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9 de diciembre de 2014

Luisa Castro, La caída



LA CAÍDA

Las montañas cristalizan en mil años

y el mar gana un centímetro a la tierra
cada dos milenios,
horada el viento la roca
en cuatro siglos
y la lluvia,
también la lluvia se toma su tiempo para caer.
Se paciente con mi corazón
que suspira por una obra duradera.
Como el viento,
como la lluvia,
también mi corazón
se toma su tiempo para caer.


Amor mi señor, Colección Marginales,
Tusquets Editores,
 2005



Luisa Castro 
(Lugo, España, 1966)
de Amor mi señor, Colección Marginales, Tusquets Editores, 2005
para leer MÁS

6 de abril de 2014

Luisa Castro, II


Fotografía de Lissy Elle


II

Mi madre trabaja en una fábrica de conservas.
Un día mi madre me dijo:
el amor es una sardina en lata. ¿Tú sabes
cómo se preparan las conservas
en lata?
Un día mi madre me dijo: el amor es una obra de arte
en lata.
Hija,
¿sabes de dónde vienes? Vienes
de un vivero de mejillones
en lata. Detrás de la fábrica, donde se pudren 
las conchas
y las cajas de pescado. Un olor imposible, un azul
que no vale. De allí vienes.

¡Ah!, dije yo, entonces soy la hija del mar.

No.
Eres la hija de un día de descanso.

¡Ah!, dije yo,
soy la hija de la hora del bocadillo.

Sí, detrás, entre las cosas que no valen.



II

Miña nai traballa nunha fábrica de conservas.
Un día miña nai díxome:
o amor é unha sardiña en lata. ¿Ti sabes
como se preparan as conservas
en lata?
Un día miña nai díxome: o amor é unha obra de arte
en lata.
Filla
¿Sabes de onde vés? Vés
dun viveiro de mexillóns
en lata.  Detrás da fábrica, onde podrecen
as cunchas
e as caixas de peixe. Un fedor imposible, un azul
que non vale. De alí vés.

Ah! dixen eu, entón son a filla do mar.

Non.
Eres a filla de un día de descanso.

Ah! Dixen eu,
son a filla da hora do bocadillo.

Si, detráis, entre as cousas que non valen.




Luisa Castro 
(Foz, Lugo, España, 1966)
de Baleas e baleas / Ballenas y ballenas, 1988
en Señales con una sola bandera- Poesía reunida (1984-1997)Hiperión, 2004
para leer MÁS
para viajar junto a Luisa en ESTA ES MI TIERRA





La autora asegura que a muller pode execer tamén violencia na contorna familiar: "Todos temos padecido a violencia doméstica en forma de gritos, de ordes. Eses son modelos que se van heredando de pais a fillos, polo que creo que non hai conciencia de que a muller tamén se ten que reeducar na vida da convivencia". Neste sentido, mantén Castro que a literatura é o "espazo idóneo para que a muller reflexione sobre si mesma e sobre a súa responsabilidade á hora de conformar uns hábitos sociais. Isto non se resolve creando estereotipos e convertendo o home nun monstro. O feito de que as mulleres participen amplamente na vida cultural é algo asumido do que ninguén se estraña, pero non por iso temos que ter todas a mesma visión sobre os mesmos temas."


5 de octubre de 2012

Luisa Castro, Dejé de transmitir sus señales e interpreté las mías (+1)


Fotografía de Илья. Ш.


DEJÉ DE TRANSMITIR SUS SEÑALES E INTERPRETÉ LAS MÍAS

Cuando las gaviotas se lo coman todo
y en los esqueletos de los barcos proliferen
los insectos,
seguirás preguntándote qué hice contigo
después de recordarte.

Porque después del recuerdo vienen otras cosas
que no conociste,
que tampoco conocí porque desaparecían
al ritmo ligero de lo no deseado.
Pequeñas rozaduras que envejecían el instinto
de retenerte
y que no hacían daño, como ahora las gaviotas.

Todavía no, pero las veo gordas
sobre sus patas tiesas de aferrarse a los ahogados
y comerles los ojos
sin movimiento.

Porque no opone resistencia la carroña
engordarán tranquilas.

Pero todavía no,
aunque las vea.


B O N U S  T R A C K 




ESTOY HACIENDO PRUEBAS DE VELOCIDAD

Retrocede.

No soy yo, que conozco la cinta del tiempo
y navego
a sabiendas
de que en el mar las horas tienen otro arbitrio
y otra medida
las fuerzas.

Es el mundo,
que retrocede.






Luisa Castro 
(Foz, Lugo, España, 1966)
de Los hábitos del artillero, Colección Visor de Poesía, 1990
VI Premio Rey Juan Carlos
para leer MÁS

4 de julio de 2012

Luisa Castro, Casi mediodía



CASI MEDIODÍA


Pero te dejo ir, te marchas, y yo ya no recuerdo
si debo sufrir, si es mi hora, mi llanto, 
mi Penélope,
mi asiento duro y fácil
de tejedora a la sombra de una espera inconmovible:
te dejo ir y la mañana
cae espesa y ruidosa,
se postra en mis pasillos,
invade las cocinas y yo ya no te amo
porque no, no es del todo cierto un dolor tan constatable.

Te dejo ir y avanzas confusamente entre los parques,
estropeándolo todo con las huellas de
tus botas
grandes de soldado rubio.
Te vas a la guerra y decir miedo,
verte desaparecer diciendo hambre,
verte caminar con la muerte sonriéndote en la espalda,
prostituta de quince minutos estrechos
en la primera esquina, junto
a la tienda de puñales.

II

Y no, no es del todo cierto un dolor tan apreciable
porque hay una cosa entre los frigoríficos
que se llama resurrección
y cada hora decapitada, cada segundo
mutilado, cada vinculación ahí afuera
supone que los perros van a desaparecer algún día
con su fidelidad que traiciona rebaños,
con su estúpida conducta de amor incondicional y severo.
No es del todo cierto eso de que yo sufra,
pregúntale a una esfinge sin brazos
y con la nariz incompleta
si me ha visto pasar con lágrimas y duelo.
Quieren responderte con la misma frase lapidaria,
hija de siglos,
¡ah!, qué terrible llanto las cariátides, qué terrible llanto, 
pero yo
no pertenezco a la historia
y no tengo amistades de piedra.
Yo, dulcemente, he llegado a la desmesura del amor,
a la cintura estrechísima de la soledad, dulcemente,
etcétera,
y mi alma alargada por el uso, estirada
y ensanchada
por los viajes fugitivos de tu cuerpo
acumula el aire y flota,
mi alma floja, preguntándose
qué es esa cosa de que te miren
todas las ciudades, de que te acojan todas las
Venecias.





Luisa Castro 
(Foz, Lugo, España, 1966)
de Odisea definitiva, 1984
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