pozo manso donde ahonda
su peso la verdad,
la sin palabras balanza de oro
que sopesa
al corazón y mide
la gravedad de ausencia
en que te vamos
dejando solo
ante la muerte

Dicen que en ese trance todos
al fin estamos solos,
pero vos
no sos el rey asesinado
clamándole venganza a un hijo príncipe,
no sos el rey envenenado,
un ferroviario, un operario de John Deere,
un viajante que vende por los pueblos,
un fletero al final en la ciudad cercada
de novedades,
un hombre que nos quiso
en el máximo misterio anónimo
donde entramos en grande mayoría,
y que ahora está
solito ante la muerte
que no llega codiciosa
de herencia o traición
y viene ni siquiera como una
muerte de las que cuentan
en los diarios.

Envejecer y después
salir callado por la puerta,
decime vos, papá,
ahora
que ya aprendiste a hablar en sueños,
cómo es posible
estar ahí.

extraído de REVISTA ATMÓSFERA



Sonia Scarabelli 
(Rosario, Santa Fe, Argentina, 1968)
para leer una nota de OSVALDO AGUIRRE
para leer MÁS

16 de abril de 2012

Yirama Castaño Guiza, 4 poemas 4


Fotografía de Tim Barber




Pero sabemos guardar el aliento.
Somos quienes piensan en la única oportunidad
que nos queda: Profanarle su tumba al amor

(de Naufragio de luna, 1990)




Fotografía de Katerina Plotnikova


Me dijeron que tendría 
una infancia feliz
Existen anuncios de tiempos locos, 
de cabezas al revés. 
Un juego de espejos, 
con imágenes que se deforman: 
altas, gruesas, anchas, bajas. 
Un túnel para el miedo,  
con manos que te agarran y te sueltan. 
Ya viene la feria. 
Una montaña rusa,  un tiro al blanco. 
A la salida,  
te darán un oso negro 
como premio.

(de El sueño de la otra, 1997)





Fotografía de Alex Currie


XI 

El signo de aquellos
que nacieron antes,
fue el exilio.
Entiendo esa palabra.
Mi bautizo fue hecho
con lo que quedó de ella.

(de El país de las ausentes)



Fotografía de Tim Barber


ADIÓS


Ojalá pudiera tatuar
tus labios en mis dedos.

*

ADDIO

Magari potessi tatuare
le tue labbra sulle mie dita.

(Traducción al italiano del CCTM)






Yirama Castaño Güiza 
(Socorro, Santander, Colombia, 1964)
POETA/PERIODISTA/EDITORA
para leer más en: REVISTA LITERARIA METAFOROLOGÍA
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