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20 de noviembre de 2019

Julia Porto, 4 poemas 4


Fotografía de Anni Kinnunen


Afanarse en el barro,
afanarse en la arena caliente:
también como empeñar su afán en el agua.

Pero las formas
parecen ostentarse
y se confunden, o se pierden.

Resulta similar a casi todo
lo que se muestra y se aleja
cada vez que aparenta esbozarse,
alguna vez que se dispone otra turbulencia.

Persiste en caminar
como si dibujara.



Fotografía de Anni Kinnunen


En la sucesión,
la abundancia se circunda.
Vislumbra el merecimiento.
Pareciera dispuesto,
pareciera que sucede.

La acción concreta
o una concesión
estarían contrayendo
el contorno del bordeo.






Fotografía de Anni Kinnunen



La abundancia: esa figura con los brazos abiertos,
las manos ofrecidas
y ojos de mezcal.
Los colores irradian y se funden, resplandecen.
La abundancia se revela antes del sueño.
Promete materia. Equilibra el ansia.
Se dilata en abruptos desmoronamientos.
Se va la figura de la mujer que pasa.
El orden tirano. Tal vez protector.
La orden tirana.
Disponer,
predisponerse.



Fotografía de Anni Kinnunen



El acierto es aleatorio,
aleatorio el desacierto,
aleatoria la definición
de lo que queda en esa
distancia móvil.



Julia Porto
(La Plata, Bs. As., Argentina, 1988)
POETA/LICENCIADA EN COMUNICACIÓN SOCIAL/BATERISTA
de Ventana a la sierra, Editorial Buena Vista, 2018
Colección Mambo Nicanor 
Dirección Mariela Laudecina
Lectura recomendada por Marilyn Alaniz
para leer más en LITERARIEDAD / su WEB

28 de febrero de 2019

Soledad Vargas, 4 poemas 4


s/d del autxr del collage

Los meteoritos son una forma de amor
como dios ama a los rusos
les mando uno que destruyo 1500 vidas.
Yo recibí otro antes de ir a terapia
con forma de deseo maternal
con quien sea, con cual-quiera.
En mitad de la situación geológica
llamó El, otro meteorito:
preguntas simples sobre la vida
un pasado que ya no conocemos.
Son claras las mañanas en un nido vacío,
suelo usarlas para barrer restos
de todo lo que cae del cielo.

poema inédito


Ilustración de Harumi Hironaka


Cuando hablan de castidad
yo tiendo a embarazarme
algunas noches recuerdo
como el deseo materno
me temblaba en los pechos
algunas noches me duermo
escuchando a los autos
como cuando la separación
me temblaba en el pecho

poema inédito



Obra de Shusaku Takaoka


Como Frida, una vez
perdí un miembro
el mismo
con el que escribo
y sostengo el arco.
Abandoné a dios
y comencé a ir a la Catedral
Algunas tardes me sentaba
frente a la virgen
a pedirle explicaciones
a que me vea llorar
a dejarla ser madre

Colección Mambo Nicanor
Contratapa de Ana Iliovich
Dirección Mariela Laudecina 





Ilustración de Harumi Hironaka


La droga en un instante
llega hasta la parte del cerebro
que le dicen lo afectivo

Ahí te encuentro
sonriendo
como si fueses feliz

Se ve a dios de fondo
que nos espía
y cree en nosotros.

Colección Mambo Nicanor
Contratapa de Ana Iliovich
Dirección Mariela Laudecina
leído en: LA TINTA





Soledad Vargas
(Salta, Argentina, 1982)
Reside en Córdoba
POETA/MÉDICA PSIQUIATRA
para leer más en: LUNA DE PÁJAROS
y en: EXCÉNTRICA

8 de octubre de 2018

María Renée Fernández Lawson, 3 poemas 3


Fotografía de Ventura Mendoza

“PLEASE MR. POSTMAN" - The Marvelettes
                                                                   
a Alejandro Schmidt

un avioncito de papel madera
con estampillas de colores
trae a casa los libros de un amigo

señor cartero
por favor
revise bien su bolso

vea si hay un poema para mí




Judy Garland en El mago de Oz, 1939

“WHY DOES MY HEART FEEL SO BAD” - Moby
                                                                   
a Carlos Surghi

algunas veces siento
que soy ese hombrecito melancólico
paseando al perro de su soledad 
por los parques de todo el universo






Fred Astaire & Rita Hayworth, 1942

LOVE WILL TEAR US APART” - Joy Division
                                                                   
a R.

pero claro que estuve enamorada
varias veces

la vez del desamor más doloroso
entendí
que lo que yo extrañaba
era que él me llevara de la mano

quiero volver a caminar por la calle
con la mano de un chico dentro de la mía

aunque después me vuelva a destrozar





María Renée Fernández Lawson 
(Córdoba, Argentina, 1975)
POETA/ABOGADA
de Soundtrack, Buena Vista Editora, 2017
Colección Mambo Nicanor
Dirección Mariela Laudecina
Contratapa de Alejandro Schmidt
para escuchar una entrevista en RESTOS DIURNOS
para leer más en: EL MUCHACHO DE LOS HELADOS

16 de abril de 2018

Mariela Laudecina, El bosque de las mujeres amadas (+1)


En compañía de lobos, ilustración de Chris Hagan
EL BOSQUE DE LAS MUJERES AMADAS

En la entrada
dos palomas
no hay aire entre los cuerpos
Cualquier ave solitaria
no aguantaría un segundo

Mujeres, única fauna
Hombres, aquellos que no ven
su pene
hasta ese punto del amor
han llegado
Ellas pierden la forma
veloces de nacimiento
Ceden
al tornado de la estación más dura
la primavera

Con el poder intacto
la risa
ahoga
lo que no dicen
En la fiesta
en el dolor
cedí ante un hombre dormido
ante el hogar ineludible
Así es él
nada comprende
e invita a una casa 
y la puerta sos vos
el enemigo 
la luz sos vos
Promete un náufrago y llega
pero se va
La neblina de los sentidos
cabalga sobre nuestro lomo

Se evapora la embriaguez
y se abandona el bosque
Respiramos largo
con la sensación injusta
de haber trabajado
y no haber sabido para quien
Lo confunden con el jardín de las Delicias
nada más alejado
Nos adentramos en la espesura
sin preguntar
qué hay del otro lado
eso sí
capaces de la erupción
dolorosa de lo que nace

Aquí solo hay
deseo de repetir
de ahí
los hijos
Aquí 
nadie piensa
reventar
se revienta
de hijos
la falla común
Madres
hay en todos lados
El bosque duda
igual
no deja de procurarlos
El semen
podría ser
caudal de fetos minúsculos
polvo dorado
brillo celeste
pero no
El molde decide
color de la pureza
o debilidad
hasta se nombran iguales
leche de mamá
leche de papá

Vuelvan a ponerse los ojos
La vida está fuera 
El doble salió del cuerpo
y hablamos varias lenguas
meamos el suelo
Nuestra canción es poderosa y eterna
Sabemos lo que hay que saber
Vuelvan a ponerse los oídos
no importan otros asuntos
aunque dé risa
diabla risa
un hallazgo tan inverosímil

Hay que huir
Incendiar el bosque


El vino
calmaría la sed
el cuerpo sería más dios
el hombre menos hombre
el sufrimiento salvación
vino
dios e idea


Hermanas mías
el intercambio es siniestro
aquí no se come
El cuerpo
calza en un puño
tesoro para el buscador
célula del padre
No hay dirección
¡Somos amadas!
Afuera
la libertad irrisoria
nos vuelve sensatas

La escuela
del bosque alucinatorio
experimenta la palabra que conduce
a los amores
a los asesinatos
Odiamos de igual forma
Se nos ha dado el poder y no la gloria
El demonio de lo múltiple 
Vida que sale de las entrañas de la muerte
Fragor cósmico
y tenemos prohibido el salto
por eso 
bailamos en la cornisa
¡Ey! Bravía
dónde quedó tu poderío
Somos cántaro
la fuente, delirio
Las visiones no se rompen
se actualizan
hijas por siempre
nos ponemos en duda
El otro
reverbera como si
fuera lo único
lo precioso
y somos culpables 
de tener más agua en el cuerpo

Afuera
buscamos placer con elegancia
golpeamos dos piedras
el fuego nos resulta fácil

Nos acaba dentro
el bosque
y la felicidad es el vértigo
de la unión
con otro magnificado
bosque al fin
Su amor obsequia raíces
provoca la inundación
que nos dejará en suspenso
agotadas de completud ilusoria
Él espera
sin ojos
y el deseo en la punta de la lengua
bastará para enfermarnos

Las telarañas 
una señal de la sombra
que cubre a la palabra 
que nos da consistencia
exhibe la claridad de lo que no es
Videntes a pesar de todo

El grito de guerra 
es grito de orgasmo
El bosque predice la deformidad
el sueño de la amazona
paraíso de lucha sostenido por la fe
en algo más poderoso que nuestra fatalidad
Arrastramos el yo
mascota infiel que le salta a varios dueños
y en la floración 
ellos nos arrastran hasta que pase el invierno
Plumas
falso oro en las extremidades
ofrenda inútil
de lo contrario
no habría explicación para un error
que se concibe divino

El corazón es de la noche
y oscuro, eso que pensás

El mundo está en mí 
No al revés
Lo único que crece
es mi pelo
Vive la forastera
y ha puesto el cuchillo
en el centro de las decisiones
Las palabras me dan forma
no al revés
Siempre me sangró la boca de ellas
di a beber
y así tomé de otros, las suyas
La noche comienza conmigo
No al revés
He quedado vacía
olvidé lo que me pertenece

Ya no es karma
Es maldición
y el corazón tiene dientes

-La tierra es para los fuertes-
dicen los portadores de cabeza
donde el sufrimiento
es avalancha delicada
Nos secuestran hacia la luz
Que nadie diga que el ciego no es feliz
Lo que hago es parirme de nuevo
Nadie me limpia 
la sangre
nadie me cree

He salido del bosque, le expliqué

Y tuve que matarlo.

de El bosque de las mujeres amadasEditorial Buena Vista, 2018
Colección Agalma / Dirección Alejandro Schmidt

B O N U S  T R A C K 

Ilustración de Chris Hagan

Mis amigas
no quieren tener hijos
crían perros, gatos, plantas
la mayoría desistió de la universidad
no pueden mantener trabajos
en relación de dependencia
viven con poca guita
piensan en otro ser
algunas comen mucho
otras poquísimo
le dan al trago
algunas tienen hijas e hijos
andan por los 30
y 60 y pico de años
ninguna votó a Macri
no creen en dios
me han prestado plata
han cocinado para mí
se han querido suicidar
tienen baja autoestima
y a veces alta como la marea
les gustan otras mujeres
tienen ataques de pánico
Quieren irse de ellas mismas
sus familias son pobres
con padres locos
o de generaciones sin inconsciente
Ellas fuman, fuman y fuman
son hermosas
Resisten
y pueden sostenerme con un dedo.



Mariela Laudecina 
(Guaymallén, Mendoza, Argentina, 1974 - 2021)
ARTISTA/POETA/LIBRERA
para leer una entrevista en LOS ANDES
su blog EL DESEO DE SER VOLCÁN
para leer MÁS

16 de junio de 2015

Mariela Laudecina, 4 poemas 4


Fotografía de Laura Marie

Anoche
en un barrio desconocido
una ola gigante
arrasó a mi madre
a mis abuelas y a mí
Mamá dijo:
Vamos a congelar el agua
mirala fijamente
concentrá tus fuerzas
y el agua se detuvo en un iceberg
Duró poco
el hielo se partía y el mar nos alcanzó
Nos abrazamos
mi madre, mis abuelas y yo
La primera vez que no temo morir.



Fotografía de Julie de Waroquier 


Alguien me pide que cargue a su hijo
y sin fuerzas procuro sostenerlo
con la voluntad de quien teme que se lastime
Aún así, cae
Oigo el golpe seco de la pequeña cabeza
Mis manos sostienen el cuello
que de tan blando se dobla como un cuerpo sin huesos
Nunca pude
un bebé en los brazos.



Fotografía de Erin Jane Nelson

Es la segunda vez
en esta vieja casa
En el patio
cuatro seres extraños parecen jugar
dan saltos en el aire
suben y bajan una escalera derruida 
Son graciosos e inofensivos 
Vienen de otro sueño
El cuerpo, redondo 
Las patas, muy largas
Tienen un solo ojo y caras pequeñas como sus orejas
La cuidadora de la casa no los ve
Solo yo, y me emociono.



Fotografía de Anka Zhuravleva


Vuelo hasta un árbol de hojas plateadas
El sol, un convite
la brisa, fresca y mínima
Es un país de construcciones antiguas
Desde una rama veo gente que pasea
planeo, doy tumba carnero en el aire
Descubro que los pensamientos son catapultas
con solo imaginar un lugar aparezco en él
Cuando soy voladora, soy profesional.




Mariela Laudecina 
(Guaymallén, Mendoza, Argentina, 1974 - 2021)
ARTISTA/POETA/LIBRERA
de La culpa es del sueñoEditorial Yaugurú, Montevideo, 2015
para leer una ENTREVISTA
su blog: EL DESEO DE SER VOLCÁN
para leer MÁS
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