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6 de julio de 2011

Ana Nuño, La poesía


 "Huella ecológica", fotografía de Gaby Herbstein
 Ilustración de Pablo Bernasconi
LA POESÍA

Como a Marianne Moore, también a mí
me disgusta. Algo incivil hay en la idea
de forzar las palabras a decir
lo que, pudor o pereza, por dentro
llevan. Tomarse uno tan en serio
no es bueno, además, para la salud.

Como sabían curarse en salud,
los griegos se fabricaron la mí
mesis: el único negocio serio
es la realidad. Esta sabia idea
les permitió asaltarla desde dentro,
forzar y saquearla (es un decir).

Un caballo de madera, es decir,
un vientre hueco lleno de salud
ables mercenarios: entre el adentro
y el afuera, el amplio horizonte y mi
agazapada persona, la idea
de un ataque por sorpresa es, en serio,

genial. Así al menos se salva el serio
escollo de la arrogancia. Decir,
además, es decirse, y una idea,
la forma más antigua de salud
o sin tanta redundancia. De mí
se verá la sombra que doy afuera,

como un ombú, un bambú, lo que hacia afuera
tiende naturalmente, pero, en serio,
no me pidan que les presente mi
pereza torpe, enroscada, y qué decir
de mi incómodo elefante. La salud
de un poema está en omitir ideas

tanto como en expulsar de la idea
la excesiva interioridad. Afuera,
en la noche troyana, la salud
es lo que cuenta. Lo de antes, el serio
dudar de todo, el temor, el decir
se que nada vale el esfuerzo… mi

pereza cede ante la saludable idea:
decir el caballo que allá afuera
galopa serio y triste en mi cabeza.

Sextinario, Fundación Esta Tierra de Gracia, Caracas, 1999



Ana Nuño 
(Caracas, Venezuela, 1957)
Reside en Barcelona desde 1991
de Sextinario, Fundación Esta Tierra de Gracia, Caracas, 1999
para leer + en EMMA GUNST

17 de junio de 2011

Jane Kenyon, 2 poemas 2 (III)

Fotografía de Gaby Herbstein, de "Huella ecológica".
Ilustración de Pablo Bernasconi

PEONÍAS AL ATARDECER

Peonías blancas florecen a lo largo del porche
irradiando luz
mientras el resto del patio se oscurece.

Flores llamativas, grandes como cabezas
humanas. Tambaleándose
por su propia exuberancia, tuve
que apuntalarlas con estacas y bramante.

El aire húmedo intensifica su perfume
y la luna se mueve alrededor del establo
para saber de dónde viene ese olor.

En la tarde crepuscular de junio
me acerco un brote e inclinándome
lo observo como una mujer observa
el rostro del amado.


GALLETA

El perro ha limpiado su cuenco
y su recompensa es una galleta
que yo pongo en su boca
como un sacerdote ofrece la hostia

¡No puedo soportar esa cara confiada!
Él pide pan, espera
pan y yo con mi poder
podría haberle dado una piedra.


BISCOITO

O cão limpou a tigela
e a sua recompensa é um biscoito,
que ponho na sua boca
como um padre oferece a hóstia.

Não consigo suportar esta expressão confiante!
Ele pede pão, espera
pão e eu, com o meu poder,
poderia ter-lhe dado uma pedra.

(Traducción al portugués extraída de ACÁ)

BISCUIT

The dog has cleaned his bowl
and his reward is a biscuit,
which I put in his mouth
like a priest offering the host.

I can't bear that trusting face!
He asks for bread, expects
bread, and I in my power
might have given him a stone.

(de Otherwise: New and Selected Poems, 1996
University of Arkansas Press)





Jane Kenyon 
(Michigan, EE.UU., 1947-1995)
de De otra manera, Colección La Cruz del Sur, 
Editorial Pre-textos, Valencia, 2007
Traducción de Hilario Barrero
para leer MÁS

12 de junio de 2011

Pia Tafdrup, La mano de mi madre


Fotografía de Gaby Herbstein, "Huella ecológica"
Ilustración de Pablo Bernasconi

LA MANO DE MI MADRE

Me baño en la quieta luz de una gota
y recuerdo cómo llegué a ser:
Un lapicero puesto en la mano,
la fresca mano de mi madre sobre la mía, cálida.
— Y así nos pusimos a escribir
entrando y saliendo de corales,
un alfabeto submarino de arcos y puntas,
de caracoles espirales, de estrellas marinas,
de blandientes tentáculos de pulpos,
de grutas y formaciones rocosas.
Letras que con sus cilios se abrían paso
vertiginosamente entre lo blanco.
Palabras como lenguados aleteando
y enterrándose en la arena
o anémonas oscilantes con sus cientos de hilos
en un quieto y único movimiento.
Frases como cardúmenes
que se hicieron de aletas y ascendían
y también de alas que en compás se agitaban,
palpitando como mi sangre que a tientas
golpeaba estrellas contra el cielo nocturno del corazón;
fue cuando vi que su mano había soltado la mía,
que yo hacía mucho, escribiendo, me había desasido de ella.

Traducción de Renato Sandoval y Thomas Boberg



MY MOTHER’S HAND

Bathing in a drop’s quiet light
I remember how I came into being:
A pencil stuck in my hand,
my mother’s cool hand around mine, it was warm.
–And then we wrote
in and out between coral reefs,
an undersea alphabet of arches and apexes
of snail-shell spirals, of starfish points,
of gesticulating octopus arms,
of cave vaults and rock formations.
Letters that vibrated and found their way,
dizzy over the white.
Words like flat fish that flapped
and dug themselves into the sand
or swaying sea anemones with hundreds of threads
in quiet motion at the same time.
Sentences like streams of fish
that grew fins and rose,
grew wings and moved in a rhythm,
throbbing like my blood, that blindly
beat stars against the heart’s night sky,
when I saw that her hand had let mine go,
that I had long ago written myself out of her grasp.

Traducción de David McDuff
Queen’s Gate 1998, Bloodaxe 2001



Pia Tafdrup 
(Copenhagen, Dinamarca, 1952)
POETA/ESCRITORA
Ha publicado un libro en castellano
Los caballos de Tarkovski
Traducción de Francisco J. Uriz
Bassarai, Bilbao, Spain 2009
AUTORIZACIÓN
Thank you for your e-mail. 
I hereby grant you permission to publish 
Pia Tafdrup´s poem “Min mors hand” on your blog.
Yours sincerely
Johannes Riis

1 de junio de 2011

Inmaculada Mengíbar, Sesión contínua


Ilustración de Pablo Bernasconi, "Cibercartas", 2001
SESIÓN CONTÍNUA

Vamos andando tan deprisa a veces.
Video club, relaciones humanas, pub, se vende,
¿qué voy a hacer mañana?, si estuvieras
conmigo ahora, el mar.
El mar triste de las agencias de viajes,
o el de aquella postal, tierna y cursi, que nunca
me enviaste
es tan desconsoladamente verde
como las luces
de los taxis amargos del otoño.
Y es un desesperado
abuso de desconfianza y soledad
el que me lleva
de nuevo a ti, esta tarde,
ahora que las tiendas
empiezan a cerrarse, y es hermoso
pensarte entre la gente, aferrarse a la idea
de que podrías surgir
debajo de cualquier paraguas, sorprenderme
de espaldas, tapándome los ojos y los sueños.
Sobre todo, los sueños. Dónde irá
la gente, tan deprisa,
desandando esta ausencia de pájaros, buscando
refugio en los portales de la noche. Ahora sé
que es preciso haber muerto
muchas veces de amor
para atreverse de esta manera a reincidir
y admitir que me dueles
como un beso prohibido para siempre,
casi secretamente,
como sólo la vida puede doler a veces,
o esta lluvia lentísima
de otro octubre sin ti.




Inmaculada Mengíbar 
(Córdoba, España, 1962)
POETA/ESCRITORA/FEMINISTA/
LICENCIADA EN FILOLOGÍA HISPÁNICA
de Los días laborables, Hiperión, 1988
en WIKIPEDIA
para leer MÁS

18 de marzo de 2011

Piedad Bonnett, Algo hermoso termina


Fotografía de Gaby Herbstein, Huella Ecológica 2
Ilustración de Pablo Bernasconi  
ALGO HERMOSO TERMINA
                           
Todos los días del mundo
algo hermoso termina.
Jaroslav Seifert

Duélete:
como a una vieja estrella fatigada
te ha dejado la luz. Y la criatura
que iluminabas
                   (y que iluminaba
tus ojos ciegos a las nimias cosas
del mundo)
ha vuelto a ser mortal.
Todo recobra
su densidad, su peso, su volumen,
ese pobre equilibrio que sostiene
tu nuevo invierno. Alégrate.
Tus vísceras ahora son otra vez tus vísceras
y no crudo alimento de zozobras.
Ya no eres ese dios ebrio e incierto
que te fue dado ser. Muerde
el hueso que te dan,
llega a su médula,
recoge las migajas que deja la memoria.

SOMETHING BEAUTIFUL ENDS
  
Every day of the world
                                       something beautiful ends.
                                                                 Jaroslav Seifert

Suffer:
as if you were an old, tired star,
light has left you. And the creature
you lighted
                 (and who lighted
your eyes, blind to the world’s
trivial things)
is now mortal again.
Everything recovers
its density, its weight, its volume,
the poor balance that supports
your new winter. Be glad.
Your entrails are now again your entrails
and not coarse food of anxiety.
You’re no longer that drunk and uncertain god
that you turned out to be. Bite
the bone they give you,
down to the marrow,
pick up the crumbs memory leaves behind.

(Traducción de Nicolás Suescún)



Piedad Bonnett 
(Amalfi, Antioquia, Colombia, 1951) 
POETA/NOVELISTA/DRAMATURGA/CRÍTICA LITERARIA
de Tretas del débil, Alfaguara, Punto de lectura, 2004
para leer MÁS
su WEB


17 de marzo de 2011

Marosa di Giorgio, Está en llamas el jardín natal (fragmento)


Fotografía de Gaby Herbstein, Huella Ecológica 2, 
Ilustración de Pablo Bernasconi

ESTÁ EN LLAMAS EL JARDÍN NATAL

1

          Fui desde mi casa, a la casa de los abuelos, desde la chacra de mis padres a la chacra de los abuelos. Era una tarde gris, pero, suave, alegre. Como lo hacían las niñas de entonces, me disfracé para pasar desapercibida, me puse mi máscara de conejo, y así anduve entre los viejos peones y los nuevos peones, saltando crucé el prado y llegué a la antigua casa. Recorrí las habitaciones. Todos estaban felices. Era el cumpleaños de alguien. Por los cuatro lados habían puesto jarritas de almíbar y postales. En medio de la mesa, una exquisita ave, un muerto delicioso, rodeado de lucecillas. El abuelo que siempre estaba serio, esta vez se sonreía y se reía; y antes de que bajase la tarde, me dijo que fuera con él al jardín, y que iba a mostrarme algo. Ya allá arrojó al aire una moneda; yo la vi rebrillar, al caer se volvió un caramelo, del que, enseguida, salió una vara larga y florida como un gladiolo, a cuya sombra yo me erguí, y que creció aún más, después, y duró por varias semanas.

          Yo soy de aquel tiempo,
                                                            los años dulces de la Magia.
              



Marosa di Giorgio 
(Salto, 1932 - Montevideo, Uruguay, 2004) 
para leer MÁSMÁS

10 de marzo de 2011

Jane Kenyon, 2 poemas 2


Fotografía de Gaby Herbstein, Huella Ecológica 2, 
Ilustración de Pablo Bernasconi, (calendario 2011)
EL PRETENDIENTE

 Nos acostamos dándonos la espalda. Las cortinas
suben y bajan
como el pecho de alguien que duerme.
El viento mueve las hojas del viejo boj,
mostrando sus claros reversos
al dar la vuelta todas a la vez
como un banco de peces.
De pronto, comprendo que soy feliz.
Durante meses este sentimiento
se ha estado acercando, ha permanecido
en breves visitas como un tímido pretendiente.



Fotografía de Gaby Herbstein, Huella Ecológica 2, 
Ilustración de Pablo Bernasconi(calendario 2011)
NO

La última oración había sido dicha
y era hora de alejarse
del ataúd, en sereno equilibrio sobre su andamiaje
plateado junto al agujero abierto
que olía como un campo recién gradado.

Y entonces oí un ruido que no parecía
humano. Era más bien como el viento
entre los árboles sin hojas, o como el ganado mugiendo
en un establo lejano. Me detuve,
con una mano sobre el techo del coche,

mientras el sonido subía de tono, y luego
adquiría coherencia verbal: “¡No, no me hagan
esto a mí! ¡No, no…!”. Y cada uno de nosotros
permaneció donde estaba, dudando entre
quedarnos o dejarla allí.

De otra manera, Colección La Cruz del Sur, Editorial Pre-Textos, 2007
Edición y traducción de Hilario Barrero



Jane Kenyon 
(Michigan, EE. UU., 1947-1995)
de De otra manera, Colección La Cruz del Sur, Editorial Pre-Textos, 2007
Edición y traducción de Hilario Barrero
para leer MÁS

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