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27 de junio de 2018

Hanni Ossott, 2 poemas 2 (III)


Fotografía de Lin Yung Chen

LA PALABRA DE LA TIERRA

Sujétate
Agárrate como un árbol a la tierra
tenso entre sus raíces
fibra y cuerpo
para lo difícil
los vientos
la precariedad
el beso de lunas

Asiéntate con fervor
entre lo duro y lo rocoso
ama eso que te debate
pues te concentra
en el secreto
del íntimo horror
           la palabra de la tierra




Fotografía de Lin Yung Chen

Se escriben poemas
para los hombres que no pueden orar
La laguna
    está plena
            oscura
            azul
            densa
   el cielo la besa, casi en ovación la
   vemos, desde aquí
        desde este cuarto pequeño
        sin estar allá
             sin necesidad
   devotos

junio 1988





Hanni Ossott Lipfert 
(Caracas, Venezuela,  1946 - 2002)
POETA/TRADUCTORA/ENSAYISTA
de Cielo, tu arco grande, Colección Rasgos Comunes,
Tierra de Gracia Editores, Caracas, 1989
para leer MÁS

1 de enero de 2015

Hanni Ossott, 2 poemas 2 (II)


Obra de Andrea Kowch
UNA MUJER SOLA

A mí y a Gioconda Espina

Una mujer sola
           rodeada de cactus
           de Palos del Brasil
           tiene poca salida
           no puede ir al Circo
           la fiesta le está vedada
           la alegría pospuesta

Una mujer así, sola

                      de ella no queda nada.

Junio, 1991




Fotografía de Juergen Teller
POR SALIR DEL CHARCO

                                    A Washington con Manuel

En algún lugar del mundo
una mujer se sentaba todas las mañanas 
a contemplar un viejo edificio. 
Y había ventanas, sí 
plenas de sombras
hombres, mujeres, monstruos. 
Esa casa estaba deshabitada 
no había amantes, no.
Sólo aves que a veces cruzaban el horrendo paisaje.

En algún lugar del mundo
    había una lámpara rota 
    que no era de ella.
También un diccionario.

Eso no podía resolver su soledad.

Había tres árboles, cuatro árboles 
y ruidos, la calle, los automóviles.

En algún lugar del mundo ella 
no pudo hablar con quien podría
        ser su amante. 
El placer estaba vedado. 
Las ambulancias pasaban 
El fastidio cundía.

En algún lugar del mundo
ella se detenía
a ver un enchufe 
un sofá
una mesa repleta de libros y de centavos
y al marido: mustio, callado, leyendo...

También había pastillas, muchas pastillas 
y un avión que pasaba. 
Llevando a gente que sí tenía lugar.

En algún lugar del mundo 
        ella rezaba 
        por salir 
        por salir 
        del charco.

                                Washington, junio 1990 
                        Desde la próxima enfermedad...





Hanni Ossott Lipfert 
(Caracas, Venezuela, 1946 - 2002)
POETA/TRADUCTORA/ENSAYISTA
de El circo roto: poemas 1990-1993, Caracas, 
Monte Ávila Editores, 1996
para leer + en PANFLETO NEGRO 
y MÁS

31 de agosto de 2013

Hanni Ossott, El libro que exigías


Fotografía de Alastair Magnaldo

EL LIBRO QUE EXIGÍAS

A Manuel Caballero, mi marido

Déjame ver
déjame ver lentamente
sobre qué será mi último libro...
Si sobre tus estertores o el fracaso en la caricia.
Déjame pensar
Si será un ridículo Bolero
                - o sólo una espina
de las buenas
de las clavadas hasta lo último de la intimidad
Mi alma ahora vuela
                          canta. Y está muerta.

Minotauro: me he deshecho al fin de ti.
Soy una sandalia, danzo, escribo
escribo todo al borde del Universo y los bordes de mi cuerpo,
soy universal
            lo sé, lo sé...
            ¡Tan profundamente!
Mi alma no tiene límites ni nombres
                sagrada
                me despliego
                             hacia el eterno mar
                             bañada.

Lloro, sí, lloro
                la luna es esplendente
                y yo lloro
                             por ese absurdo libro que exigías.

"Mañana será otro día" - dice Scarlet O'Hara
"Pasa la página" - decía mi padre
               Tocaré la tierra con mis puños
                besaré sus resquicios
                sus oquedades
                sola, con el gato
                rezaré a un dios

Y elevaré mis plegarias
                por los amigos
                los raros
                los misteriosos
                los que no se entregan a mí
                los que me temen

Hay muchos libros que vendrán
            tanta palabra escrita!
            tantos personajes y sus mitomanías!
            tantos temas!

            y la luna iluminada para plegar
                       - pero no me obligues a leer más...

           Oh Dios, ¿quién soy?
           ¿qué hijos daré?
           ¿qué monstruos?
           Sólo un grito lánguido
           solitario
           casi como una pena

                      se impone

Mis mañanas son tenues
          en el perfil de mi ventana
          hay un amor
          rico
          excelente
          sin exigencia de libros.

No, hoy no quiero
leer ni escribir
sólo quiero nadificar
o pensar holgadamente y a nadificar de nuevo.

Marzo, 1991




Hanni Ossott Lipfert 
(Caracas, Venezuela, 1946 - 2002)
POETA/TRADUCTORA/ENSAYISTA
de El circo roto: poemas 1990-1993, Caracas, 
Monte Ávila Editores, 1996
para leer MÁS

25 de agosto de 2013

Hanni Ossott, Las pastillas


s/d del autor de la fotografía

LAS PASTILLAS

A los médicos psiquiatras

Una pastilla
dos pastillas
tres pastillas
seis pastillas
Dayamineral
Carbonato de Litio
Haldol
Neubión
Oranvit
Rivotril 2 mg
¿y el médico?

Deambulando por ahí... ahí como en la Luna
Sin saber de la verdadera enfermedad

La enfermedad es el vivir
la única
La enfermedad es el cuerpo
y las pastillas no sirven de mucho

Sólo sirve el alma
haciendo cuerpo
y el cuerpo haciendo alma

¡Fuera el Lexotanil!
Ciao bambino...


(Desde mi experiencia en Londres 1980
hasta los actuales momentos, Caracas, 1993)





Hanni Ossott 
(Caracas, Venezuela, 1946-2002)
POETA/TRADUCTORA/ENSAYISTA
de El circo roto: poemas 1990-1993, Caracas, 
Monte Ávila Editores, 1996
para leer MÁS

14 de agosto de 2013

Hanni Ossott, El estanque (+1)


Fotografía de Elena Kalis

EL ESTANQUE

Mi infancia es hoy un gran estanque
donde me miro
en su fondo verde liquen
piedras alcanzadas por el musgo
peces de rara y brillante especie.

Yo hundo allí mis manos
y agito las aguas
para alcanzar una sombra
                        siempre evanescente.

El estanque me devuelve el cielo, las nubes
                      cielo y tierra en él se besan
                                 confluyen.

Yo dibujo allí una imagen, la sueño
                        mas no la alcanzo.

de Casa de agua y de sombras, Altazor, 
Monte Ávila Editores, 1992

ROTURAS

He roto capítulos, noches
imágenes de un álbum viejo.
Incendiaria
he acabado con frases
reflejos en un cuaderno de notas
Hay cosas por las que no hablaré más
Pero todo vuelve a surgir, punzante
entre el silencio decidido
y apela y demanda
He guardado papeles, memorias, hojas
aminoro así el dolor
y preciso sus perfiles
hundo el asalto de imágenes entre sombras
acallo.
No he despedazado la memoria de instantes de dicha
diminutos tiempos de un abismarse sobre lo sin fondo
de las cosas
no he descuartizado el abrazo
ni la rara plenitud que invade frente al mar
Debo cumplir rituales una y otra vez
debo repetirme y repetirlos
y no saberlos
pues líquidos huyen
para que fundemos siempre de nuevo
la continuidad de nosotros mismos.



Hanni Ossott 
(Caracas, Venezuela, 1946-2002)
POETA/TRADUCTORA/ENSAYISTA
para leer MÁS

14 de julio de 2012

Hanni Ossott, Cómo leer la poesía (fragmento)


Fotografía de Nina Leen

         “Y la estrella viaja con sus piernas de fuente pura”

                                                                                             Henry Corbin

Hace muchos años vi en una revista la cita de un verso de Henry Corbin. En ese momento quedé maravillada y su nombre fue guardado por mí en mi cerebro. Unas semanas atrás mi amigo Alberto Conte me enseñó una traducción de Corbin realizada por Juan Calzadilla y Eugéne Modestine. Se la compré, secretamente emocionada, porque sabía cuán difícil es entrar en contacto con un libro bueno hoy. Desde hace siete días ando con el libro Lejos como un viaje. Si acaso he podido leer siete poemas. Uno por noche. Leo los poemas en alta voz, los transcribo en mi cuaderno como cualquier Pierre Menard, se los leo a mis amigas por teléfono. Corbin me tiene emocionada. No sé cómo es él. Sé que es martiniqueño. No me imagino qué pueda ser  la isla de Martinica, ni lo que se  come allá. Me basta la palabra del poeta. Ahora tengo con quien orar de noche desde la magnificencia.

Me gusta descubrir un poeta. Es tan difícil penetrar en un mundo poético particular que cuando esto sucede resulta un acontecimiento. Una de las cosas más arduas es enseñar a leer poesía y yo lo realizo. La poesía le llega a uno como llega el amor o la fiebre. Por no se sabe qué razones. A veces podemos leer reiteradamente a un poeta y todavía no nos llega. Y es que no estamos preparados para él.  La poesía tiene una duración, un tiempo, un cuajar en nuestra alma que nada tienen que ver con nuestras decisiones.

El lector de poesía debe ser ante todo un lector humilde, pasivo, receptor de riqueza. Por una rara conjunción, el lector tiene que tener la edad del poeta; no la edad cronológica, sino la edad mental, anímica, psíquica.

Hace veintitrés años conocí a Rilke. Fascinada por él quise hacer mi trabajo de grado sobre su obra, pero no pude. Había en ese entonces ciertas imágenes que no comprendía.  Pero no lo abandoné, seguí leyéndolo, con fervor, pasivamente, escuchando…Veinte años después pude escribir diez cuartillas sobre Las Elegías de Duino que constituyen ahora el prólogo a mi traducción. Esto no me desanima. Durante veinte años me ha acompañado un poeta, no cinco poetas, sino uno. También me acompañan dos o tres novelistas. No más. Virginia Wolf, Thomas Mann, Hermann Broch…No son demasiados los libros que uno necesita para volverse sabio.

Ahora tengo un poeta nuevo que me durará probablemente veintitrés años para comprenderlo. Estoy feliz. Esto quiere decir que a los sesenta y cinco  años podré escribir  algo sobre él, si es posible.

Ante mí hay dos versos de Corbin y me fascinan, pero no puedo decir exactamente qué significan, así como no puedo explicar lo que sea un beso:


     “ Y los pájaros al desprenderse como hojas cortan

     la cabeza del cazador en la noche”


Leer poesía no es lo mismo que leer novelas o leer el periódico. Cuando leo poesía me encierro en mi cuarto para que no me vean, porque allí  hago muecas, danzo, ondulo, leo en alta voz, me contorsiono como Ulises ante las sirenas, me acuesto en el piso, lloro, es decir, me conecto con lo más profundo del inconsciente. Y eso no se le puede mostrar a nadie. Para ello –como dice Virginia Wolf– es preciso un cuarto propio. No le aconsejo a mis alumnos, por ejemplo, que lean poesía en un carrito por puesto. Porque la poesía es un templo y a ella se va con una vestidura  especial y adecuada. Un velo.

Si a mí se me pidiese un buen consejo sobre como leer poesía diría que ante todo hay que querer leerla. Querer como querencia. Sin mala fe, sin desesperación. Averiguando qué diablos quiso decir el poeta. Porque los poetas son difíciles de leer. Uno puede quedarse veintitrés años con una frase incomprensible y alegrarse por ella…, porque en el fondo casi la comprende. Y así uno manda la razón y la consciencia a paseo. Cada quien sostiene a un poeta.


PENÉLOPE      
   
Cosidos los ojos
La luna  y el atrio
Tienen por chorro de agua
A la esposa.






Hanni Ossott 
(Caracas, Venezuela, 1946-2002)
POETA/TRADUCTORA/ENSAYISTA
de Cómo leer la poesía, Ensayos sobre literatura y arte, 
Editorial bid&co. editor, 2005
para leer MÁS
MUCHO MÁS

10 de julio de 2011

Hanni Ossott, 2 poemas 2

Fotografía de Andrey Korotich 

LA MORDIDA PROFUNDA

Hay una mordida profunda
incisiva
en el centro de mi sexo
por la cual yo me erijo como yo misma
y soy,
y poseo y dono.
Regalo mi cuerpo y mi ansia.
Hay una mordida en mí
que doblega al otro
lo arrodilla, lo inclina.
Por esa mordida se abre un vasto mar de vacíos
vértigos
precipitaciones
abismos.
Me cruza una pendiente
me traza un precipicio
en el amor...
y en todas mis secretas junturas
con cuido, con recelo, tú te avienes a mí
y no me sabes.


Fotografía de Marta Bevacqua

DIOS Y EL POEMA

Dios
me quedo todo el tiempo posible
ante un poema
para que salga bien.

Es como una oración.
Una invocación.





Hanni Ossott 
(Caracas, Venezuela, 1946-2002)
POETA/TRADUCTORA/ENSAYISTA
de El circo roto: poemas 1990-1993, Caracas, 
Monte Ávila Editores, 1996
para leer MÁS

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