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14 de abril de 2025

Mónica Alicia Spesso, 9 poemas 9


Fotografía de Caryn Drexl

PALOMITA DE LA VIRGEN

La palomita de la virgen,
de espaldas,
en la ruta 13,
las alitas ajustadas al cuerpito,
no vió la tormenta
que apuraba a los conductores.
Pobre pichona.

Fotografía de Caryn Drexl
DESEO FUGAZ

En la noche de boda
se apoyó en la ventana
del primer piso del viejo hotel.
Vio caer fugaz una estrella.
Pidió un deseo de esposa.
Quizás la estrella ya se había apagado
y sólo vio un antiguo reflejo,
o tal vez lo que brillaba
era un destello de otros miles
pedazos de deseos de felicidad
desordenados en el universo.


Fotografía de Caryn Drexl

LAS UÑAS DE LOS PIES

Los sábados por la tarde
él le cortaba las uñas de los pies,
ella se los entregaba, nuevos.
Un día, el dedito chico sangró,
otro día, el gordo.
Las uñas asustadas
dejaron de crecer.

Fotografía de Caryn Drexl
FOCO QUEMADO

Él la levantaba
en brazos,
ella gritaba y se reían.
Con la cabeza tocaba la lámpara
que iluminaba el cabello castaño,
hilos con resplandor.
Él perdió la fuerza,
ella se puso pesada.
Las luces se fueron apagando.


Fotografía de Caryn Drexl

MITAD ROSADA, MITAD MUERTA

Ella tenía un jardín
con cuatro cactus
y una hortensia
mitad rosada,
mitad muerta.
Él hizo la poda.
No dejó
ni la viva ni la muerta.


Fotografía de Caryn Drexl
CABELLO ATADO

La sopa de acelgas azules
calabazas naranja
puerros peludos
y nabos celestes
estuvo lista a las doce treinta.
Ella sirvió los platos.
Subían el vapor oloroso
y las cucharas llenas.
Él encontró un pelo.
Es del puerro, mintió ella.
Él no tomó la sopa,
ella usó rodete para siempre.


Fotografía de Caryn Drexl

APRENDER PALABRAS

Dicen que para aprender una palabra en otro idioma hay que verla trece veces. A ella le bastó una para aprender el vocabulario de la lengua soez.

A ella se le quebró el corazón.
Y por ahí le entró la habilidad.
Y jugó con él
al pin pon
en lengua soez.


Fotografía de Caryn Drexl
EL GRAN MOVIMIENTO

Ella hace el gran movimiento
con las alas.
De las puntas cuelgan
un anillo dorado,
una retahíla de perlas y pesares
y un hombre plateado.
Lo que más le pesa
son los miedos
que revolotean en círculo
sobre la cabeza.


Fotografía de Caryn Drexl

COMO LINDA BLAIR

Como Linda Blair
en el exorcista
giró la cabeza
trescientos sesenta grados.
Ensayó más de quinientas veces.
Logró el medio giro.
Ciento ochenta grados.
Y se fugó
con los pies
de uñas cortas.





Mónica Alicia Spesso
(Sacanta, Córdoba, Argentina, 1961)
Reside en Las Varillas, Córdoba
PROFESORA/TRADUCTORA DE INGLÉS/
LICENCIADA EN LENGUA INGLESA
poemas inéditos 
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6 de septiembre de 2020

Evangelina Sodero, 3 poemas 3


Fotografía de Caryn Drexl

V - SIN TENER A QUIÉN AMAR

No sé cómo salirme de esta casa enorme 
                                                                          que me 
habita.

Sin relojes que a mi piel le hablen del tiempo que hace
que me oculto de ellos.
De noche alguien camina el descolorido paisaje
de mis viejas fotos que me miran al pasar.
De mi boca retratada emergen rosas amarillas
que el invierno marchitó.
Los pétalos arman un colchón para mi gata ausente
que está en celo.
Ronronea cada vez que la vecina hace el amor.
Los cerrojos se han convertido en nichos
para mis paseos sin tener adónde ir.
La cama que subí al altillo cruje
cada vez que me desvisto.
A las sillas las ocupa el tiempo que hace
que nadie me visita.
La lluvia no ha golpeado en mis hombros
seduce ventanales que ya han dejado de abrirse
a la intemperie de mis ojos.
Le crujen los huesos al anciano del retrato
que ha sido mi padre.
Esta carta de amor salpica de tinta los espejos.
Las cadenas del perro que festejó mi llegada
arrastran la desdicha de saberse abandonadas.
 
¿Adónde quedó la llave
con que cerraste la casa antes de irte?
 
Acaban de llamar a la puerta
y no tengo cómo salirme
de este prolongado encierro conmigo misma
                                          sin tener a quién amar.


Fotografía de Caryn Drexl

XVII - NO ENSUCIEN MI VESTIDO

En la tímida sombra de ese espejo de alcoba
ojos que me han mirado desnuda
salen para besarme
y se babean sin pausa
como lascivos muchachos
en frente de una vidriera
que exhibe maniquíes desropados.

Y se revuelcan
sobre mi estorbado vestidito blanco
-de inmaculada niña-
sobre la sigilosa mancha
que recorrió el largo de mi falda.
Y los imagino trepando mis temblorosas
rodillas
casi perversos, repugnantes, furiosos
apretando contra mi vientre
sus fracasadas pasiones.

A tal punto que encorvo mis piernas,
me restriego las manos contra las sábanas,
también manchadas,
me miro al espejo,
me desconozco.

Alguien ha estropeado mi vestido
cuando yo quería usarlo
                               por más tiempo.

Me doy vergüenza y me cubro
contagiada de esa espesura
que he visto brotar en mi jardín
y que me ha sabido
                      a fruta muerta.



Fotografía de Caryn Drexl

XXIII - NO HAY CASTIDAD

De castidad mueren los besos
que no han salido a sentirse más allá de los
labios.
Rígidos besos
detenidos en la boca enmudecida de una
virgen.
Mercaderes que de niños
soñaban con besar la frente lapidaria de los
santos.
La anciana que zurcirá al volado del vestido
los besos
de una novia sin amor
que en el altar ha muerto,
                                              enajenada.

No hay castidad
que llame a las puertas de una iglesia.
Ni costurera de susurros
a la estrechez de tu menguada cintura.
Ni corsé que ajuste tras los senos
sin matar el desconsuelo de un orgasmo
caprichoso, reprimido
dulcemente estrangulado
                                 entre las piernas.



Evangelina Sodero
(Villa María, Córdoba, Argentina, 1980)
POETA/PROFESORA DE LENGUA Y LITERATURA
Universidad Popular / EDUVIM, 2009

26 de septiembre de 2019

Alberto Tesán, 2 poemas 2


Fotografía de Peter Lindbergh
REFUGIOS (IV)

No logras dormir más de seis horas. Tu cerebro es un despertador exacto.
Sales a pasear por el pueblo. Calles como raíces, que se agarran a tu piel. 
Piensas en libros que te marcaron. Y piensas en los amigos que fueron. 
¿Qué quedará de tanto empeño? Con suerte, unos pocos versos. 
Sois la triste caricatura de lo que una vez soñasteis, ebrios de tanto futuro. 
Os habéis corrompido.
Llegas hasta el pequeño túnel que separa los adosados baratos de esos otros edificios,
a medio construir, en los que las parejas calman su sed. 
También las pandillas de adolescentes se sacian, aunque de otra manera. 
Eliges con cuidado las piedras.
Escribir para nadie.
Te preguntas cuántos cristales tienes que romper para salvarte.




Fotografía de Caryn Drexl

Piensas en mujeres que se asfixian en soledad.
Mujeres que buscan cadenas, que se rompen con cada abrazo.
Mujeres que no encuentran su lugar. Mujeres con un cepo entre las piernas.
Mujeres que bostezan si les besan la mano.
Y en esas otras, mujeres que no se reconocen en los pedazos de un espejo.
Mujeres que tuvieron su día, y nunca más.
Piensas en mujeres. No dejas de pensarlas.
Escupen su dolor para ordenar el mundo.



Gente que bebe, Editorial Milenio,
Colección: Poesía Nº 09, 2022



Alberto Tesán Argemí
(Santa Perpètua de Mogoda, Barcelona, 1971)
Reside en Zaragoza
Leídos originalmente en su FACEBOOK
en Gente que bebe, Editorial Milenio,
Colección: Poesía Nº 09, 2022
para leer MÁS

14 de agosto de 2019

Natalia Castro, 5 poemas 5 (+1)



EN DEUDA

No soy feminista -dijo-
creo en la  i g u a l d a d.  
Eso es feminismo -comenté.
Y ella:
¿y por qué todo se debe nombrar?
Contemplé sus libros
- Diderot, Pessoa, Freud,
Cortázar, Jacques Lacan-
y callé:
¿de qué vale leer
a quién no sabe pensar?

Ella dijo: no soy feminista.
Aunque esas mujeres
- putas,
            violentas,
feministas,
                  locas-
libertaron su voz
para que pueda hablar.  



Fotografía de Kristen T. Cates

PORCENTAJES

La encontraron
en un descampado/
con el sexo al sol/
y la pena entre los dientes/

En los diarios/ nada:
otra hembra más
vuelta estadística/



Fotografía de B. Berenika

ALGO EN COMÚN.

Soy
        -somos todos-
                                  un reloj
                                                que se deshace.




Obra de Lisa Adams

PRUEBA DE REALIDAD

Todo lo que está vivo
                     -no gime-
         arde.




Fotografía de Dorothy Shoes
TERAPÉUTICA

en el fondo el olvido es un gran simulacro
nadie sabe ni puede/ aunque quiera/ olvidar
un gran simulacro repleto de fantasmas
Mario Benedetti         

Si la memoria es olvido/
el olvido/ silencio/
No/el olvido no silencia/
memoria/Y qué/
si cuando olvido memorio
pero al soñar se olvida
la mustia elipse del día/
olvido al relatar/
porqué muero.



B O N U S  T R A C K






Natalia Castro
(Mar del Plata, Bs. As., Argentina, 1996)
POETA/ESTUDIANTE DE PSICOLOGÍA


26 de abril de 2019

Gabriela Kizer, Este último abril... (+1)


Fotografía de Caryn Drexl

Pongamos que
este último abril
me dejó un cargamento de tesoros,
piedras preciosas que no sé si arrastro
como bolas de presidiario
o llevo dignamente en una carretilla
que va delante de mis pasos.

Este último abril
me dejó, en principio
siete caries
algunas escondidas
y otras que exhibí a mis alumnos en el aula
como una mujer pobre y mal cuidada
que hablaba de mundos ideales y perfectos.
Y seguramente hubo quien creyó,
quien vio los huecos negros
quien no oyó.

Este último abril
me dejó, en segundo término,
algunos arañazos de frente y de costado,
una naranja comida a gajos
que supe tapar con mangas largas,
palabras de más y botines ajustados
que nunca resultaron suficientes
para pisar la primavera
que me pisaba a mí mientras pasaba.

Este último abril
me dejó, en tercer término,
un olvido
desmerecido y cobarde,
que vino a poner crueldad
donde el miedo estrangulaba los cojones,
que vino a poner locura
donde la falta de cojones estrangulaba el amor
que vino a izar esta asta de una bandera victoriosa
con la que alguna libertad vencida y maloliente y muerta
pedía a gritos mi cuello
y la mandíbula helada que profería no mil veces
y mil veces nadie oía,
mil veces no.

Este último abril
me dejó, en algún otro término,
un alma con siete huecos en sus partes delanteras y traseras
visibles y escondidas.
El dentista dice
que acudiendo a la cita tres veces por semana
y con un poco de suerte
puedo volver a sonreír
como si nada hubiese pasado.
El dentista dice que mi boca sufrió
como de una balacera incomprensible
y yo me callo,
acepto que taladre sin anestesia
porque parece que su única guía
es la escasa sensibilidad que aún queda.
Luego me llama mujer cuatriboleada,
me da un café muy negro
y me manda a casa,
doy gracias al cielo
y al dentista
y reflexiono:
a fin de cuentas
no sabía que la odontología era una ciencia tan sabia,
no sabía que para curar un hueco enfermo
era menester abrirlo hasta lo último,
hasta lo último del hueco y del dolor
y que no se podía gritar sino con la garganta
y ahogar el grito de modo que se devuelva
a los intestinos para que no cunda el pánico
en la sala de espera
aunque yo sea la última paciente de una tarde
y de un dentista que me cura,
que me puebla la boca de amalgamas,
de porcelanas cuidadosamente escogidas
como si me estuviese devolviendo los dientes
y ambos sabemos que no
pero sacamos las cuentas ya van cuatro
y así se perfora el alma reponiéndose
y va saliendo el pus
de todas las heridas infectadas
las de afuera
y a las que no se les puede aplicar
alcohol ni agua oxigenada
para que haga burbujas
y uno sople
sobre este último abril para que se vaya tan lejos
que no vuelva
como regresarás tú detrás de tu vendimia
en la que seguro estarás ahora descubriendo
los vinos que no me diste a probar
y el amor que guardaste para más adelante.
Y más adelante es ahora,
más adelante es este taladro
que va hundiendo cada letra de tu nombre
como si se tratara de siete entierros.
¡Qué maravilla!
Siete entierros de los cuales
mi boca saldrá plateada y blanca y amarilla
como la más hermosa luna llena
que pueda aparecer.
Y tú regresarás entonces
dolido quizá
quién sabe
si sediento del bloody mary inimitable,
de las ensaladitas digestivas
o del cuerpo
de la carnada
porque la carne ¿recuerdas?
hacía daño a la hora de cenar.
¿Y qué diré entonces, hombre?,
¿diré que el pedacito de carne se zafó del anzuelo
y se arrojó al pez que acaba de tragárselo?
¡Ahh!
¿Quién puede brindar conmigo ahora?
Tú no.
Tú regresarás como extraviado
de alguna noche de sensaciones salobres,
regresarás como el primer Adán sin su costilla.
Y ya tu costilla no tendrá beso para darle a nadie,
ya Eva habrá ido varias veces al dentista
y le habrá perdido algún miedo a los infiernos
y doblará estas hojitas
para tenerlas por si acaso en la cartera
hasta que alguna matica endeble
o algún cactus o diente de leche o lo que sea
pueda asomar otra tarde
en algún soplo de milagro
que venga azaroso y porque sí,
porque después de tanta pena
alguien merecerá que le quiten las lagañas
sin un solo gesto de asco.
Se acabó.
El punto final es Eva saldando su cuenta con el dentista.





B O N U S  T R A C K 


Fotografía de Caryn Drexl




De una mujer que escribe poemas,  
los mejores, dicen, 
son aquellos en que no tiene su ojo puesto 
en un hombre.








Gabriela Kizer 
(Caracas, Venezuela, 1964)
POETA/DOCENTE/LICENCIADA EN LETRAS
de Amagos, Caracas, Monte Ávila Editores
para leer una reseña en: LETRALIA
para leer MÁS
su FACEBOOK


28 de marzo de 2019

Lydda Franco Farías, 9 poemas 9


Fotografía de Caryn Drexl 

Desconfía hija de esos muchachos
que te leen poemas de dudosa factura
tú que diferencias la verdadera poesía
diferénciales y conócelos a ellos
son falsos prestidigitadores
sopla sobre los castillos de arena de sus discursos
tú que crees que el sexo es regocijo
y que como el espíritu necesita ventilarse
desconfía de esos muchachos
que intercambian novias
para ellos las novias consisten
en esa economía de mercado basada
en el trueque de objetos para el uso y el abuso
ni siquiera son neoliberales esos muchachos
son neolíticos y cerrados como las bóvedas de un banco
desconfía de esos muchachos
quebradizos como láminas de anime
que odian al prójimo
(especialmente si el prójimo es una muchacha)
no te enamores más nunca hija
de esos errátiles
y radicales
muchachos enmascarados.



Fotografía de Caryn Drexl

La mujer que soy, canta.
Mi génesis: la escoria, la ceniza, los agrarios sudores.
Mi elemento: la palabra, piedra del camino para ser lanzada
vínculo secreto que madura sus claros volúmenes,
cópula exacta para que el amor germine.
Hablo de la mujer que soy e intuyo
que mi presencia trenzará la llegada de minutos fluviales.
Creo en el privilegio de la sangre nueva,
en la voz que no se escurre,
en la dialéctica orgánica de mi estructura viva.
Creo en la síntesis del hueso,
en el axioma de mi futura desintegración

de Poemas circunstanciales, Policrom, Caracas, 1965




Fotografía de Caryn Drexl

No nací para ocupar un espacio y nada más.
Ignoro cuál será mi participación.
Me tocó ser mujer y no me quejo,
me tocó caer en la humedad del tiempo,
en la inhóspita sequedad de los caminos
pero aquí me quedo
entre escombros y desperdicios.
Destruyan mi epidermis resentida,
despedacen mis sueños, mi alegría,
aniquílenme
mas no pretendan sancionarme
porque un día aparecí sobre la tierra
y tuve voz y grité
y tuve fronteras y no quise despertar sin ellas
y tuve armas y allí están
perfiladas, inmóviles, ariscas.

de Poemas circunstanciales, Policrom, Caracas, 1965




Fotografía de Caryn Drexl

para sobrevivir hay que golpear primero.
[…]
Si hasta aquí me trajo el río
entonces tendré que contradecir al río
[aún en contra de mi pequeñez]
y seguir aferrada a mis convicciones

de Descalabros en obertura / Mientras ejercito mi coartada
Maracaibo, Universidad del Zulia, 1994
y en Antología poética, Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas, 2004






Fotografía de Caryn Drexl

A esta hora
serás la muchacha ejemplar y enamorada
a quien engañan y maltratan
todos los hijos de puta de la tierra
lo cual no tiene la menor importancia
ellos siempre regresan
compungidos
a tus faldas
solícitos
con la cara lavada
con la excusa de siempre
con la eterna cantata
yo te perdono
yo te prometo
yo te lo juro
mi ego te besa
al final de la escena
hasta el perro es feliz.

dUna, Secretaría de Cultura del Estado Zulia,
 Maracaibo- Venezuela, 1998



Fotografía de Caryn Drexl

Ten en cuenta muchacho de las cavernas
que he ido ganando derechos
a perder de igual a igual el paraíso
la paciencia
a compartir la cama
el santo y seña
el mundo
fifty fifty
o no hay trato.


de Una, Secretaría de Cultura del Estado Zulia,
Maracaibo- Venezuela, 1998





Fotografía de Caryn Drexl

Me encontrarán tendida a ras de la luna
o flotando lluvia abajo
en la resaca del ultimo cigarro
en el silencio que vibra emparamado
desde donde pronuncio mi postrer discurso
exhortando a los curiosos a que desvíen la atención
hacia otra parte
por ejemplos a ciertas virtudes
que no tuve tiempo de probar
quizás porque no logre lo que quise
un cómodo sofá
un mundo que no cambio
que apenas empieza a pestañear
ahora que purgo mi orfandad
que los párpados pesan asidos al desamparo
ya voy tierra
ya voy cenizas
ya voy olvido
circulen buena gente
aquí no ha pasado nada
regresen a sus oficios
a la sobrecogedora normalidad

en Antología poética, Editorial El Perro y la Rana,
Biblioteca Popular para los Consejos Comunales,
Serie Las artes y los oficios, 2008



Fotografía de Caryn Drexl

yo venía de los bosques húmedos
en mi equipaje de la inocencia
en sí misma dobladita
olorosa a preguntas
me quitaron
bosque y humedad
el equipaje revolvieron
las preguntas me las fui respondiendo
con el tiempo y de a poquito
ahora no sé de qué sirve la inocencia
ni me importa

de Descalabros en obertura / Mientras ejercito mi coartada,
Maracaibo, Universidad del Zulia, 1994




Fotografía de Caryn Drexl

esta casa conoce mis manías
mi hábito de leer a medianoche
mis malas costumbres
 y peores mañas
esta casa me conoce al caletre
esta casa es el oráculo.

en Antología poética, Coro-Venezuela,
Dirección de cultura de la Universidad Nacional Experimental “Francisco de Miranda”, 2002




Ph Audio Cepeda
Lydda Franco Farías
(San Luis, 1943 - Maracaibo, Venezuela, 2004)
para leer un blog que refleja su obra
para leer más en: DIGOPALABRA.TXT
MÁS



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