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10 de mayo de 2020

Ana Emilia Lahitte, 2 poemas 2 (+1) II


Ilustración de Christopher Silas Neal


XIV

Por qué
se desvirtúan las voces,
las verdades
que reclaman eternidad
y mueren esgrimiendo
su ardiente credencial de sangre oscura.

Seres enmascarados
tergiversan las luchas, las heridas.
Urden sus moralejas redituables
y trepan por su logia asalariada
con sonrisa de alumbre y panacea.

Pero la humanidad
cíclicamente
aniquila a sus amos,
sus monstruos, sus sosías.
Y nos dejan señales misteriosas:
los ojos de un coatí,
una corteza,
una lumbre oxidada.

Las estrellas.



Ilustración de Christopher Silas Neal

XXIII

Esta morada.
Esta prisión.
                       Humanas
por temporalidad o por engaño
de sus cinco pilares capitales.
Sólo contiene humores, apetencias,
para quien sólo sangre
reclama y testifica.

Pero también resguarda
el vértice invisible,
el instante crucial donde converge
la mirada del hombre
que entierra sus pupilas
para seguir mirando
                                     el horizonte.



B O N U S  T R A C K


Ilustración de Christopher Silas Neal


20

LLAMAMOS vida
a esta encrucijada
entre la soledad y el universo.




Ana Emilia Lahitte 
(La Plata, Buenos Aires, Argentina, 1921-2013)
de Gironsiglos: y otros poemas, EDUCC
De Puño y Letra - Serie Calíope, Volumen 11
Dirigida por Nelson-Gustavo Specchia y Leandro Calle
Ed. de la Universidad Católica de Córdoba, 2005
para leer MÁS

1 de noviembre de 2018

María Mombrú, 2 poemas 2


Fotografía de Leonard Freed / Civil Rights Movement, Washington 1963
POSICIÓN

No puedo.
Es imposible seguir siendo prudente.
No puedo.
La sangre se me agolpa en el corazón
y no puedo ser más
una muchacha que escribe versos
sobre la esencia y la existencia.
No puedo seguir amando mi sombra,
mi muerte,
mi vida, mi cara, mis brazos, mis sueños.
De pronto no puedo
porque sé que los otros no pueden
padecen, están rotos,
no puedo decir cómo es el verano
no puedo mirar a los pájaros con ternura
ni me importa el cielo
porque sé que los otros no pueden
están prisioneros, maltrechos, muertos.
De pronto no siento mi soledad
ni mi tristeza
porque sé que los otros están solos
doloridos y tristes.
No puedo gozar de mi amor
porque hay millones de seres
que agonizan de nostalgia por amor.
No puedo hablar con palabras misteriosas
tintineantes, poéticas,
es preciso hablar esclareciendo:
hay mentiras mundiales
hay hambre
hay dictadores
hay hombres explotados por otros hombres
hay sangre de hermanos derramada
hay chicos descalzos
hay, todavía, negros apaleados.
Debo acudir pronto, unir mis manos con las suyas
aunque mi alma quede en silencio.
Me ha sido encomendada una misión
que me regocija y debo acudir pronto
a socorrer, a odiar, a amar,
a morir si es preciso
para que mañana salga violento el sol para los otros,
para que los otros tengan derecho
a mirarse a sí mismos
a mirar el cielo
o el mar
o el juego de los pájaros.
No puedo dejar de sentir
la dulzura de mañana
hombres libres
hombres para el amor
hombres inmensamente jóvenes.



Fotografía de Dani Yako / Altaïr Magazine

14 DE JUNIO, EN TUCUMÁN

No podemos hoy
hablar del frío
fumar
decir que está helando
y que van a quemarse las plantas.
No podemos hoy decidir nuestro porvenir
escuchar noticieros, tejer, reír.
¿Sabes qué hacen allí?
¿Sabes qué siente Pedro?
¿Qué dice Juan?
¿Qué desea Agustín?
¿Es posible que hoy no estés
solitario y angustiado
sintiendo a Pedro, Juan, Agustín –cañeros–
caminar bajo las últimas estrellas
(machete, zamba, sueños, hijos, mujer)
con un dolor tan hondo
que no saben si llega del estómago
o desde más adentro?
Es necesario que les prestes
tus manos, tu voz, tu corazón
las mías
para que Juan, Pedro, Agustín –cañeros–
levanten los ojos
y les crezca en la mitad del pecho
una mariposa
una luz
un brote tierno.
Es posible también que hasta ahora
no hayas advertido
que Pedro, Juan, Agustín –cañeros–
te buscaban
me buscaban.
Es posible que no sepas
que estar solo
desde que sale el sol hasta que entra
es algo así como una aguda espina
y nadie puede responder
–cañaveral y cielo–
adónde está el hermano
adónde está el vecino.
Entonces hoy te hablo para que no te escapes
y me des tu sonrisa, tu corazón, tu mano
que cruce el aire helado de este día
y se transforme en mariposa, en luz, en brote tierno
en la mitad del pecho
de Pedro, Juan, Agustín –cañeros–.
Después podremos caminar en paz
fumar, hablar del tiempo, mirar la Cruz del Sur
dormir
con la seguridad
que Pedro, Juan, Agustín –cañeros–
ya no están solos.






María Mombrú 
(Resistencia, Chaco, 1922 - Bs. As., Argentina, 1992)
POETA/NARRADORA/AUTORA/DIRECTORA TEATRAL
PROFESORA DE LETRAS/DOCENTE
en VEINTE POETAS platenses contemporáneos,  
Ediciones Fondo Cultural Bonaerense, La Plata, 1963
Compiladora Ana Emilia Lahitte
extraídos de LOS POETAS NO VAN AL CIELO
para leer + en DECIDOR
en WIKIPEDIA

15 de diciembre de 2016

Ana Emilia Lahitte, 4 poemas 4 (+1)



Fotografía de Annette Pehrsson

IX

Me desnudas.

Miles de años
hace que morimos.
La muerte es lenta.

                                     Morimos.
                                     Te demoras en mis hombros.
                                     Necesitas mi olor.
                                     Nos inventamos.

Qué es esto de invadir así la vida,
qué significa comprobar un cuerpo.

Yo soy tu cuerpo.

Hundirte en mí
es regresar al universo.




Fotografía de Rachel Baran

X

Mi soledad está hecha de ti,
lleva tu nombre en su versión de piedra

Olga Orozco
(Los juegos peligrosos)

Has muerto.

¿Debo descarnarme
contigo,
aceptar el frío,
trasvasarte a mi pulso,
fecundarte?

Enséñame
a caminar de nuevo por el mundo.
A esperar el otoño.
A ser
         sin ti.


Fotografía de Burçin Esin 

XI

La carne, al poseerla, fue luz
e inteligencia.

Fuimos seres violentos.
Y no nos atacamos
porque ni uno ni el otro
rehusó ser atacado.

Qué hermosa soledad fundamos
sin saberlo,
tras la huida secreta
de las hojas, del río,
y algunas contraseñas del verano.



Fotografía de Rachel Baran


XV

¿Y el corazón del hombre?
¿Y el cerebro del hombre?
¿Sus luchas por amarse,
por amar?

¿Cómo creer que existe
otra cruz
que no sea los dos brazos
abiertos a la vida?




B O N U S  T R A C K


Fotografía de Nirrimi Firebrace


Quise
morir de mí.

Quise nacerme.




Ana Emilia Lahitte 
(La Plata, Buenos Aires, Argentina, 1921-2013)
de Gironsiglos: y otros poemas, EDUCC
Ed. de la Universidad Católica de Córdoba, 2005
para leer + en POESITE
y MÁS

18 de marzo de 2011

Ana Emilia Lahitte, 2 poemas 2 (+1)


Ilustración Duy Huynh, "Dreamboat" (acrílico)

ATRAPADOS

Sólo tengo de vos
una fotografía con pómulos rasantes
tu pelo de llanura sobre los hombros tensos
y sin brazos
-no he podido inventarlos todavía-
y tu extraña manera
de acompañarme a solas
de este lado del mar.

Vivías en París
(lo especifica el dorso de la fotografía)
ignoro si habrás muerto.
Importa
el desamparo de tu mirada inmensa
que me atraviesa
y sigue camino a mis espaldas
sin dejarme jamás.

Miras hacia el vacío.
Un abrazo
sin tiempo que se abraza a sí mismo.
Miras
como buscando la huella de un albatros.
Algo que implora
un límite para poder llegar.

Ni siquiera conozco tu sombra.
Sin embargo
regreso sin descanso
y me tiendo a tu lado en tu voz
en tu sed
en el tacto insaciable
con que rastreo a ciegas tus rasgos
con mis dedos.
Y te llevo a mi piel.
Y siento que tus muslos
aprietan con el celo de lo deshabitado.

Gozamos
el secreto pacto
de lejanías
que anuda nuestros cuerpos
en una memorable batalla despojada
de heridas y arrogancias.

Una trama ilesa
bellamente perversa insiste en atraparnos.
Y estamos atrapados
aquí
en el Sur más sur.
En esta factoría de la imaginación oculta
en el reverso
de los acantilados.



Fotografía de Zena Holloway

AUTORRETRATO

Me miro en el espejo.

Una mujer avanza
desnuda
sin heridas aparentes.
Es una hembra espléndida
en épocas de celo
tal vez.
Pero ya muerta.

En carne y sombra altiva
despoja sus silencios.
En silencio
un idioma de albatros
la sustenta.

Se yergue luego
intacta
con dignidad de hiedra.
Y asomada
a sus muros
de lumbre y soledades
espera.



B O N U S   T R A C K (x2)

Comienzo
a perder instantes.

A perderme.

Una décima de segundo.
Un milésimo de silencio.

Nada me despoja.
Todo me desnuda.

Es lo infinito que regresa.

Aprendo
a habitar el esplendor
de la sombra.

*

Dejamos sobre el mundo
un exilio inconcluso.
El mismo que heredamos.




Ana Emilia Lahitte 
(La Plata, Bs. As., Argentina, 1921-2013)
para leer + en PÁGINA DE POESÍA
y MÁS

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