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13 de noviembre de 2020

Celeste Dieguez, Tiene que tener peronismo


s/d del autxr

TIENE QUE TENER PERONISMO

Los últimos años nos la pasamos entrando a esta plaza.

Vos, yo y tantos miles de hombres con sus mujeres del brazo
siempre dispuestos a explicar todo
a decirnos que conviene comer, tomar,
hacia donde ir a buscar reparo en caso de alguna eventualidad.
Y yo que no suelo esperar ninguna orden
pienso
como va a ser posible un cambio en esta área
tan sutil
si no es agarrándose a piñas cada vez
que alguien pretende decirnos como son las cosas
cosas que podemos ver con nuestros propios ojos;
entonces quiero subirme a esa columna de luz
para poder ver el diseño completo
como qué va a pasar con nosotros
o fantaseo que voy al baño químico y aprovecho
para escabullirme entre esas hamburguesas
grandes y perfumadas que me llaman,
el corazón emocionado porque hoy habla Ella
llorando por todos los amores que se han ido,
que se han muerto en su vida, en la mía
y en las vidas de todos nosotros
tanto por hacer aun
y no se sabe por dónde
y está todo minado.




Celeste Dieguez
(Chascomús, Bs. As., Argentina, 1979)
de La Plaza, Malisia Editorial, La Plata, Argentina, 2017
Leído en la columna Un poco de amor poético por Flor Codagnone
para leer + en JÁMPSTER



27 de noviembre de 2019

Herminia C. Brumana, Dueña del mundo


Collage de Madelaine Buttini (Madbutt)
DUEÑA DEL MUNDO

Hace media hora que estoy caminando por la solitaria calle de
los Bancos. Iba al teatro, pero como es temprano me he puesto a
andar en este lugar poco frecuentado, porque esta noche las luces y 
las gentes me molestan.
Camino lentamente. Y miro al cielo pleno de estrellas. De pronto
me asalta el pensamiento de mi pequeñez ante la grandeza de las
calles, de la tierra, del universo: mi insignificancia ante las grandes 
obras realizadas por otros, la debilidad del organismo humano, la
muerte, la nada. No sigo pensando. Hago un esfuerzo para huir
de todo eso y por recobrar optimismo.
He aquí, me digo, que en esta noche soy dueña de mi destino.
¡Lo son, acaso, todas estas mujeres que están en su casa atadas a la
voluntad de un marido o de un padre!
¡Cuántas de ellas tendrán deseos de salir en una noche así
estrellada, para ir a "ninguna parte" taconeando por esas veredas,
sin más rumbo que la casualidad ni más guía que el azar!
Sin embargo, no pueden.
Me da tristeza su condición de esclavas disimuladas.
Esto de ser consciente y dueña de su persona no tiene precio.
Y sigo caminando, ajena a toda preocupación. No me espera
nadie. Por eso estoy contenta. No me espera ni siquiera el amor. Por
eso soy plenamente feliz en este instante. Porque mi libertad es
superior a mi amor. O mejor dicho, mi amor está en mi libertad. Me
siento esta noche dueña del mundo y pienso: realmente, la vida es
hermosa.




Herminia Catalina Brumana
(Pigüé, 1897 -Bs.As. - Capital Federal, Argentina, 1954)
ESCRITORA/MAESTRA/EDUCADORA/PERIODISTA/
DRAMATURGA/ACTIVISTA/FEMINISTA
en Nervio nº 5, Año 1, Buenos Aires, septiembre de 1931
Lectura recomendada por Flor Codagnone
para leer la reseña (por Graciela Falbo) de Tizas de colores, 1932
reeditado por Editorial MaravillaVilla Ventana, 2016 
para leer + en LA VIDA DE PIE




30 de abril de 2019

Georgia Douglas Johnson, Maternidad/Mujer negra



Obra de Archibald Motley
MATERNIDAD/MUJER NEGRA

No toques a mi puerta, pequeño hijo.
No puedo dejarte entrar;
no sabes lo que es este mundo
de crueldad y pecado.
Espera en la calma eternidad
hasta que yo llegue a vos.
El mundo es cruel, cruel, hijo.
No puedo dejarte pasar.

No toques a mi corazón, pequeño.
No puedo soportar el dolor
de volver sordos los oídos ante tu llamado.
No conoces a los hombres monstruo
que habitan la Tierra.
Quédate quieto, mi precioso hijo.
No puedo darte a luz.


MOTHERHOOD/BLACK WOMAN

Don’t knock on my door, little child,
I cannot let you in;
You know not what a world this is,
Of cruelty and sin.
Wait in the still eternity
Until I come to you.
The world is cruel, cruel, child,
I cannot let you through.

Don’t knock at my heart, little one,
I cannot bear the pain
Of turning deaf ears to your call,
Time and time again.
You do not know the monster men
Inhabiting the earth.
Be still, be still, my precious child,
I cannot give you birth.






Georgia Douglas Johnson
-Georgia Blanche Camp Douglas Johnson-
(Atlanta, Georgia, 1880 - Washington D.C., EE.UU., 1966)
en The Crisis: A Record of the Darker RacesOct. 1922, pg. 265
en Bronze, B. J. Brimmer Company, Boston, 1922
Traducción de Flor Codagnone
para leer MÁS

7 de noviembre de 2017

Flor Codagnone, V (de Filos)


Fotografía de Daniel Coburn
V

En nombre de dios 

me arrastrás, borrás mi nombre 

me atás a heridas que no merezco,
a un cuerpo que no merecemos
ni mis hijas ni yo. 

Es a puertas cerradas, 

tu religión, mi cárcel,
  
pero, hoy, 

de esa violencia se escapa.





Flor Codagnone
(Buenos Aires, Argentina, 1982)
PERIODISTA/POETA/TRADUCTORA
Editorial Pánico el Pánico, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2017
Libro digital
para leer MÁS

11 de diciembre de 2016

Flor Codagnone, 6 poemas 6 (de Resto)


Fotografía de Petra Collins

En este desierto insoportable
de palabras. Te pienso, te espero
a mitad de camino. Hagamos otoño
cuando no haya con qué
cubrirnos la piel
del silencio.





Fotografía de Petra Collins

Algo me devora,
se alimenta de mí,
me detiene, me abre
en dos, me llena
de lágrimas.

¿Qué es esto que dice
"soy mujer"?

Agua que va al agua.




Petra Collins fotografiada por Ryan McGinley

Corrí hacia tu angustia
tajeé la carne,
me abrí en pedazos,
arranqué mi cuerpo. Quise
que no hubiese modo
de hacer con el sexo.

Poesía es más allá
de la literatura
(lo que no duele no pasa).



Fotografía de Petra Collins

Sigo herida, castigada:
volvés siempre
a la geografía de mi memoria.





Fotografía de Petra Collins

Voy a tener miedo.
Te voy a pedir que me abraces.
El vestido puede arrancarse.
La piel, no.





Fotografía de Petra Collins

Vomité tu nombre
en un suspiro.

Hay más cicatrices
de las que temo.




Flor Codagnone 
(Buenos Aires, Argentina, 1982)
PERIODISTA/POETA/TRADUCTORA
de Resto, Modesto Rimba, CABA, 2016
para leer MÁS y MÁS

19 de marzo de 2015

Flor Codagnone, 8 poemas 8 (de Mudas)


Fotografía de Ines Rehberger


¿Me decís el nombre de lo que nos une?
O si hay nombre
si los fantasmas se hacen cuerpo
o si el daño es hoy
“Mentime”, digo. Y caés
a centellear: No-puedo-mudar-de-piel.




Fotografía de Ines Rehberger


Cambiamos de muerte un viernes.
Era de noche azul, nos tomamos las manos
y prometimos aquello que no dijimos.
Una sonrisa, apenas, o la energía
de la máscara.





Fotografía de Ines Rehberger

después del cruce de palabras
el tren acerca sus luces
y entiendo
que no soy linda,
que ningún hombre va a quererme
aunque me quiera
o me desee
o me construya
con su mirada
o me escriba una canción
que reboque el modo
en que nos decimos y nos vemos.




Fotografía de Ines Rehberger

Si soy una canción,
soy una canción problemática
que alguien toca con un fuelle asmático,
con un viento libre y sureño,
con una guitarra pueril,
que alguien canta con una voz
limpia, linda
algo
aguda, masculina,
que alguien dice con algo de rock,
que alguien baila en el subte
cuando recuerda.
Y si soy una foto, miro siempre
hacia abajo.
Y si soy un instante,
gimo.





Fotografía de Ines Rehberger


Estamos metiéndonos en lo profundo,
la espesura de tu mano no alcanza
a agarrarme, puedo escurrirme
como una miga de pan o como
un beso en la comisura.
Si nunca supiste decir “te quiero”,
no es el instante.




Fotografía de Ines Rehberger

Se están borrando las cicatrices
que me recuerdan que falta algo, mejor,
que hay algo enlazado, anudado
en el interior de mí.





Fotografía de Ines Rehberger


No soy reina nunca,
en nada,
para nadie.
A lo sumo, princesa,
sin miriñaque ni tiara
que me sindiquen como tal.
Ya ves: la sangre se me nota
por todos los costados
y los roces y las faltas.
No hay amor propio
en mi fantasía,
ni voz, ni cuerpo, ni mar.





Fotografía de Aaron Feaver


Todo fue mal después de vos
porque no supe de mí
y empecé a rasgar los lutos de otros,
a repetir
lo que decían los hombres
sobre las mujeres.
Y se me cansaron los pies
de escuchar esa canción
que habla del día y de mí.



Flor Codagnone 
(Buenos Aires, Argentina, 1982)
PERIODISTA/POETA/TRADUCTORA
de Mudas, Editorial Pánico el Pánico, 2013
para leer una reseña sobre su OBRA
una ENTREVISTA
para leer MÁS

15 de febrero de 2015

Flor Codagnone, 7 poemas 7 (de Celo)


Fotografía de Elif Sanem Karakoc

Me basta un beso precario
para extender las alas
y hacer mi arte:
convertirme en grulla
y volarte la cabeza o, desnuda,
en la nieve, disparar el arma
de tu sexo y enterrarme
con palabras y después…
hurgar la entrepierna
de mi pensamiento
y construir castillos
con voces de otros.
Hay quien dice que duelo.





Fotografía de Elif Sanem Karakoc

Temo a mi boca,
violentamente temo
a la idea de mi boca,
a la curvas bajo el vestido,
a la idea de tus manos
o a la mirada bajo el vestido,
a las cosas que puedo
si me dejo. Violentamente
temo a mi boca, al sentido,
a mis partes, a ser sola,
a la idea de la idea de la idea
cuando me desvisto.




Fotografía de Elif Sanem Karakoc

Las palabras van a morir
a la angustia
y no hay signo
que escape a ese paso.
Estamos condenados
a la música del adiós.




Fotografía de Elif Sanem Karakoc

La sangre circula sola
y la pregunta es “¿qué?”,
la respuesta no importa
ni lo que hayas escrito,
dónde están tus papeles
a qué huele mi carne.
Acabaremos heridos
de cualquier modo, el vino
no me gusta. Por la noche
hay palabras que sobran.




Fotografía de Elif Sanem Karakoc

Ni jugar a la guerra podemos
sin que la guerra nos habite,
sin que nos mudemos uno
a las palabras del otro
y empecemos el festín antropológico.

Hay tantas minas lindas y yo no,
yo, en mi maldita resistencia,
por los costados lucho,
por los costados resisto.
Sangro por el costado.

Quizás no lo sepas,
pero algo medieval
tiñe esta pelea:
(Hay voces hechiceras).

Todo lo que dijiste
–No cambiás. No podés.
No cambiás. ¿No sufrís?–
y todo lo que quiero.




Fotografía de Elif Sanem Karakoc

No vas a entender nunca mis lugares,
ni que los apropie y los quiera y los extrañe.

No sabés de mis calles ni de mis cortadas
ni de lo que sigue girando
en la calesita de la infancia.

No vas a entender esta tristeza
que es mía y que duele un cuerpo
recortado grave vacío conectado cosido.

Ni mis usos del lenguaje, ni mis deseos,
ni las pocas cosas de mí en las que creo.
Hay santas herejías de las que adolezco.




Fotografía de Elif Sanem Karakoc

Buscamos algo distinto.
Una boca que bese a miel
y que sepa a beso,
un rincón al que correr
para quedarnos quietos.

Un cuerpo roto, rasgado,
que quepa en mí
y pueda encender el celo.

Un agujero, el que nos salva siempre,
y una letra divina, antigua,
que no se pueda decir ni escuchar
que no inscriba lo que significa.

Busco un nombre fuera del padre,
más allá del nombre, después de mí
y de todos los varones.

Un cuerpo de mujer,
que es mío, nada más
que mío, mujer
tajada, escindida, imaginada,
creada, sexuada, anudada.

No es lo que quise creer,
que hay demasiadas sombras en mí,
un cuerpo tomado por lutos infinitos
de palabras. No,
en mí, algo estalla
de vida.




Flor Codagnone 
(Buenos Aires, Argentina, 1982)
PERIODISTA/POETA/TRADUCTORA
de Celo, Editorial Pánico el Pánico, 2014
para leer una ENTREVISTA
y MÁS

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