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10 de julio de 2021

Luz Machado, Miro la casa desde un retrato (+1)


Ilustración de Jun Kumaori

MIRO LA CASA DESDE UN RETRATO

Estoy en paz.
El polvo de la casa levanta sus praderas
sin color ni alarido
y en la noche desprende sus trigos desolados.
Estoy en paz, al fin,
y no hago nada.
Ni el vestido se arruga
ni el collar debo quitármelo
ni los zarcillos
para dormir.
Soy feliz poseyendo este rostro, en un cuello sin latido
y si la sangre existe
por la casa debe andar regada, sin espanto.
El marco me defiende
y no me canso de mirar lo mismo.
Nadie sabe que por las noches
mueren envenenadas cerca de mis oídos las palabras
debajo de esta mesa.
Saben, sí,
que este es el único sitio del mundo
en donde ni remiendo ni lloro ni paseo la tarde ni envejezco.
Pero ignoran igualmente
que los colores borrados por la luz están dentro de mi cerebro,
debajo de mis cabellos,
dándome todos los paisajes antiguos como nuevos
y todo el mundo detenido en esta hora del retrato
como antiguo.
Mis amigas desde que me han visto,
hablan a sus maridos del suicidio
para que les permitan vivir como a las convalecientes.
Pero sabed, dulces señoras mías,
que este retrato fue hecho fuera de la ciudad y sus ventanas.
Y es piedra de David.


B O N U S  T R A C K 


EL AJO

El ajo aprieta su puño,
su blanco puño oloroso que enguantaron libélulas
no nacidas.
Pero cuando llega a mi casa
y desnudo sus medias lunas de olor
y reviento su mínimo palomar enloquecido,
el ajo grita por todo el tiempo que estuvo escondido.

Entonces sabe
que corta resulta la libertad sobre la tierra.



Luz Machado
(Ciudad Bolívar, Venezuela, 1916 - 1999)
POETA/ENSAYISTA/PERIODISTA/DIPLOMÁTICA
de La casa por dentro (1964–1965), Caracas: Sucre 1965, p. 21.
Leído en Pequeña lámpara gemela: mapa esquivo
del ars poética femenina en Venezuela, por Márgara Russotto
para leer + en EMMA GUNST


28 de noviembre de 2016

Marta Eugenia Rojas, 6 poemas 6


Ilustración de Jun Kumaori
SOY MUJER

Trataron de convencerme 
de mi vocación para el sacrificio,
de mi invulnerabilidad ante el deseo,
de cargar un fardo de culpas. 

Muchos me soñaron
como una sombra callada. 

He recibido embustes. 
He aceptado aplausos. 
Me he equivocado. 

Hice antesala
esperando turno para una dádiva.

Transé.

Insospechada,
espesa,
la vigilia habitaba la bodega de mi casa. 
Cual bombillo desnudo
mientras yo sufría una pesadilla, 
alumbró mi cara. 

Desperté 
jurándome fidelidad, 
con los ojos maltratados, en una calurosa mañana.

Desde ese día 
no ha sido nada fácil, 
pero en mis territorios
se instaló la esperanza.

Recuperé mi orgullo de madre
del que alguien quiso avergonzarme.

Defendí mi espacio en la lucha
y en el trabajo.

Exigí una heredad 
para el cultivo 
de mi ser lleno de ansias, 
con algunos deseos concretos 
y otros… no tan inmediatos.

Mi heredad de mujer que precisa, 
también, 
la geografía del amado.

(de La sonrisa de Penélope y su costumbre del adiós
Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1993)



Fotografías de Míla Preslova

PENÉLOPE

Si hay que decir adiós, se dice
Si hay que llorar, se llora
¡Todo tiene su tiempo!

Hoy
Con la aguja de mi reloj
con las puntadas del esfuerzo
el amor
los besos
con el hilo vivido
tejo
¡Este es mi tiempo!

Mañana
Con las mismas agujas
con las mismas puntadas
con el mismo hilo
con toda mi voluntad
mi pericia y mi cuidado
tal vez, como Penélope, desteja.

(de La sonrisa de Penélope y su costumbre del adiós,
Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1993)



Fotografía de Marius Filipoiu
OCURRE

Ocurre
que la vida entre papeles, 
informes, reuniones y cursos 
me arrebata el tiempo

Ocurre
que los retoños de la plantita 
sobre mi escritorio
pasan inadvertidas y sin cuidado. 

Ocurre
que la queja doliente y laberíntica
de la compañera hastiada 
por la explotación doméstica
y el trabajo rutinario
no encuentra mi eco.

Ocurre
que aplazo mi salida por esas calles 
para conversar con aquella niña de grandes ojos negros, 
y de mirada crecida de tristeza
que anda, huraña, por ahí, 
vendiendo chicles o pidiendo limosna 
sin ir a la escuela.

Ocurre
que la nota oficial del recibo telefónico:
“Todo costarricense tiene derecho a la educación”
sólo esboza en mí una sonrisa doliente
por una intención de crítica pospuesta, 

Ocurre 
que me desaniman 
los cambios que el maestro
reconoce apenas en lo más evidente. 

Ocurren
tantos llantos,
regocijos, soledades, 
agonías, victorias… 
que sólo han contado 
con mi propia ausencia…

(de La sonrisa de Penélope y su costumbre del adiós
Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1993)



Fotografía de Marius Filipoiu
¿POR QUÉ?

¿Si duele
hoy una trivialidad
y mañana una espina lastima demasiado.

Si empiezan a cansar
los temores, las fobias,
las excusas del amado.

Si maltratan los límites
y las cosas han cambiado.

Si algo se va achicando,
por qué fingir no mirarlo?

(de La sonrisa de Penélope y su costumbre del adiós,
Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1993)



Fotografía de Marius Filipoiu

EN ESTOS TÉRMINOS

Ya no lo amo. 

Y he amado a muchos después de haberlo amado a él.

Y he amado en grande. 

Pero si hubiera podido,
toda la vida lo habría amado a él.

(de Aposentos del deseo, Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1º edición, 1996)




Fotografía de Marius Filipoiu
ME RESISTO

Está ahí
como para que yo palpe 
su sonrisa. 

Pero 
en este juego de escondido, 
…de no sé, 
…de se me olvidó, 
…de ahorita llego,
lo que percibo
es una mueca 
que inyecta en mis labios 
la palabra despedida, 
el desamor,
la desesperanza, 
los pasos del adiós. 

Me resisto: 
Para no claudicar
de mi afán por la pareja en libertad, 
respetada, amada, cuidada, 
es más convincente la ausencia
que la tribulación 
de compañías a medias.

Prefiero la certeza 
de un quebranto
a la incertidumbre
de este acaso.

(de Aposentos del deseo, Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1º edición, 1996)



Marta Eugenia Rojas Porras
(San Rafael Arriba de Desamparados, 
Costa Rica, 1950)
POETA/DOCENTE DE LA UNIVERSIDAD DE COSTA RICA
LICENCIADA EN FILOLOGÍA ESPAÑOLA/
MAGISTER EN LINGUÍSTICA

25 de noviembre de 2016

Maya Cu Choc, 3 poemas 3 (+1)


Ilustración de Jun Ayafuya

RAZONES

Si la memoria no me falla
hay en mi árbol genealógico
una madre
abatida por
trabajo, hambre, abandono… 
algún hermano desterrado
por padecer cierta lepra moderna 
una hija sobreviviendo
a un padre ausente 
más allá
hay dos abuelas
cuyas bisabuelas
parieron frutos híbridos
quienes
a su vez
parieron otras frutas
poblando
siglo tras siglo
este Paraíso Violado 
del otro lado del océano
llegó un abuelo
cuyo abuelo
cruzó la puerta de los esclavos
en las isla de Goré
de ellos heredé
la terquedad del ritmo
aun cuando el espíritu agonice 
deberás comprender
entonces
lo difícil que es 
olvidar este dolor
que nació conmigo
como herencia familiar 
tendrás
que sumarle además
la rabia
de saberme
mujer no nacida
amante mutilada
arco iris abortado
-recuerda que fui parida
durante la guerra eterna- 
que
no te extrañe entonces
si a tu pedido de
bondad
alegría y olvido
respondo
justicia 
ahora que conoces
esta historia personal
te pido:
no apresures tu reacción
o tu discurso
detente
escucha
por ahí
en algún
espacio de vida 
corre todavía un riachuelo
que, si lo dejas inundarte
te convertirá
en la continuación
de mi cauce
de esperanza



Ilustración de Jun Kumaori

LA MUJER

se acerca a un ciprés oloroso
a invierno
deja
que la cobije su
sombra
se acomoda entre
sus ramas
moviéndose ambos
al ritmo del viento
las hojas
dejan escapar su olor
la mujer
abre sus poros
y deja también
su olor
en la copa del ciprés




Ilustración de Jun Ayafuya 

TE DEBO

las ganas del regreso
a repetir cada verbo
hasta desnudarlo
sacarle de cada astilla
canciones
de cada raíz
estrellas
de cada hoja
tristezas

te debo la necesidad
de repasar los nombres
en la rueca
donde tejí óvulos
y piel
a una raíz:
el círculo donde me reconozco


B O N U S  T R A C K 
(2 versiones)

Ilustración de Jun Kumaori

Vivo
desanclada
de una mitad de alma
anduve esquivando el reojo
y mi espíritu creció temeroso
de mundos ajenos
mi casa
fue cueva que escondía
milenios que de a  poco
fueron sorbidos en mi tarde
me fui tostando junto a mi madre
y me hice doblemente mujer
cargada de vergüenza
de culpa
de lenguas
en mí
navega una doble identidad
soy india sin idioma y sin vestido
soy ladina sin piel sin refinamiento 



Vivo
desanclada
de una mitad de alma
anduve esquivando el reojo
y mi espíritu creció temeroso
de mundos ajenos
mi casa
fue cueva que escondía
milenios que de a poco
fueron sorbidos en mi tarde
me fui tostando junto a mi madre
y me hice doblemente mujer
cargada de vergüenza
de culpas
de lenguas
en mí
navega una doble identidad:
soy invariablemente
una hija más
de este suelo
y su historia




Maya Rossana Cu Choc - maya q'eq'chi'
(Cdad. de Guatemala, Guatemala, 1968)
POETA/EDUCADORA POPULAR/
COMUNICADORA ALTERNATIVA
de La rueda, 2002
para leer MÁS

27 de agosto de 2013

Laura Ruíz Montes, 2 poemas 2


Ilustración de Jun Kumaori

ILUSTRACIÓN 

Abusé. Fui abusado.
José Kozer
Contemplo
                   ―por turnos―
como soy
                   ―por turnos―
mártir o brutal.
Así, aprendo, por turnos.

Paso los dedos por la cara antes de mirarme al espejo.
Recorro las marcas
para saber quién ha amanecido.

Se amanece mártir
o se amanece animal.

Se despierta saco de arena
―donde los otros golpean.
Dolor abdominal intenso,
ojos de perro triste, aliento que se corta.

Al clareo, se rompen los puños contra el fardo.
No le creas al saco de arena si gime.
No te creas si te parece que al saco le han salido ojos.

Se despiertan los sentidos en la mañana
y las secreciones vuelven la mirada salvaje.
Tela de araña en los ojos de la bestia.
Tela de araña,
tejido de atrapar y cazar.
Hocico reseco que planea la caída de otros.

Abusé, dijo quien cose delicadamente las costuras del país.
Si el sastre abusó
¿por qué no habría de abusar yo?

La diferencia entre el sastre y yo es mínima.
Él hace dobladillos al país.
A mí me penetra la aguja en los huesos.
Soy mártir cuando el sastre cose,
sacrificada, como él, soy,
por el deseo de zurcir la ropa-Isla,
la tela-piel,
la frente-ala de sombrero.

Fui abusado, dice el sastre
mientras dedica horas enteras
al aprendizaje de las patas de gallina.
Piel de gallina oscurecida se les pone a los otros
cuando despunto bestia,
animal sin cuna ni remedio.

Racimo de pesadillas envuelve a los sacos de arena
antes del amanecer.
Manojo de miedo sólo de pensar en mí.
No quiero creerles cuando veo que le asoman ojos.
Como no quiero, no les creo.
Ah! potencia de los verbos.
Ah! desteñido manual del español correcto.

Pero cuando descubro los sacos empapados de sudor,
doblados sobre su panza sílice, desinflados,
y miro la arenisca saliendo
igual que fluye el orine de los cuerpos que van a morir,
cuando empiezo a conocer la idea de la culpa,
ya deshice las costuras,
rompí las agujas y sólo dejé a mis espaldas
costales agujereados e inservibles
que nadie, ni el sastre mayor,
podrá recomponer jamás.

Ya es tarde, ya abusé,
y eso, como la muerte, el vómito o la lluvia,
no regresa, no vuelve atrás, es irreversible.

Sólo queda ser abusada,
sentarse a esperar el turno de ser mártir.



Fotografía de Robert Frank

MERCANCÍAS

Cuando entraron las momias a Egipto,
las aduanas, los oficiales no sabían qué impuesto cobrar.
Como pescado salado entraban las momias.
Atravesé el aire.
Llegué a otro hemisferio.
De Norte a Sur casi sin esfuerzo.
Las aduanas, los oficiales no sabían qué impuesto cobrar.
Como pescado en tarima,
con los ojos desbordados,
entramos los isleños al continente.
Faltándonos el oxígeno, aleteando.
Creyendo burlar todas las leyes.




Laura Ruíz Montes 
(Matanzas, Cuba, 1966)
de A qué país volver, Editorial Letras Cubanas, 2007
para leer MÁS

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