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9 de febrero de 2021

Carina Sedevich, 4 poemas 4


Petronella Barker

KÁRHOZAT O LA CONDENA

El hombre conoce el filo del cuchillo que le raspa la cara
por el sonido espeso y gris. Cae la lluvia sobre el bar
y la mujer que canta dentro tiene el pelo húmedo.
Cada película del húngaro es una caja de música.
Los diálogos son innecesarios, pero en un momento
alguien dice: “todas las historias son de desintegración”.
El protagonista vacía la copa de un trago y yo me ahogo.



Petronella Barker

ILYA KAMINSKY

Sobre la estera, reclinada encima
de los empeines de mis pies, oigo el
mantra del mundo. No tiene sentido.
Dijo el poeta sordo que el silencio
es eso que inventaron los que escuchan.



Petronella Barker Ph Karolina Henke


Consciente de la muerte. Quiero decir, palpando
el sinsentido con el corazón, como Castilla
palpaba al mandarino de su casa vieja.
Un invierno menos. En lo que resta de agosto
la escarcha no volverá. Mis encías se encojen.



Petronella Barker

JOSÉ WATANABE

Como en un campo helado corre el ruido de la noche.
Pocas figuras dispersas en un tiempo plástico, que
se extiende como por reacciones químicas. Un
silencio apenas salpicado. Preferiría, como el
haijin, no tener que escribirlo. Pero estoy sola.



Ilustrado por María Alicia Favot


Ph Laura Bellomo
Carina Sedevich 
(Santa Fe, Argentina, 1972) 
Reside en Villa María
POETA/LICENCIADA EN CIENCIAS DE LA COMUNICACIÓN/
SEMIÓLOGA/PROFESORA DE YOGA Y MEDITACIÓN/
COORDINADORA DE REVISTA ARDEA
de Cuando la muerte sorprendió a Fassbinder
Tanta Ceniza EditoraNeuquén, 2020

19 de octubre de 2014

Carina Sedevich, Romance para Francisco


'На балтийском море' © Антанас Суткус, 1970




ROMANCE PARA FRANCISCO

El bebé que no recuerdo se va al mar.

En lugar de mis sueños incipientes 
vino él.
Ahora él 
se encargará de aquellos sueños.

Mi única ilusión era marcharme.
Pero aquel bebé que no recuerdo 
arribó un día. 

Procuré hacerlo volar 
pero él no quiso.
Se aferró como un fuego a su raíz dispersa.
Recogió en muchos pechos
el calor que podía.
Armó su rostro 
con los gestos de los hombres 
que nos fueron dejando
en el camino.  

Aquel bebé que no recuerdo 
tuvo un cuerpo que cuidé
y un ánima inabarcable 
que acaricié con ternura.

Para salir a convertirme en madre
lo abandoné muchas horas de su vida.
Lo dejé sin padre para ser también padre.
A nadie más jamás se lo confié.   

El bebé que no recuerdo 
me vio llorar muchas veces.
Me vio tallar el corazón como a una piedra
con el filo de unas letras
en penumbras 
y sola. 

No me atrevo a preguntarle por su infancia.

El bebé que no recuerdo ama con fuerza 
de hombre
y su amor es tan puro y tan ligero que aterra.

El bebé que no recuerdo se va al mar 
para buscar la sal para su casa.

No corre por sus venas el pavor de sus padres.

Con el calor que pudo recoger en su pecho
hizo un amor más grande que las aguas.

No sé cómo.

Con los sueños truncados de los otros
hizo un barco. Hizo un puerto.

Navegó.

Yo no sé cómo.

Octubre de 2014





Carina Sedevich 
(Santa Fe, Argentina, 1972) 
Reside en Villa María
POEMA INÉDITO
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30 de abril de 2014

Carina Sedevich, Amor


Fotografía de Brendan George Ko



AMOR


De una materia turbia y demorada
son los días.

La ternura es posible
y la tristeza
un pan administrado con justicia.

Abril de 2014





Carina Sedevich 
(Santa Fe, Argentina, 1972) 
Reside en Villa María
POEMA INÉDITO
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7 de enero de 2014

Carina Sedevich, Elegía para Bernardo


Fotografía de Alisa Andrei

ELEGÍA PARA BERNARDO

Me dijeron que habías muerto, por fin
después de un año y medio de agonía
después de la vida entera de saber
que morirías.

Yo que no fui tu mujer sabía
porque me lo habías contado
que no creías en nada que pudieras hacer
para conjurar  tu destino.

Yo que no fui tu mujer sabía
que escribías cuentos y que dabas tu sangre
y el nombre de los perros de tu quinta.

Yo que no fui tu mujer te escribí 
con tanto sentimiento que logré 
que un día te odiara mi marido.

Hoy me paré a los pies de tu ataúd y te miré.
La barba recortada en el color de la muerte.
Hubiera querido mirar tus ojos cerrados
profundamente cerrados
mirarlos profundamente.

Tus ojos árabes, enormes como bestias.
A mí que no me amaste esos ojos me miraron
alguna vez, y eso me consuela. 
A mí que no me amaste me habrás recordado
alguna vez, solo, con lujuria o con pena. 

Sentí celos y lástima de quienes te vistieron,
de quienes vieron tu cuerpo enflaquecido.
Yo que te tuve cuando estabas entero.

Las manos de tu madre hurgaban la mortaja
buscando tus manos amarillas
con movimientos lejanos, automáticos.

Yo que no fui tu mujer, entonces,
no pude acercarme
aunque no hubiera otra que te reclamara.
Estabas solo, con tu madre
y no tuve el coraje de tocarte.

Habrás sufrido, habrás deseado la vida.
De todos modos
repartiste tus cosas entre tus hermanos
y dejaste pagado tu sepulcro.

Realmente sos vos, no estás distinto.
Hubiera querido conocerte libre
porque te merecías un amor entero
y aunque así no fuera, te lo hubiese dado.

No pude pasarte la mano por el pelo.
Susurré un padre nuestro, pero ya en la calle
mientras el viento de junio se quemaba. 

A mí que no me amaste me habrás visto llorar.
¿Perdonarás ahora mi egoísmo
como se perdona el capricho de algún niño ajeno?

Yo que no fui tu mujer te hubiera amortajado,
hubiera acariciado los huesos de tu cara. 




Carina Sedevich 
(Santa Fe, Argentina, 1972) 
Vive en Villa María
de Escribió Dickinson, Editorial Alción, Córdoba, 2014
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21 de agosto de 2013

Carina Sedevich, 3 poemas 3 (III)


Fotografía de B. Berenika

Estoy a gusto aquí
En mi más acá
Aunque mi viejo cuerpo a veces juega
Conmigo
Como con una madeja.

Como un gato
Con una vieja madeja.

Quién sabe qué llama resistente
En qué momento se duele del otoño.

De pronto ocurre
y es tan grave.

Es un instante en el que todo arde
pero nada arde finalmente.

*



Fotografía de B. Berenika

Súbitamente no existe nada roto
Por más que esté todo disperso.

Sólo quiero sentarme a jugar
Aunque sé lo trivial 
De mis juegos.
Sé que hay algo en el silencio
Aquella montaña 
Que horadar.
Pero no estoy desesperada.
Debo llenar los silos.
Sigilosa.


*



Fotografía de B. Berenika



Se segaron los maizales
Eso es todo.
Marzo ya no es casi nada
Para mí.
En unos años
Mis almanaques estarán tan llanos
Como el campo seco.
Mientras el tiempo pasa
Como una cabra andando su corral
Cada cosa alcanza su medida.
Es una piedra mojada muchas veces.

*




Carina Sedevich 
(Santa Fe, Argentina, 1972) 
Vive en Villa María
POEMAS INÉDITOS
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11 de abril de 2013

Carina Sedevich, 3 poemas 3 (II)




No quiero cargar con otra cosa
Que la fina lámina del cielo
Que mis ojos pueden alcanzar.

*







Quiero escuchar los ruidos que la lluvia dejó
Porque son hondos.
Los inocentes fuegos del pájaro.
Los papeles de las hojas.
Un carnaval sin arder
Es lo que pasa.
El gris de los muros está más grisado
Y el campo lavado 
sigue siendo gris.

*






Si, estoy sola
Como lo están los pájaros.
Puedo recordar 
Cada momento como este
Parecido a este
Y este es el mejor.
No vendrá mamá 
a preparar la leche.
No vendrá mi hijo 
a pedirme la leche.
Ni mi hombre querrá 
que yo beba su leche
Hoy.
Me río bajito
Como gotean 
Los pájaros
Su canto.
Hoy he comprendido
Un poco más.

*



Carina Sedevich 
(Santa Fe, Argentina, 1972) 
Vive en Villa María
de Escribió Dickinson, que  editará  Alción,  Córdoba-junio 2014
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26 de febrero de 2013

Carina Sedevich, Señores Padres


Fotografía de Cristo Stankulov




“señores padres”
decía el papelito
olvidado por la madre
en el vestuario de damas

mi hijo es grande
ya no recibo esas notitas

“señores padres”
antes era yo
siempre fui yo
y nadie más lo ha sido

cuando me hicieron
los abortos
yo fui también
“señores padres”

con la misma intensidad
con que llevé
mi hijo de la mano
a las escuelas

(inédito, 2013)






Carina Sedevich 
(Santa Fe, Argentina, 1972) 
Reside en Villa María
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2 de febrero de 2013

Carina Sedevich, Siempre te tomaste tu tiempo...


Fotografía de Heinz Hajek-Halke



Siempre te tomaste tu tiempo para todo.

También para dejarme te tomaste tu tiempo:
doce largos años estuve entre tus brazos.
En las lejanas montañas o en las montañas viejas
mientras el aire filoso te acaricia la cara
-como yo en otros tiempos, buscando la ternura,
saliendo dolorosamente de mis manos-.
Ensayando movimientos lentos de animales
en la casa fría, antes que el sol entrara.
Desvelado siempre por mi lejanía
con el alma atravesándote el cuerpo
por la espalda.
Siempre te tomaste tu tiempo para todo.
El tiempo caminaba, pasando por tu cara.
O pasaba por tu cara como sombra.
El tiempo te pasaba por las manos
y a veces apretabas los puños, a mi lado. 
Los recuerdos infelices se vuelcan de repente
como se vuelca una jarra abandonada
a la siesta, debajo de un alero.
Como el agua de todos nuestros mates.
¿Cuánto habremos bebido, tarde a tarde,
desde aquel año del dragón a este?
¿Cuándo fue que empezaste a decidir 
que te ibas a ir una mañana?
Trajimos esa yerba de Misiones,
fue la última yerba que probamos. 
Siempre te tomaste tu tiempo para todo.
Cantábamos juntos en el auto, de regreso.
Aquel tiempo que tomaste se acababa.




Sempre ti sei preso il tuo tempo per tutto.
Anche per lasciarmi ti sei preso il tuo tempo:
dodici lunghi anni sono stata tra le tue braccia.
Sulle lontane montagne o sulle montagne vecchie
Mentre l’aria tagliente ti accarezza la faccia
-come me in altri tempi, cercando la tenerezza,
che esce dolorosamente dalle mie mani-.
provando movimenti lenti di animali
nella casa fredda, prima che il sole entrasse.
Insonne sempre per la mia distanza
Con l’anima attraversandoti il corpo
dalla schiena.
Sempre ti sei preso il tuo tempo per tutto.
Il tempo camminava, passando sul tuo volto.
O passava sul tuo viso come ombra.
Il tempo ti scorreva tra le mani
E a volte stringevi i pugni, al mio fianco.
I ricordi tristi si rovesciano d’improvviso
come si rovescia una caraffa abbandonata
al riposo, sotto la veranda.
Come l’acqua di tutti i nostri mate.
Quanti ne avremo bevuti pomeriggio dopo pomeriggio
da quell’anno del dragone a questo?
Quando ha iniziato a pensare
che te ne andavi una mattina?
Abbiamo portato quest’erba dalle Missioni,
è stata l’ultima erba che abbiamo provato.
Sempre ti sei preso il tuo tempo per tutto.
Cantavamo insieme nell’auto al ritorno.
Quel tempo che hai preso finiva.








Carina Sedevich 
(Santa Fe, Argentina, 1972)
Reside en Villa María
POEMA INÉDITO
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10 de diciembre de 2012

Carina Sedevich, La ropa usada


Fotografía de Maria Thulin


no entremos otra vez en esta farsa
no hablemos más
sencillamente
no tenés al hombre que amé
en la camisa
no tenés al hombre que amé
en los pantalones
y tampoco te podés poner
en sus zapatos

recordame con el vestido lila
o con el vestido rojo
con flores amarillas
recordá cuando yo tenía sed
de las cosas hermosas
que ofrecías
de la paz
de las transformaciones

pero no pensemos en encontrar
una hendija para volver a mirarnos

nos quedamos bailando, solos,
en aquella fiesta
nos quedamos preparando las brasas
en el patio de la casita nueva
nos quedamos un treinta de diciembre
con un evatest con dos rayitas

esos éramos nosotros

ese era el hombre con espalda
de padre
y pecho de amante
y manos de sembrar
que yo quería

el que sabía cantar
el que jamás
se hubiera detenido.


(inédito)





Carina Sedevich 
(Santa Fe, Argentina, 1972)
Reside en Villa María
para leer MÁS

20 de septiembre de 2012

Carina Sedevich, 2 poemas 2 (II)


s/d del autor de la fotografía



La gata me habla como un bebé.
Y me lame las manos
como un perro. 
Y monta guardia mientras duermo
como un planeta. 
Cuando escribo
se acomoda sobre los papeles.
Y me mira.
Sólo para que sepa 
que ella está. 

El peor momento es la mañana.
Ella lo sabe.
Cuando sé que no puedo dormir
más. 
Y confirmo que estoy mejor así
sola y despierta
pero recuerdo vagamente 
las trazas de algún hombre
y me entristezco. 

Pienso
si el amor apagado puede
servir para algo.
Si es como una ceniza
para mezclar con arcilla
o con agua
o con savia
y hacer una cataplasma
un ungüento
un bálsamo.

¿De qué puede servir
todo el amor apagado?
Lo pongo fuera de mí.
Pienso en alguna cosa
que con el paso del tiempo
consiga cada vez
una hoja más tibia
más azul
más lenta para surgir
más rápida de aplacar.
Una hoja
donde se haya escrito
la idea
del amor una vez.
Una idea 
tal vez como una pera.
La pera guarda
la forma del amor.
Cuando se pone azul
ya no parece una pera.
Pero quizás
con el tiempo
uno se acostumbre.

De todas formas
me entristece
el papel, las cenizas,
las peras, el azul,
la idea, la costumbre.
Mi gata se da cuenta.
Me lame los dedos.
Me llama como un niño.
Me mira.
Sólo para que sepa.





Mientras viajo a Córdoba y hace calor
dentro del colectivo, las cortinas azules
dibujan como olas, como llamas,
y pienso
acerca de las frases que usan los hombres.

Necesito una casa a la cuál volver”.
“Quiero una familia”.
“Vos sos mi mujer”.
“Quiero que me cuides un poquito”.
“Yo te doy todo lo que tengo”.
“Yo le pongo el pecho a esto”.
“Siento que jamás es suficiente”.
“No me permitís llegar a vos”.
“Estás más loca que una cabra”.

Bueno.

Abro las cortinas
necesito ver pasar las cosas
el gris de los ladrillos, el pasto seco.
Soy completamente inútil para todo esto.
Ahora veo bien por la ventana.
Las llamas o las olas
pintadas en el vidrio.






Carina Sedevich 
(Santa Fe, Argentina, 1972)
Reside en Villa María
Poemas inéditos
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