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20 de junio de 2019

Claudia Magliano, Hay que tener cuidado...


Ilustración de Aykut Aydogdu
Hay que tener cuidado. Hay que ser cautelosa.

Modosita, decían.

No mirar más que un solo punto, el de adelante.

O la cabeza gacha, agachada, hacia abajo. Bien abajo.

El suelo, las baldosas, el piso, el asfalto, la tierra, el césped, lo que haya debajo de los pies. Mirarlo. Mirar solo hacia ahí. El cielo, el aire, los costados no son para vos. Nada te ha sido reservado. Conservá la postura. La espalda recta, derecha, la curva de tu cuello.

Hay que ser cuidadosa. Tenés que ser cuidadosa. Guardá bien tu cuerpo. Debajo de la ropa guardá bien tu cuerpo. Que no se note que hay un cuerpo allí, una piel, un pliegue.

Hay que ocultarse. Hay que abstenerse de mirar a los ojos, los hocicos, las fauces de los perros.

Los perros parecen animales domésticos. Parecen dóciles los perros. Pero los perros matan. Clavan todo lo que tienen de filoso en los cuerpos blandos, desgarran a veces, se meten adentro de los cuerpos. Arrancan la carne. La destrozan. Y no es para comerla, no. Solo para ser perros matan. Estrangulan con los dientes. Hacen huecos con las garras, dan muerte. Solo por darla. Solo por saberse perros. Más perros todavía.

Hay que tener cuidado. Ser cautelosa. Modosita. Discreta, sobre todo discreta. Tu cuerpo es de los perros. No intentes poseerlo. Poseerte. No te pertenece. No te será dado.

Un hilo de sangre corre por la boca de los perros, cae en finas gotas que se deshacen al contacto con el aire. No es su sangre la que cae. No es de los perros eso que duele. Te duele a vos que no supiste comportarte, mantener la calma que el deseo reclama. No fuiste viva, inteligente, no supiste cómo moverte y te dejaste llevar por el deseo. El deseo te arrastró varios metros sobre la tierra y dejaste un surco. Y eso que vos pensabas en otras descendencias. Creías en tus hijos y en los hijos de los hijos de tus hijos. Y en las hijas de tus hijas y las hijas de las hijas de tus hijas. Creías en una cadena interminable que perpetuaría tu nombre. Por siglos tu nombre estaría en la boca de tu descendencia. Iba a estar, eso pensabas cuando jugaste con las muñecas, cuando dibujaste una casa con chimenea y humo y un árbol y flores alrededor. Porque la vida tenía que prolongarse en el juego, en ese juego que te habían legado solo para vos. Te irías a casar, tan blanco todo, y después esperarías que tu vientre creciera como un globo o una pelota debajo del vestido y aun así estabas dispuesta a parir, porque ese era el designio. Pero los perros se adelantaron a tu suerte, levantaron tu casa bajo la tierra. Te hundieron los ojos los perros porque no supiste no mirarlos. Y eso que solo el suelo te estaba reservado, todo para vos ahí servido para que pusieras la mirada hacia abajo, para que inclinaras bien el cuello, la cabeza, todo tu cuerpo y te quedaras allí como una florcita más a la espera de la lluvia. Como un yuyo que creció imperceptible entre las grandes plantas. Pero tuviste que mirar a los perros, les clavaste los ojos bien adentro, para que te vieran, para que olfatearan tu coraje y te salió mal. Tenías que cuidarte, ser cautelosa, modosita,  como decían  las hijas de las hijas que te hicieron ver la luz años después de su nacimiento. Y te tocó ser parte de ellas, ser una más te tocó. Y no te diste cuenta, no entendiste que tu cuerpo no te pertenecía y era de los perros, solo para los perros era tu cuerpo.





Claudia Magliano 
(Montevideo, Uruguay, 1974)
POETA/ESCRITORA/PROFESORA
en De divina proporción -muestra de poesía uruguaya contemporánea-,
Editorial La coqueta, 2017
extraído de EXCÉNTRICA Poéticas en Movimiento
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1 de enero de 2019

Claudia Magliano, 3 poemas 3 (de Nada)


Obra de Béatrice Coron



en mis manos se ha clavado el espanto
me descubro entre papeles
hurgando en el poema no dicho

te diré de mí
todo lo que he leído
y huirás entonces
al saber
que la vida
ciertamente está en otra parte.


pág. 7






Obra de Béatrice Coron





si la vida
esa parca valerosa y ardiente
seduce con su trono de impúdica pose
anclaré el dolor entre sus piernas
para nacerme nunca.

pág. 17






Obra de Béatrice Coron



vivir apenas ser
estar como si fuera cierto
tejiendo el universo en el revés de la noche
yo no sé quiénes me nombran
yo no sé por qué esta obstinada búsqueda de ser otra
intento armar la genealogía de mi raza
sólo encuentro
el grito
el impulso terrible.

pág. 25





Claudia Magliano 
(Montevideo, Uruguay, 1974)
POETA/ESCRITORA/PROFESORA
de Nada, AEBU y Casa de los Escritores del Uruguay, 2005
Premio Concurso de Poesía 2005 
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26 de marzo de 2015

Claudia Magliano, 2 poemas 2


Fotografía de Julian Hibbard


Comemos carne todo el año viernes santo cuaresma herejía/ muerte al ganado impreso
con fuego/ un lote de corderos se exhibe en las vitrinas frías de los supermercados/ una
pata de cabra/ abracadabra la muerte del ganado es mágica porque no la vemos como
aquellos muertos flotando en el río no la vemos y tragamos una y otra vez tragamos ni
la sangre se salva de caer en el vacío para volverse espuma roja disecada por el aire/ no
queda ni un solo resto/ nada/ salvo el rabo de las ovejas que nadie quiere/ hay ciertas
cosas que no se comen/ agradecer al señor este alimento no el viernes santo no
cuaresma herejía/ hoy morirá aquella vaca. No lo sabe.




Fotografía de Julian Hibbard


Los hombres carnean porque son rudos son machos son duros en el oficio de matar a los
animales no tienen miedo los hombres los animales son sólo presa y ese es su destino
matarlos y las mujeres en la cocina esperan la carne caliente húmeda de sangre que
sobre los hombros traen los machos para el desayuno/ las mujeres no dicen nada como
los animales mientras los matan no dicen nada/ no hay rastros de lucha en la muerte de
las vacas ni de las ovejas/ no hay rastros de huida/ ese es su destino ser ganado ganancia
alimento de otras bestias algo menos sublimes.




Claudia Magliano 
(Montevideo, Uruguay, 1974)
de res, Ático Ediciones, Serie Poética Breve, 
Montevideo, 2010
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12 de julio de 2014

Claudia Magliano, Conocemos el peligro de la vida (+1)


Fotografía de Amber Marie Chavez

CONOCEMOS EL PELIGRO DE LA VIDA

Conocemos el peligro de la vida
La angustia como plomo
Sobre los calendarios
Cae y se instala
Con su furiosa
Presencia
Acomoda el dolor
Y nos retiene
Su mano de cieno
Hace callar a las palabras.
No decimos porque no podemos
Hacemos un hueco en el silencio
Y de pronto se inunda con el llanto.
Todo es triste. Curiosamente triste
Nos desconsuela arrancarnos el alma
Salir hacia los otros
Abriendo el pecho
Tendido en hilos de memoria.
La casa es un laberinto
Que recorremos con los ojos cerrados
Y sin embargo…
Nos abruma el conocimiento
La conciencia
El lugar común de este poema
Me abruma.
Si yo fuera tú iría hacia ti buscando reconocerte.
La soledad es cruda y necesaria
La alegría sólo un concepto.
He visto llorar
Te he visto llorar
Y hubiera querido tantas cosas
Tragarme tu llanto para convertirlo en arabesco
Dibujar una cruz
Y crucificar a tantos.
Es verdad que también cargo con el odio
No puedo sustraerme a tanta hermosura
Todo es esencia
Energía disipada
Motor
Comienzo
Lucha por resistir a la suerte de saber.
Ya todo pasó y no hemos salido todavía
Asistimos con horror a la conciencia.
El velo cae sobre el verso
Y el poema se forma
Como los círculos de la piedra en el charco.



Fotografía de Amber Marie Chavez
REPETIR EL ACTO

Repetir el acto de repetir una escena cualquiera
cotidiana
como tocar cinco veces la taza del café
o mirar detrás de qué puerta por si acaso.
La infancia es un pasadizo de iteraciones
un rito inmaculado,
la casa es demasiado grande para tantas cosas
es necesario obedecerse
mantener el orden sin tentar el desafío,
es necesario estar solo
que nadie vea el desacato
la manifestación extraña de temerse.
Dos veces he dicho este poema
Dos.
Repito.

REPETIR O ATO

Repetir o ato de repetir uma cena qualquer
cotidiana
como tocar cinco vezes a xícara de café
ou olhar detrás da porta apenas por acaso.
A infância é uma passagem das interações
um rito imaculado, 
a casa é demasiada grande para tantas coisas
é necessário obedecer-se
manter a ordem sem tentar o desafio, 
é necessário estar só 
que ninguém veja o desacato 
a manifestação estranha de temer.
Duas vezes eu disse este poema
duas.
Repito.

(Versión al portugués de SPERSIVO)





Claudia Magliano 
(Montevideo, Uruguay, 1974)
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3 de mayo de 2013

Claudia Magliano, Si fuera hombre...

Fotografía de Pier Luigi Esclapon de Villeneuve

Si fuera hombre no me hubiera estrangulado de tu hermoso cuello 
Ni hubiera muerto de tu perfume 
Si fuera hombre, se me ocurre, habría fundado una descendencia 
Una ciudad que incendiar después 
Si fuera hombre vendrías más pronto hasta mi casa 
Cuidarías de mi gato o de mí 
Cuidarías esta rara costumbre de enamorarse 
Iríamos por las calles 
Y la vecindad 
Y las niñas de trapo mascullarían nuestra simpleza 
Y todos saldrían ilesos bajo los vestigios que dejáramos 
Si fuera hombre no me hubiera bajado en la estación correcta 
Después de que trocaras con tu ojo la prosaica ciudad y me dejaras pastoril y mística para siempre 
No te llamaría a estas horas para estar al tanto de que no vas a llegar nunca 
Entonces no hubiera escrito este poema 
Ni otro 
Ni otro 
Ni otro 
O sí 
Tal vez hubiera escrito que si fuera mujer criaría nuestro hijo 
Besando tu frente cada noche 
Nos criaría 
Haciendo del hambre un refugio donde alimentarse 
Haciendo de lo doméstico la imprescindible permanencia 
Hubiera escrito que si fuera mujer dejaría mi blusa en tus hombros
Y cansada de esperarte me ahogaría en el primer barrizal después del diluvio 
Acunando trovas para dormir otro sueño 
Si fuera hombre y no mujer empuñaría mi sexo entre tus piernas 
Y vos del otro lado a la espera de una elevada forma de estar 
Afectarías la cadencia del asombro 
Entretanto tu muslo y tu cintura circunvalaran mi lujuria 
Entretanto practicara yo la magia ancestral de volverse necesario 
De volverse uno entre los otros que tampoco siendo mujer te harían su cautiva 
Te desposaría 
Te daría una casa y un poco de libertad entre billetes 
Si fuera hombre no hubiera podido morirme de amor bajo la sombra firme de tu vientre 
No hubiera podido contemplarte hasta deshacerte de ojo y de mirada 
Y no habría imagen de ti entre mis manos 
Ni húmedas grafías donde inscribir un poco de tu historia 
Si fuera hombre podría olvidarte sin tener al fin que planificarme una estrategia. 





Claudia Magliano 
(Montevideo, Uruguay, 1974)
POEMA INÉDITO
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