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20 de septiembre de 2011

Marguerite Duras, Hiroshima mon amour (**)


Fotografía de Toshi

Te encuentro. Me acuerdo de ti. Esta ciudad está hecha a la medida del amor. Tú estabas hecho a la medida de mi propio cuerpo. ¿Quién eres? Me estás matando. Estaba hambrienta. Hambrienta de infidelidades, de adulterios, de mentiras y de morir. Desde siempre. Ya me imaginaba que un día tropezaría contigo. Y te esperaba con una impaciencia sin límites, sosegada. Devórame. Defórmame a imagen tuya para que nadie más, después de ti, comprenda ya en absoluto la razón de tanto deseo. Vamos a quedarnos solos, amor mío. La noche no tendrá fin. El día no amanecerá ya para nadie. Nunca. Nunca más. Por fin. Me estás matando. Eres mi vida. Lloraremos al día muerto con conocimiento y buena voluntad. No tendremos ya nada más que hacer, nada más que llorar al día muerto. Pasará tiempo. Solamente tiempo. Y vendrá un tiempo. Vendrá un tiempo en que ya no sabremos dar un nombre a lo que nos una. Su nombre se irá borrando poco a poco de nuestra memoria. 
Y luego, desaparecerá por completo.




Marguerite Duras 
(Vietnam 1914 - París, Francia, 1996)
de Hiroshima mon amour (Alain Resnais, 1959)
(**) fragmento
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5 de abril de 2011

Marguerite Duras, Hospital silencio

(*)

HOSPITAL SILENCIO

Se trata de mujeres, y sólo de mujeres, de gran cantidad de mujeres que abortan en una carnicería ultra moderna y especializada, un hospital parisino. Estamos zambullidos en el olor de la sangre, el de la carne humana, fetal, y en el de la mujer que la hace, que hace los hijos. Es para huir de ello. Estamos zambullidos en los menstruos de la mujer, sus ciclos lunares de sangrado. Es para huir de ello y es maravilloso porque está escrito, y para siempre. Esta extirpación, esta extracción del niño se muestra también aquí en cadena, pero caso a caso.

Hospital silencio no es en absoluto una requisitoria a favor o en contra de la libertad de aborto. Es un libro de literatura. Un escrito. Un texto. Sólo la literatura podía estar a la altura de este drama. El periodismo, con raras excepciones, no. Porque se queda en la puerta y sólo muestra lo aparente: precisamente lo que la literatura desdeña. A la literatura le pertenece todo. Toma y recompone. O recompone el mundo o no existe. Si no recompone el mundo que se vaya a paseo. Creemos librarnos de un feto y somos ya portadoras de un niño. Y abortar es matar al niño. También ahí reina la mentira, la hipocresía de la desesperación de las mujeres. Las mujeres no dicen nada. El escrito restablece la verdad o, más exactamente, la propone: al igual que cada muerte es la muerte, cada niño es el niño. Nadie ha hablado de Hospital silencio

Tal vez los hombres no han podido leerlo, asqueados, y las mujeres no han escrito sobre ello para no disgustar a los hombres.
Pero, leído o no, ese libro seguirá vivo en la literatura. Un gran libro silenciado hasta ese punto, significa algo.




Marguerite Duras 
(Vietnam, 1914 - París, 1996)
Le Monde extérieur, Paris, P.O.L., 1993, p. 147
en El Mundo exteriorEditorial Plaza&Janés Editores, 1994
artículo sobre Hospital silencio, de Nicole Malinconi
Editorial de Minuit
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22 de febrero de 2011

Marguerite Duras, Las manos negativas (fragmento)





LAS MANOS NEGATIVAS

Te amo
Grito    que    quiero    amarte,  te amo
Amaría a quien me escuchase gritar



Je t'aime
Je crie que je veux t'aimer, je t'aime
J'aimerai quiconque entrendra que je crie



Eu te amo
Eu grito que eu quero te amar, eu te amo
Eu amarei quem quer que escute o meu grito




Marguerite Duras 
(Ho Chi Minh, Vietnam, 1914 - París,  1996)
de Les mains négatives, 1979
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14 de febrero de 2011

Marguerite Duras, Nada


Fotografía de Sonya Jach (Polonia)
NADA

De la misma manera que existe esta ilusión
en el amor, esta ilusión de ser capaz de no
olvidar nunca, también yo he tenido la ilusión
ante Hiroshima de que jamás olvidaría.
Igual que en el amor.”

Ella (en voz baja). –Oye…
Sé…
Lo sé todo.
Todo sigue.

El. –Nada. No sabes nada.

                      Nube atómica.
                      Atomium que gira.
                      La gente camina por la calle bajo la lluvia.
                      Pescadores afectados por la radioactividad.
                      Un pescado no comestible.
                      Miles de pescados no comestibles enterrados.

Ella. –  Las mujeres corren peligro de dar a luz niños deformes, monstruos, pero todo sigue.
Los hombres corren el peligro de verse atacados de esterilidad, pero todo sigue.
La lluvia da miedo.
Lluvias de cenizas sobre las aguas del Pacífico.
Las aguas del Pacífico matan.
Han muerto pescadores del Pacífico.
La comida da miedo.
Se tira la comida de toda una ciudad.
Se tira la comida de ciudades enteras.
Toda una ciudad monta en cólera.
Ciudades enteras montan en cólera.

                  Noticiarios: Unas manifestaciones.

Ella. – ¿Contra quién, la cólera de ciudades enteras?

La cólera de ciudades enteras tanto si lo quieren como si no, contra la desigualdad establecida como principio por ciertos pueblos contra otros pueblos, contra la desigualdad como principio por ciertas razas contra otras razas, contra la desigualdad establecida como principio de ciertas clases contra otras clases.

                      Cortejos de manifestantes.
                      Discursos “mudos” por los altavoces.

Ella (en voz baja). –Oye…
Igual que tú, yo conozco el olvido.

El. –No, tú no conoces el olvido.
Ella. –Igual que tú, estoy dotada de memoria. Y conozco el olvido.
El. –No, tú no estás dotada de memoria.
Ella. –Como tú, también yo intenté luchar con todas mis fuerzas contra el olvido. Y he olvidado, como tú. Como tú, deseé tener una memoria inconsolable, una memoria de sombras y de piedra.

                      La sombra “fotografiada” sobre la piedra
                      de un desaparecido de Hiroshima.

“Desfile de jóvenes llevando pancartas
Segunda serie de pancartas:

I

Este prestigioso resultado (bomba atómica)
hace honor a la inteligencia
científica del hombre.

II

Pero es lamentable que 
la inteligencia política del hombre
esté 100 veces menos desarrollada
que su inteligencia científica.

III

Y nos impida por completo
admirar al hombre.”



Marguerite Duras 
(Vietnam 1914 - París, Francia, 1996) 
de Hiroshima Mon Amour, 1959
Dirección: Alain Resnais 
Guión: Marguerite Duras
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