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30 de julio de 2023

Mariana Finochietto, 5 poemas 5 (de Quiero sacar la cabeza por la ventanilla de tu coche)


Fotografía de Jan Saudek

II

Me gustan los hombres sencillos y serenos,
esos de ojos buenos,
y manos anchas
que tocan el mundo
como si nada en él les perteneciera,
con cuidado,
con miedo de romperlo.

Así,
exactamente
como me gusta que me toquen.


Fotografía de Jan Saudek

VI

Curiosos
los días del amor,
cuando las horas se sostienen
de un cielo que después
caerá
a pedazos.



Fotografía de Jan Saudek

X

Lo que aprendí
mientras iba de aquí para allá
con las manos rotas
es que al amor se lo espera
de pie.


Fotografía de Jan Saudek

No es la tristeza,
no.
Es la noche mordiendo la garganta,
la certidumbre huérfana en el hueco de mi abrazo,
la presciencia de un mundo que era mío
y no tengo.


Fotografía de Jan Saudek

Debería estar triste.
Debería
tener mi corazón apretadito
como cuando se es joven
y duele.

Debería
extrañarte y salir a la calle
cubierta por el manto gris de la melancolía
y no mirar a otros hombres
para sólo pensarte,
porque se es fiel a la ausencia de quien se ama.

Porque te amo, en fin,
y te abandono
sin arrojarme del acantilado de tu nombre.

Te abandono
con todo el amor con que te quise
porque en toda buena historia es conveniente
saber cuándo poner el punto de todos los finales.



Halley Ediciones, 2023




Mariana Finochietto
(General Belgrano, Bs. As., Argentina, 1971)
Reside en City Bell, La Plata
POETA/TALLERISTA
Colección Poesía
Prólogo de Jorgelina Soulet
para leer + en EMMA GUNST

15 de mayo de 2015

Verónica Pedemonte, 2 poemas 2


Ilustración de Patricio Betteo
TEMERARIOS

Hay que encerrarse en la caligrafía
atribuirle al nombre un número,
soportar con paciencia la etiqueta
y no inventar el mundo cada tarde.
Hay que aceptar al general en jefe,
hay que encogerse si la cama es corta.
Dormir de lado si la ves estrecha,
estrujarse los pies en los zapatos.
Aunque conozco gente temeraria
que ante la duda, caminó descalza,
asimiló las deudas, perdonó los errores,
le dijo adiós al general en jefe,
dentro de la mejor caligrafía,
y se atrevió a vivir a su manera.



Fotografía de Jan Saudek

LA SUERTE DE LA FIERA
LA OVEJA LA DESEA

Cuando la vida se desvela
como un gran prostíbulo,
tanto o más admiro
tu belleza de fiera,
las afiladas garras,
que atacan con nobleza,
y cómo, mansamente,
con la sangre en tu boca
devoras a placer ese bocado.

(de Esclavos y libertosPremio Gerardo Diego 2000)



Verónica Pedemonte Morillo Velarde
(Montevideo, Uruguay, 1963) 
Nacionalizada española
para leer + en POESÍA EL TORO DE BARRO
su blog LOS OTROS EUROPEOS

11 de agosto de 2014

Giovanna Pollarolo Giglio, 2 poemas 2 (de Entre mujeres solas)



Fotografía de Jan Saudek

YO ME HAGO LA DORMIDA

cada noche
rezo para que él llegue tarde
y no me toque
hace años que odio su olor, las puntas de su bigote
sus jadeos
la cara
la baba, el sudor
cierro los ojos hasta que acaba
duro poco pero demasiado
apenas si me da tiempo a pensar en el filo del cuchillo






Fotografía de Hrystia Kaminska

DESPUÉS DE LOS 30

Dicen

que después de los 30 las mujeres envejecen pronto
malhumoradas
sufren de males jamás pensados
no se resignan
y sufren comparándose con la rosa marchita
pétalos caídos, belleza acabándose
o se resignan
y voltean los espejos
prefieren las veladas a media luz
huyen de las vidrieras
hasta de los charcos de agua
cuando hay luna llena.
Dicen que
después de los 30 las mujeres
aprenden a hacer el amor
y su ansiedad espanta
ávidas de orgasmos
ninfómanas
son suplentes en camas ajenas
mujeres fáciles
o se empiezan a secar
asqueadas y temerosas
de sus deseos (ávidos, urgentes)
les falta hombre comentan.
Putas o reprimidas
es a la larga lo mismo. Así dicen.




Giovanna Pollarolo Giglio 
(Tacna, Perú, 1952)
de Entre mujeres solas, Editorial Colmillo Blanco, Lima, 1991
Reeditado por Editorial Santillana, 2013
para leer MÁS

8 de agosto de 2014

Ana Ilce Gómez, 2 poemas 2


Fotografía de Helen Warner

MÁSCARA DEL INSOMNIO

Todo lo que leí
Todo lo que viví
Todo lo que perdí y no pude recobrar
Todo lo que soñé sobre mi almohada
Todo lo que olvidé y recordé en un instante
como atravesada por un milagro
Todo lo que nombré o dije o callé
Toda el agua que tuve mientras vos
te morías de sed
Y el sol que cubrió mis días
Y la luna que cercó mis noches
Todas las palabras y las líneas
que me guardaron de la soledad
Todo el frío
Todos mis amigos. Los que me dan la mano
y los que me saludan desde un perdido
ventanal
Toda mi vida anticipada
Mis angustias sobre la rueda infinita
de la existencia
Mi amor y mi dolor
Toda la brevedad convertida en eternidad
a través de esta larga y recurrente noche
de insomnio.



Fotografía de Jan Saudek

MUJERES CON GUITARRA

Hay muchas mujeres lapidadas a lo largo
de la historia.
Su vida fue de jaurías y de toros rabiosos
de sangre alzada
de mordeduras largas.

Mujeres que le devolvieron al mundo
la embestida,
que se inmolaron o tuvieron que matar  
para seguir viviendo,
esas que en la hora más oscura
roturaron el campo con sus uñas
para que vos y yo pasemos.

Hondas mujeres
que quizás una lenta madrugada
marcharon al fuego o a la horca 
por cosas tales como desordenar 
el orden público 
por inventar una nueva manera de descifrar 
la vida 
por tener voz
o por infieles
o ateas. Ellas ya no están. Sus cabezas reposan
sobre un siglo o dos. Sus ojos
ya no existen.

Pero de ellas perdura una hebra sutil
un hilo ciego que sin saberlo
nos hace crecer y despertarnos en la noche
con unas ganas inmensas de vivir 
de derribar todos los muros
de desafiar todas las hogueras
así como de amar y de pulsar 
todas
toditas las guitarras de la tierra.

DONNE CON LA CHITARRA

Ci sono molte donne lapidate
nella storia.
La loro è stata una vita di cani e tori rabbiosi
di sangue ribelle
di morsi lunghi.

Donne che hanno restituito al mondo
l'assalto,
che si sono immolate o hanno dovuto uccidere
per continuare a vivere,
quelle che nell'ora più buia
ararono il campo con le loro unghie
perché tu ed io passassimo.

Donne profonde
che, forse,un'alba lenta
si incamminarono verso il fuoco o la forca
per cose come sovvertire
l'ordine pubblico
per inventare un nuovo modo di leggere
la vita
per avere voce
o per essere state infedeli
O atee. Loro non ci sono più, ormai. Le loro teste riposano
su un secolo o due. I loro occhi
non esistono più, ormai.

Ma di loro, resiste una fibra sottile
un filo cieco che senza saperlo
ci fa germogliare e svegliare nella notte
con una voglia immensa di vivere
di abbattere tutti i muri
di sfidare tutti i roghi
come pure di amare e di suonare
tutte
le chitarre della terra.

(Traducción al italiano de Anna Maria Domenella -Macerata, 1973)






Ana Ilce Gomez 
(Masaya, Nicaragua, 1944-2017)
de Poemas de lo humano cotidianoEditorial ANIDE, Managua, 2004
para leer MÁS
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