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27 de agosto de 2018

Márgara Averbach, 3 poemas 3


Fotografía de Eric Kim
UNA CARA

(un poema sobre el aborto y la indefensión)

La vi una tarde,
en una sala de espera.
Era joven,
mucho.
Como alguna de mis hijas,
entonces.
Lloraba sin darse cuenta.
Sin taparse.
Sin vergüenza.
No,
no hablamos.
No le dije nada:
para mí no es fácil
hablar con
alguien si no conozco el nombre.
Hice mal. Siempre
hay que abrir
las palabras.
No le dije nada,
y eso que entendí
enseguida.
Supe por qué
venía
esa nena
en ese día,
una tarde
que para mí era
cualquiera.
Algo le había cambiado en el cuerpo
y ahora estaba quieta, callada.
Sola.
Esa es la condena.
Alrededor,
solo sillas vacías.
Nadie,
nadie,
nadie,
cerca.


Mujes Presas, 1991 © Adriana Lestido

ÚLTIMO DÍA EN EL CENTRO DE LA CÁRCEL

Entre mis brazos torpes,
llora J.
Hoy me voy de los pasillos
y los guardias y las órdenes
y las sonrisas falsas, superiores.
Me voy,
esta tarde de lluvia.
Ella se queda.
Vine a hablar, hace meses que vengo.
Hablo con ellas
sobre este lugar que rozo
desde afuera,
que apenas si conozco,
hablo como si supiera.
Ahora ella
llora y dice Gracias.
Acaba de ponerme su vida
entre las manos,
su vida, tanto más honda, más ancha
que la mía.
Y yo,
que me creo dueña
de las historias y las promesas,
me quedo callada.
No sé
cómo abrazarla.
No sé qué
fuerza acercarle,
qué palabras.


México, 2010 © Adriana Lestido

AMOR

Amor
Frenaste.
La ruta,
un tajo azul sobre la tierraverde.
Verano.
El cuis cruzó
en un mundo donde no existen los autos.
Frenaste.
Miré la luz de tus ojos claros.
Era verano.

(poema premiado en el Concurso 1998 de Subterráneos)




Márgara Averbach
(Buenos Aires, Argentina, 1957)
POETA/ESCRITORA/DOCENTE
DOCTORA EN LETRAS/TRADUCTORA LITERARIA/
para leer una entrevista en TÉLAM
extraídos de su blog AQUÍ DONDE ESTOY PARADA
para leer + en HACIENDA GLAMOROSA

17 de junio de 2018

Louise Erdrich, Escuela de pupilos para indios: los fugitivos

ESCUELA DE PUPILOS PARA INDIOS: LOS FUGITIVOS

Casa es el lugar al que nos dirigimos cuando dormimos.
Los furgones que se bambolean hacia el norte en los sueños
no nos esperan. Nos subimos en marcha.
Las vías, viejas laceraciones que amamos,
atraviesan la cara, paralelas, y terminan
justo bajo Montaña Tortuga. Si uno va montado en cicatrices,
no se pierde. Casa es el lugar que cruzan.

El guardia rengo enciende un fósforo y hace menos tolerante
la oscuridad. Miramos a través de hendijas en las tablas
mientras la tierra empieza a rodar, a rodar hasta que duele
estar aquí, con frío, en ropa reglamentaria.

Sabemos que el comisario nos espera a mitad de camino
para llevarnos de vuelta. Su auto es cálido y mudo.
La autopista no se hamaca, zumba solamente
como un vuelo de insultos largos. Las marcas gastadas
de antiguos castigos llevan de ida y de vuelta.

Todos los fugitivos llevan vestidos, vestidos largos, verdes,
del color que uno creería que tiene la vergüenza. Fregamos
las veredas porque es un trabajo vergonzoso.

Nuestros cepillos cortan la piedra en arcos húmedos
y en lo empapado, tiemblan bosquejos claros débiles, por un 
momento, cosas que los chicos apretábamos contra la cara
oscura antes de que se endurecieran, pálidas, recordando
viejas heridas delicadas, las espinas de nombres y hojas.


INDIAN BOARDING SCHOOL: THE RUNAWAYS

Home’s the place we head for in our sleep.
Boxcars stumbling north in dreams
don’t wait for us. We catch them on the run.
The rails, old lacerations that we love,
shoot parallel across the face and break
just under Turtle Mountains. Riding scars
you can’t get lost. Home is the place they cross.

The lame guard strikes a match and makes the dark
less tolerant. We watch through cracks in boards
as the land starts rolling, rolling till it hurts
to be here, cold in regulation clothes.

We know the sheriff’s waiting at midrun
to take us back. His car is dumb and warm.
The highway doesn’t rock, it only hums
like a wing of long insults. The worn-down welts
of ancient punishments lead back and forth.

All runaways wear dresses, long green ones,
the color you would think shame was. We scrub
the sidewalks down because it's shameful work.

Our brushes cut the stone in watered arcs
and in the soak frail outlines shiver clear
a moment, things us kids pressed on the dark
face before it hardened, pale, remembering
delicate old injuries, the spines of names and leaves.

de Original Fire: Selected and New PoemsHarperCollins, New York, 2003




Louise Erdrich 
(Little Falls, Minnesota, EE.UU., 1954) 
Reside en en Minneapolis, Minnesota
Miembro registrada de la nación Anishinaabe 
(también conocida como Ojibwa y Chippewa) 
NOVELISTA/POETA/ESCRITORA PARA NIÑOS/LIBRERA
para leer + en PETIT PALAIS DU VOCABULAIRE
web de su librería: BIRCHBARK BOOKS


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