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10 de enero de 2016

Kateřina Rudčenková, 2 poemas 2 (+1)


Fotografía de Alexander Kan

VEN, ANOCHECER

Esa riada vespertina de gente
extinguiéndose a lo lejos,
la luz agonizante
que se repliega de las calles...
No quiero envejecer
como la mujer de la mesa contigua
cuyas arrugas son profundas
como el patrón del jersey
de su pareja.
No quiero hacerme vieja
como la mujer de la otra mesa
cuyo cabello se asemeja a una peluca
más de lo que una peluca
sería capaz de asemejarse al cabello.
No quiero que mi rostro se pierda
en la vitrina de unas gafas,
en modo alguno quiero
la corporeidad que me constriñe
como el incómodo camarote
de esas refulgentes personas
y ruinas, yo entre ellas,
exponiendo el cuerpo al sol
y la vida a escaparates fortuitos.

Přijď setmění

Ten večerní doznívající proud lidí
slábnoucí světlo které ustupuje z ulic
Nechci zestárnout jako žena u vedlejšího stolu
jejíž vrásky jsou hluboké jako vzor svetru
jejího partnera
nechci zestárnout jako žena u druhého stolu
jejíž vlasy se více podobají paruce
než by paruka byla schopna podobat se vlasům
nechci aby se můj obličej ztratil ve výloze brýlí
vůbec nechci svou tělesnost která mě svírá
jako nepohodlná kajuta
těch zářivých lidí a trosek já mezi nimi
nastavující tělo slunci
a život náhodným výkladům




Fotografía de Federica Erra

ESCOMBROS

Comenzó con la esquizofrenia.
Una luz oblicua los despertaba cada día.
La casa se estremecía
con el estruendo de los tranvías.
Ya desde pequeños.

Nos vamos acomodando, hora tras hora.
Aquí, en esta escombrera, vivía con mi hermano.
En este lugar nos despabilaba el ruido.
Se erguía acá el árbol de navidad
y al lado, en la cocina, vivía la abuela.
Resonaban aquí los pasos,
el tintineo de los cubiertos,
el agua al correr, la risa,
el peine posado ante el espejo.
Solías tener el pelo largo.

Que de los escombros rescatarás libros,
fotos, cartas y joyas.
Que ahí encontrarás tus manos de niña,
tu cabeza, tu sueño y tu miedo.

A qué nos aferramos.
A la ruina, como siempre.
A qué volvemos.
A las paredes.

El polvo ya no hace ningún mal,
no lo limpies ya más.

SUTINY

Začalo to schizofrenií.
Šikmé světlo je denně budilo.
Dům se otřásal duněním tramvají.
Už odmala.
Zabydlujeme se, hodinu po hodině.
Zde v této haldě jsme žili s bratrem.
Tady nás budil hluk.
Stál tu vánoční strom
a vedle v kuchyni žila babička.
Zněly tu kroky,
cinkání příborů, puštěná voda, smích,
hřeben pokládaný před zrcadlo.
Mívala jsi dlouhé vlasy.

Že budeš ze sutin vytahovat knihy, fotky,
dopisy a šperky.
Že tam najdeš své dětské ruce, svou hlavu,
svůj spánek a strach.

K čemu se upínáme.
Ke zmaru jako vždy.
K čemu se vracíme.
Do zdí.

Prach už tomu neublíží,
už ho neutírej.



B O N U S  T R A C K







ph Pavel Wellner
Kateřina Rudčenková 
(Praga, República Checa, 1976)
POETA/PROSISTA/DRAMATURGA
de Antología de poesía checa contemporánea
Traducción de Patricia Gonzalo de Jesús
Editorial Pre-textos, Colección La Cruz del Sur, 2012
para leer + en CENTRO CHECO
su WEB

29 de octubre de 2014

Silvina López Medin, 4 poemas 4


Obra de Giorgos Rorris



 8. 

La cabeza sobre la tapa del escritorio
una imagen de reposo
si no fuera por este dedo que sigue
una veta de la madera,
lo que parece comenzar
a abrirse se cierra y sólo es
un punto de dolor
preciso como la incrustación de una astilla.






Fotografía de Lukasz Wierzbowski



10.

La mujer en la orilla fuma
corre la cara
el viento le devuelve su humo.






Fotografía de Federico Erra




15.

La mujer en la orilla
palpa en su abrigo
el peso de unas piedras.







Fotografía de Mukti Echwantono




19.

Cada tanto se enciende una ínfima brasa
la mujer que fuma en la orilla
no se ve más 
ha quedado tachada.







Silvina López Medin 
(Buenos Aires, Argentina, 1976)
de Esa sal en la lengua para decir manglar, Ediciones del Dock, 2014
Prólogo de Jorge Aulicino
para leer MÁS 
y en: OTRA IGLESIA ES IMPOSIBLE

14 de septiembre de 2014

Alexandra Perdomo, 3 prosas poéticas 3


Just in case we´ll never meet again”, Klimt 1918


TODO NACE DE UNA CICATRIZ 

Son ciertos días en los que pregunto dónde descansa el colibrí, hasta dónde llegan las manadas sin perderse, por qué se mezclan la salvia y el tomillo, cuánto dolor soporta un cuerpo sin heridas.  

Pronto supe que el colibrí que se detiene muere, que el extraviado es revolucionario, que Cortázar no era buen cocinero y que todo cuerpo nace de una cicatriz.

(de Todo nace de una cicatriz)





Fotografía de Federico Erra


SOBRE EL OLVIDO Y OTROS OLORES

Hay quien escribe para no olvidar lo poco que recordamos.

No recuerdo casi nada de mi infancia, ni a mis primos antes de las barbas. Recuerdo el nacimiento de la nueva generación, no recuerdo quién fue el primero. He olvidado el cine en el que vi la primera película, tampoco recuerdo la película.

A veces creo que he olvidado cosas realmente importantes, aunque quizá todo termina siendo importante. Me pesa no recordar lo que aprendí en cuarto grado y el nombre del primer amigo. Olvidé el día en que dejé de ser adolescente o cuando mi madre me encontró la primera cana —prematura, por cierto—. No recuerdo el nombre de los labios que me estrenaron ni el lugar en el que me eché a llorar a causa del primer gran golpe de camino. No puedo recordar, aunque trato —de verdad lo intento—, ni el rostro ni la voz de la mujer que me dijo que nunca diría lo suficiente.

Recuerdo algunas cosas por su olor. Tengo el olor del café que hacía la abuela y el de las galletas que siempre me negaron los adultos. Recuerdo el perfume de tío negro, porque me despertaba jalándome los dedos de los pies. El olor de «Whiskey», mi primer perro. De la primera oficina de mi madre, era el aire, allí olía diferente. Recuerdo a qué huele Santo Domingo, pero no su gente.

Me preocupa olvidar más adelante la temperatura de esos pies descalzos.

No me preocupa olvidar lo que he escrito, sino cómo lo escribí.

(extraído de DOS DISPAROS)




Fotografía de Federico Erra

DOBLES

Se avalancha sobre él, mientras yace en la agonía; mediante el esbozo de un jadeo que cubre el mármol, incluso el suelo, finalmente deja ver algún destello de su vida, tan pequeña y débil en esa noche, llena de susurros y ronroneos, celosos y multiplicados. 

Le grita que viva, más que por pudor o miedo, porque su necesidad de sincerarse es más alta que su respeto por el mundo de otros: para ella no hay muchos como él.






Alexandra Perdomo 
(Maracaibo, Venezuela, 1991)
ENSAYISTA/POETA/DOCENTE
su BLOG

13 de septiembre de 2014

Enrique Zamorano, Sueño con que Mira González me agarre de la mano y me diga que también está deprimida y tomemos muchos antidepresivos juntos y hablemos de la sociedad post-industrial


Fotografía de Federico Erra


SUEÑO CON QUE MIRA GONZALEZ ME AGARRE DE LA MANO Y ME DIGA QUE TAMBIÉN ESTÁ DEPRIMIDA Y TOMEMOS MUCHOS ANTIDEPRESIVOS JUNTOS Y HABLEMOS DE LA SOCIEDAD POST-INDUSTRIAL

les he visto
están en todas partes
en el supermercado y en los cines y en los retrovisores del coche de tu padre
conspiran
nos quieren ver aplastados contra la pared
inescrutables
indefinibles
están en la Bolsa y en el centro de desintoxicación
enseñan a nuestros niños y lavan la ropa de los sin techo
son los que sueñan grandes mitos y grandes estafas
los que aman sin tener la razón
hacen el amor muy fuerte y mascan chicle
no nos aprecian
envenenan a los pájaros y cagan en los baños de los centros comerciales
están ahí fuera
todo el tiempo
su amor está fuera de toda categoría
hacen todo lo posible para que siempre llegues a la conclusión de que
estamos solos
se reúnen
parece que no pero también lloran
y si fuera tú echaría a correr fuera de este mundo
borraría con saliva todas las cicatrices de tu cuerpo, de tu médula espinal y de tu hígado
no dejes que te encuentren
no hay tiempo
cargan los bolsos de ladrillos y apedrean a las señoras mayores a su paso
sus dos faros intermitentes están rojos y húmedos
vigilan de noche y duermen por el día
se acuestan con nuestras parejas y destrozan la caja de medicinas de tu abuela
duermen bajo los puentes
cuando les preguntas te contestan que llevan haciendo eso durante años
que son así
que les han fabricado así
que nacieron y morirán de la misma forma
y que no van a cambiar
y tus ojos se derrumban por dentro y nace el poema
y voy a tomar un avión ahora y voy a irme lejos antes de que me encuentren
y voy a quedarme un rato pensando si quieres venir conmigo
y voy a beber mucho café para estar listo
y te voy a pedir que vengas conmigo
antes de que sea tarde
y alguien
                                                          apague la luz.






Enrique Zamorano 
(Valladolid, España, 1993)
su blog: LA LUZ NO ES NUESTRA
en TWITTER

12 de septiembre de 2014

Paula Jiménez España, La gran muralla...


Fotografía de Federico Erra

"La gran muralla" contaba
la historia de un hombre que heredó
un pedregal y pasó su vida
alzando una pared. Murió sin pensar
por qué lo hacía
y es curioso que no haya imaginado
otra cosa mejor con tantas piedras.
Mientras ella leía el libro
le di el señalador y en lugar
de ponerlo entre sus hojas,
lo guardó en el bolsillo del blazer
donde escondía su machete. Porque un regalo,
pienso ahora, es para hacer con él
lo que se pueda. No contestó 
cuando le dije es tuyo en voz bajita.
Al otro día me entregó una carta
escrita con letra caligráfica, impecable
que imité en secreto.
¿Qué hacer con la amistad, lo recibido
o qué con sus palabras?
Que otros llamen a esa edad
la edad del pavo,
nosotras no supimos
más que soplarnos cosas al oído




Paula Jiménez España 
(Buenos Aires, Argentina, 1969)
POETA/PSICÓLOGA/ASTRÓLOGA
de La mala vida, Bajo la luna, 2007
su blog BESO TAIWANÉS
para leer MÁS

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