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14 de febrero de 2013

Martha Kornblith, 2 poemas 2 (II)


Fotografía de Vikram Kushwah

Asistir un sábado por
la tarde a una librería
sin sopesar
los tontos que éramos
que plagiábamos hasta la
desdicha y el suicidio.
Asistir un sábado a la
librería
para copiar a Silvia Plath
o al más cercano vecino.
Aunque igual
casi todo convergía siempre
en infortunio
era un argumento para
tener de pronto
un rapto de inspiración
y correr de vuelta a mi casa
para escribir un poema
sobre esta ciudad
que tanto detesto.

Sábado es un día para odiar
a esta ciudad
para odiar a esta ciudad
y a sus poetas
hasta la muerte.




Fotografía de Vikram Kushwah

Hoy
se me ha perdido el mundo.
Es mi propio extravío
lo que busco.
Es Martes
leo a Kristeva
(“la melancolía es estéril
si ella no deviene en poema”)
Es Martes
y hace un mes
mi mano izquierda
ardía en carne viva.
Conocí a un médico
al que amé con locura.
Ese hombre lavó
mi sangre
ese hombre limpió
mi piel quemada
con indulgencia.
Ese hombre conoció
mi llanto
pero ese llanto
no era llanto
que venía de adentro
es un llanto
distinto,
un llanto de afuera.
Es Martes
leo a Kristeva
(“Habito la cripta
secreta de un dolor
sin palabras”).
A él le dedico
Del dolor puede surgir
el amor, el más profundo
amor”.
Es Martes
y leo a Kristeva:
La melancolía es
una perversión,
a nosotros nos toca
conducirla hasta las
palabras y la vida”.



Martha Kornblith 
(Lima, Perú 1959, Caracas, Venezuela, 1997)
de Antología de la poesía latinoamericana del Siglo XXI: el turno y la Transición, 
Siglo XXI - 
Compilador Julio Ortega
para leer MÁS

28 de agosto de 2010

Julia Kristeva, Un mal, una palabra, una carta


The Notebook/Diario de una Pasión, 2004

UN MAL, UNA PALABRA, UNA CARTA

¿Qué comprende él de mí? ¿Qué comprendo yo de él? ¿Todo, como se tiene tendencia a creer en los momentos de las apoteosis de nuestra fusión, tan completa como inexpresable? ¿O nada, como pienso yo, cómo puede decir él al primer descalabro que viene a zarandear nuestros vulnerables palacios de espejos...?

Vértigo de identidad, vértigo de palabras: el amor es, a escala individual, esa súbita revolución, ese cataclismo irremediable del que no se habla mas que después. En el momento no se habla de. Se tiene simplemente la impresión de hablar al fin, por primera vez, de verdad. Pero ¿es realmente para decir algo? No necesariamente. Si no ¿qué exactamente? Hasta la carta de amor, esa tentativa inocentemente perversa de calmar o relanzar el juego, está demasiado inmersa en el fuego inmediato como para no hablar mas que de "mí" y de "ti", o incluso de un "nosotros" salido de la alquimia de las identificaciones, pero no de lo que sucede realmente entre el uno y el otro.

No es de este estado de crisis, de abatimiento, de locura que puede romper todas las barreras de la razón, como puede, semejante a la dinámica del organismo vivo en pleno crecimiento, transformar un error en renovación, remodelar, rehacer, resucitar un cuerpo, una mentalidad, una vida. O incluso dos.

Sin embargo, si se admite, contrariamente a nuestras jóvenes enamoradas incrédulas, que, a pesar de lo inconmensurable del afecto y del sentimiento puesto en juego por los protagonistas, se puede hablar de un amor, del Amor, hay que admitir también que, por muy vivificante que sea, el amor siempre nos quema. Hablar de él, aunque sea después, no es posible más que a partir de esta quemadura.




Julia Kristeva 
(Sliven, Bulgaria, 1941)
de Historias de Amor, siglo xxi editores, México, 2009
en WIKIPEDIA
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