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2 de septiembre de 2026

Ediciones Recovecos: veinte años y mucho más que libros



20 𝒂𝒏̃𝒐𝒔 / 𝑴𝒖𝒄𝒉𝒐 𝒎𝒂́𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒍𝒊𝒃𝒓𝒐𝒔 | 𝑬𝒅𝒊𝒄𝒊𝒐𝒏𝒆𝒔 𝒓𝒆𝒄𝒐𝒗𝒆𝒄𝒐𝒔 𝒑𝒓𝒆𝒔𝒆𝒏𝒕𝒂 "𝑨𝒍𝒆𝒋𝒂𝒏𝒅𝒓𝒐 𝑺𝒄𝒉𝒎𝒊𝒅𝒕 - 𝑷𝒐𝒆𝒔𝒊́𝒂 𝑹𝒆𝒖𝒏𝒊𝒅𝒂 (2006-2026)" + 𝑴𝒊𝒏𝒊𝒏𝒐 𝑮𝒂𝒓𝒂𝒚 / 𝑺𝒑𝒆𝒂𝒌𝒊𝒏𝒈 𝑻𝒂𝒏𝒈𝒐
𝐿𝑎 𝑒𝑑𝑖𝑡𝑜𝑟𝑖𝑎𝑙 𝑐𝑜𝑟𝑑𝑜𝑏𝑒𝑠𝑎 𝑐𝑒𝑙𝑒𝑏𝑟𝑎 20 𝑎𝑛̃𝑜𝑠. 
𝑃𝑟𝑒𝑠𝑒𝑛𝑡𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑟𝑒𝑒𝑑𝑖𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑑𝑒 𝐴𝑙𝑒𝑗𝑎𝑛𝑑𝑟𝑜 𝑆𝑐ℎ𝑚𝑖𝑑𝑡 – 𝑃𝑜𝑒𝑠𝑖́𝑎 𝑟𝑒𝑢𝑛𝑖𝑑𝑎 (2006-2026)
+ 𝐿𝑒𝑐𝑡𝑢𝑟𝑎𝑠 𝑑𝑒 𝑝𝑜𝑒𝑚𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑎𝑢𝑡𝑜𝑟 𝑎 𝑐𝑎𝑟𝑔𝑜 𝑑𝑒 𝑝𝑜𝑒𝑡𝑎𝑠 𝑖𝑛𝑣𝑖𝑡𝑎𝑑𝑜𝑠.
+ 𝑀𝑖𝑛𝑖𝑛𝑜 𝐺𝑎𝑟𝑎𝑦 𝑐𝑜𝑛 𝑠𝑢 𝑒𝑠𝑝𝑒𝑐𝑡𝑎́𝑐𝑢𝑙𝑜 𝑆𝑝𝑒𝑎𝑘𝑖𝑛𝑔 𝑇𝑎𝑛𝑔𝑜, 𝑎𝑐𝑜𝑚𝑝𝑎𝑛̃𝑎𝑑𝑜 𝑝𝑜𝑟 𝐷𝑖𝑒𝑔𝑜 𝐵𝑟𝑎𝑣𝑜, 𝐹𝑒𝑟𝑛𝑎𝑛𝑑𝑜 𝐵𝑜𝑏𝑎𝑟𝑖𝑛𝑖 𝑦 𝐵𝑟𝑢𝑛𝑜 𝐶𝑟𝑎𝑣𝑒𝑟𝑜.

📅 𝐹𝑒𝑐ℎ𝑎: 𝑉𝑖𝑒𝑟𝑛𝑒𝑠 4 𝑑𝑒 𝑠𝑒𝑝𝑡𝑖𝑒𝑚𝑏𝑟𝑒 
⏰ 𝐻𝑜𝑟𝑎: 20ℎ𝑠
📍 𝐿𝑢𝑔𝑎𝑟: 𝐶𝑒𝑛𝑡𝑟𝑜 𝐶𝑢𝑙𝑡𝑢𝑟𝑎𝑙 𝐶𝑜́𝑟𝑑𝑜𝑏𝑎 (𝐴𝑣. 𝑃𝑜𝑒𝑡𝑎 𝐿𝑢𝑔𝑜𝑛𝑒𝑠 401)
🎟️ 𝐸𝑛𝑡𝑟𝑎𝑑𝑎: 𝐸𝑛𝑡𝑟𝑎𝑑𝑎 𝐺𝑟𝑎𝑡𝑢𝑖𝑡𝑎 
      (𝑆𝑒 𝑟𝑒𝑡𝑖𝑟𝑎𝑛 𝑑𝑒𝑠𝑑𝑒 𝑢𝑛𝑎 ℎ𝑜𝑟𝑎 𝑎𝑛𝑡𝑒𝑠 𝑒𝑛 𝑟𝑒𝑐𝑒𝑝𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑑𝑒𝑙 𝐶𝐶𝐶 - ℎ𝑎𝑠𝑡𝑎 𝑎𝑔𝑜𝑡𝑎𝑟 𝑐𝑎𝑝𝑎𝑐𝑖𝑑𝑎𝑑)   

*

EDICIONES RECOVECOS: VEINTE AÑOS Y MUCHO MÁS QUE LIBROS

Las editoriales publican libros y, además, ayudan a construir una escena cultural.

Hace unos quince años, cuando Emma Gunst era todavía un blog incipiente dedicado a buscar, leer y publicar poesía escrita por mujeres de distintas partes del mundo —con especial atención a las poetas argentinas y cordobesas—, Carlos Ferreyra, de Ediciones Recovecos, se puso en contacto conmigo.

No recuerdo si fue un llamado o un correo. Sí recuerdo perfectamente lo importante.

Había leído el blog.

Junto con otros colegas estaban trabajando en armar lo que sería el Primer Festival Internacional de Poesía de Córdoba. Le interesaba lo que estaba haciendo Emma Gunst, quería sumar esa mirada y, entre otras cosas, quería nombres: poetas que valía la pena conocer, leer, convocar.

Esa invitación fue el comienzo de un recorrido compartido que se extendió durante dos ediciones del Festival.

Después nuestros caminos se separaron, como pasa tantas veces. Pero el tiempo permite mirar algunas historias con una perspectiva que en ese momento no teníamos.

Y me acuerdo de esa historia hoy porque dice mucho de Ediciones Recovecos.

Dice de una editorial que leía lo que pasaba alrededor de los libros, no solo lo que había dentro de ellos. Buscaba voces. Detectaba espacios nuevos. Reunía gente. Generaba conversaciones. Apostaba por la poesía y contribuía a construir una escena cultural en Córdoba.

Este 2026, Ediciones Recovecos cumple 20 años.

Veinte años significan autores, libros, presentaciones, proyectos, encuentros, decisiones, dificultades, apuestas, y una cantidad enorme de trabajo que quienes vemos el libro ya terminado casi nunca llegamos a imaginar.

Emma Gunst tuvo la suerte de compartir una parte de ese recorrido.

Por eso, desde este espacio dedicado hace tantos años a la poesía, celebramos estas dos décadas de Ediciones Recovecos y a quienes las hicieron posibles.

Felices 20 años, Recovecos.

Y gracias, Carlos, por aquella invitación de hace quince años. Algunas invitaciones perduran mucho más que el momento en que fueron hechas. 

17 de agosto de 2026

María Sol Morais, 10 poemas 10

SECUELA

Quitarle a un pez el anzuelo
que le atravesó todo el cuerpo
y devolverlo al mar.

¿Vivirá?




Obra de Aron Wiesenfeld

NUNCA NEVÓ EN CANALS

Conocimos la nieve
en junio de 1996
y así quedamos,
cada uno,
con su muñeco de trapo en la mano,
enceguecidos por el frío,
sobreviviendo entre techos pueblerinos,
alrededor de un ferrocarril,
donde nunca más
pasó un tren.


Obra de Aron Wiesenfeld
DAMOS SALA

Vas a tener 9 años 
recién cumplidos, 
se te va a acercar una monja,
te va a decir: “Dios se lleva a su jardín
las mejores flores”. Luego,
sonará por todos lados: 
los buenos mueren, los buenos
mueren. 
Vas a tener 12 y otra vez la muerte
respirándote cerca, 
tan cerca que grabarás a fuego 
su aliento agrio,
se te meterá adentro,
cuestionándote la fe,
la vida, 
el sentido.
Te van a decir
tantas cosas, te vas a decir
tantas cosas. Nadie te va decir: 
“preparate chiquita”, 
“esto recién comienza”, 
“empezaste temprano”, además
de la muerte de tu padre y de tu madre,
de la idea de familia, de todo lo que creías
seguro, verás morir
seres amados, tuyos y de tus amigos,
morirás vos misma, una y otra vez,
conocerás el eterno poema de Perlongher 
y descubrirás cadáveres 
por todos lados, la muerte
será parte de la escena, a veces
protagonista principal,
doble de riesgo,
telón de fondo, entonces, la vida
burdamente absurda, 
se matará de risa en tu cara,
tanto, 
que te hará reír,
llorando incluso, a carcajadas,
reirás.


CÍCLICA

La mesa era redonda,
es redonda, quiero decir,
sigue existiendo,
la tiene uno de mis hermanos.
Guarda en su interior
dos tablas,
se abre al medio,
despliega sus alas,
se agranda y queda ovalada.
Cuando dejamos de ser seis
ya no fue necesaria su extensión,
quedó redonda,
circular, como el uroboros
y nunca sabés bien
si el ciclo termina
o está por comenzar.


Obra de Aron Wiesenfeld
EN EL NOMBRE DE ELLA

Rezábamos
todas las noches
como rutina de iniciación,
tus dedos en mi frente 
sellaban,
mansamente una cruz
de arriba abajo,
de sien a sien,
tapada por un flequillo
intacto
donde perdura
la bendición.


‘The Last Stop’ de Aron Wiesenfeld
SUEÑO RECURRENTE I

¿Alguna vez soñaste 
que eras chico
y el auto se ponía en marcha
con vos adentro?
A mí me pasaba seguido.
Mi viejo decía: “esperame acá,
no le abras a nadie, ya vuelvo”,
pero no alcanzaba a poner un pie en la despensa,
que el Duna avanzaba sin pausa,
mientras mi voz se estrellaba contra el vidrio
y él corría detrás.
El escenario no cambiaba,
la esquina con la casona vieja,
el bulevar,
el ferrocarril de fondo
y el veredón siendo testigo principal.
Con el tiempo, la desesperación,
como un relámpago,
se fue desvaneciendo,
pero yo seguía ahí, atrapada
como un pájaro en una jaula rodante,
pasando por esa esquina
sin parar, viendo a mi padre
achicarse a la distancia, en la vereda.
Un día, aún sin ser mayor de edad,
parece que aprendí a conducir,
esquivaba otros autos,
pasaba a saludarlo y nos decíamos,
ventanilla y bulevar mediante,
lo mucho que nos extrañábamos.
Nunca supe cuándo pactamos
encontrarnos siempre
en la misma estación,
pero recuerdo esa fiesta,
la pista de patinaje,
el trozo de brea
y mi cuerpo cayendo.
Tenía 6 o 7 años, una muñeca
fracturada, expuesta
y un padre sosteniéndome la mano.
En el quirófano,
mientras las hormigas coloradas
trepaban por mis venas
sin dejarme decir “uno”,
los médicos contaron hasta tres.
Desperté aturdida bajo una luz incandescente,
una puerta gigante se abría,
y el que entraba, era él.
Durante años
pensé que así sería mi muerte,
una luz brillante,
una puerta abierta y ellos,
esperándome del otro lado.
Ahora que creo en otras cosas,
y ya no lo busco en ferrocarriles,
ni en bulevares,
basta un motor encendido,
cualquier Duna pasando por alguna calle,
para que me suba a esa ruta invisible
donde la complicidad
es apenas un guiño
entre dos sombras que se cruzan,
dos destellos que se miran de reojo
y quedan ardiendo,
inalcanzables y unidos,
para siempre.


Obra de Aron Wiesenfeld
AHONDAR

Con la misma prisa 
con la que el reflejo del cielo
desaparece en un charco, 
lo que brilla en la superficie se oxida
y aunque todo lo profundo ama el disfraz, 
es necesario tocar fondo de vez en cuando,
rozar la médula del agua, 
bucear las oscuridades, allí 
donde el silencio guarda todos sus fósiles,
aprender del camuflaje de los peces, 
llorar como ellos
sin que nadie se dé cuenta.


Obra de Aron Wiesenfeld
VÍCTIMA

Estoy acá,
no me fui,
no voy a irme,
seré tu sombra y tu luz,
regaré tus plantas,
pondré tu canción favorita,
te haré bailar,
me olvidarás como a aquel paraguas,
te mojaré entera,
morirás de frío,
te enfermaré, luego
te llevaré a la cama,
pondré paños fríos en tu frente,
te abrigaré,
prepararé té de jengibre, miel y limón,
cocinaré para ti,
te alimentaré,
me alimentarás,
me acostaré a tu lado,
te abrazaré,
nunca más
estarás sola.


Obra de Aron Wiesenfeld
TIEMPO ORGÁNICO

Así como no hay error
en la oruga
ni en la mariposa,
ningún fruto cae
fuera de estación.
La aceptación es un pasillo oscuro, 
sinuoso,
lleno de espinas,
laberíntico, que desemboca
inevitablemente 
en un campo florido. 
El jardín sabe de espera.
Hasta el dolor más hondo 
madura
cuando la rama lo suelta.



Obra de Aron Wiesenfeld
REALIDAD PARALELA

Madre, madre,
vuelve a erigir la casa y bordemos la historia.
Vuelve a contar mi vida.

I

En una realidad paralela
el 30 de junio
del año 2000
me atendés el teléfono,
confirmás la remisión
de la enfermedad,
volvés al pueblo,
la raíz se expande
ramificando el linaje,
cobijás con tejidos coloridos
los nuevos frutos,
hasta que la vida
siguiendo su curso,
te encuentra un día
acostada en tu cama,
rodeada de nietos,
escuchando de sus voces
los cuentos que antes les leías
y una brisa suave entra por el balcón,
te envuelve,
te duerme,
te lleva,
mientras entibio tus manos
con esa gratitud
de haber gozado
la vida que nos dimos.

II

En una realidad paralela
desciendo livianamente,
caigo,
soy alivio,
lluevo.

La casa profunda, 2025




María Sol Morais 
(Canals, Córdoba, 1987)
Reside en Córdoba 
POETA/LICENCIADA EN TRABAJO SOCIAL/
NUMERÓLOGA/ASTRÓLOGA
de La casa profunda, (edición de autora), 2025 
Arte de tapa Joaquin Bonetto
Contratapa de Jorge L. Carranza

15 de agosto de 2026

Verónica González, 12 poemas 12 (de Lucio)


Fotografía de Aino Kannisto
CUIDAR

Tengo los dedos pelados por la lejía;
mis caricias raspan.
Sé que últimamente estoy tirando de más.
La meada
corroe más que la lavandina.
Tiro mucha para blanquear,
odorizar.
Tengo el superpoder
de borrarlo todo.

Me aconsejan:
“Sería mejor
abrir las ventanas
y dejar ir,
de a poco,
el (d)olor”.


Fotografía de Tom Hunter

Padre nuestro que estás en algún lugar
te pido:

que pueda vestirse 
y alimentarse.
Que vaya al baño solo,
que duerma por la noche,
que no convulsione
ni use su nariz como un embudo.
Anotá:
que no se autolesione
ni tenga fiebre.
No me vas conformar
con fortaleza para mí y esas cosas
de guerreras y batallas.


Ilustración de Gabriella Barouch
Nunca
todos hablan de todo,
ni siquiera de mí.
Pero al nombrar
“hijo”,
siempre.


Obra de Anna Wilson-Patterson

Unas
miman,
admiran,
dicen,
se quejan,
relatan
un montón de sucesos de sus hijos.

Otras
dan de comer,
rehabilitan,
usan cannabis,
limpian culos
y, también, hacen un
bollito apretado el corazón.



Ilustración de Georgiana Chitac
Madre
hoy cuida a su madre.
Yo
cuido a mi hijo.

Mi hijo
y la madre de mi madre
nos dejaron huérfanas.

Ilustración de Maite Mutuberria
No duermo. 

Duermo poco.
Hoy pienso: “No hice nada”.
Pelar papas y limpiar mierda, ¿cuánto suma?
Habitar el continuo concéntrico.
Podría pedir perdón a los que esperan más de mí.
Podría descansar del intento de curarlo todo —incluso a la
mala gramática—.
Podría descansar de la indignación
propia y colectiva.
Podría meterme en el agua y flotar
o quizás no.


Getty Images
Los autos van y vienen;
la gente corre, se choca, se aglutina.
Yo espero a mi madre
sentada en la vereda de mi casa de grande.
Espero que me salve.


Ilustración de Ofra Amit
El mar apareció.
Respiré su aire,
su olor a promesa. 
Me hundí en su infinitud y
lo interrogué durante días.
Le pregunté por qué.
Me susurró con voz de sal:
—Vas a poder.

Y le creí.


Ilustración de Georgiana Chitac

Desde tus ojos.
Atravesar el silencio,
descifrar el del viento
y el que hace el mar cuando rompe en la playa y en las rocas.
Y entender las vibraciones de las mariposas cuando chocan
sus alas.
Aprender idiomas puros,
sin giros semánticos,
para escuchar lo verdadero.



Ilustración de Georgiana Chitac
Engullo todo y trago de a bocados
la angustia sin fin.
¿Cómo llenar, pichón,
la voracidad que nos consume?
Buscar el nombre.
Unir consonantes y vocales.
Titular y significar las dudas.
Las preguntas nunca encuentran todas las respuestas
Hoy, Angelman, no te nombra.



Desearía obligar al mundo a amarte, 
aunque sea una centésima de lo que te amo yo, Lucio.

Me gustaría que te celen y se culpen si, 
al menos un día en tu vida, no te hablaron 
con cariño, vieron tus ojos y te acariciaron un poquito el pelo.

Y si tampoco intentaron rescatarte del silencio de palabras 
y no te contaron qué hicieron ese día, ni te preguntaron.

Yo te abrazo y te bendigo de amor de madre, 
que es lo más sincero que pude crear en este mundo.

No es vanidad, me brota como la lava de volcán 
y puedo reconocerlo sin vergüenza.



Ilustración de Georgiana Chitac

No es ley de la vida, pichón.
Pero no puedo protegerte de bacterias ni de la gente.
¿Será que no aprendí a nadar?
Eso hubiese sido útil, ¿no?
Saber que la ola puede taparte a veces, pero se sale a flote.
Dando brazadas ando por estos días de mierda.
Algo en la cabeza quiere decirme que "ya pasará",
pero la ansiedad es un monstruo sin forma.
Golpeo este cuerpo/alma para unirme a eso que sientes y no dices.
¿Te duele el pie, Lucio? ¿O te duele el corazón?




Verónica González
(Pasco, Córdoba, Argentina, 1976)
Reside en Villa María
POETA/ESCRITORA/MAMÁ DE LUCIO/TÉCNICA EN COMUNICACIÓN SOCIAL/
TÉCNICA EN PROTOCOLO Y ORGANIZACIÓN DE EVENTOS/
DIPLOMADA EN POLÍTICA Y GESTIÓN DE LA DISCAPACIDAD
de Lucio, (en proceso de edición)
para leer una nota en REDACCIÓN ROSARIO


3 de julio de 2026

Alfonsina Clariá, Tengo la impresión...


Obra de Aron Wiesenfeld

Tengo la impresión de haber vivido en otro mundo. De haber hablado otro lenguaje: el mismo en el que escribo. La forma en que miro las cosas: más allá y por detrás de la superficie, desdibujándolas a veces, habitándolas otras. Yo las fabrico al desnudarlas.

Estoy en el mundo percibiéndolo otro, haciéndolo otro. Una trama inventada. Adentrada. Una red tan fina, tan fantasmagórica, que voy quedándome cada vez más sola. Como una araña, presa de su propia tela.

No es como digo ni como veo; lo sé. No es, sencillamente, así. Es otra cosa. Hablo en un idioma que yo misma desconozco. En una lengua a la que ni los muertos responden. 

No necesito estar en otro lugar más allá de esta tela, traslúcida de tan fina; de esta hebra donde engarzo y sostengo voces que no sé de dónde vienen, cuya resonancia me hipnotiza.

Voy a desaparecer musitando sílabas inconexas. Porque de desaparecer se trata. He aprendido, al fin, a desaparecer. 

                                                                                          

Alfonsina Clariá 
(Córdoba, Argentina, 1972)
POETA/LICENCIADA EN LETRAS MODERNAS/ 
ESCRITORA/DOCENTE/INVESTIGADORA
de Papeles desordenados (libro inédito)
para leer MÁS

19 de marzo de 2026

Celia Inés López Miranda, Luna azul


Fotografía de Alastair Magnaldo

LUNA AZUL   

(a Beatriz Coccia)

el horizonte 
anuncia el portal  
hacia la noche.

luna llena,
acuarela de oleaje 
en plenilunio.

por vos,
el mar crece hipnotizado
-como crece la mano del labriego en la siembra-
enlunado abismo de las olas 
                 unge mis pies con su lengua de sal.

como un amante
se deshace en espuma,
y el Río Negro tirita 
entre sus pliegues,
hasta la frontera de los peces

luna de mar y de río
revelación azul 
en el aura de mi pensamiento.
(tiempo del despertar)

busco el poema -que tal vez no escriba-
en la arena de mi sombra.



Celia Inés López Miranda
(Villa Dolores, Córdoba, Argentina)
para leer + en EMMA GUNST

7 de marzo de 2026

Nélida Lencina, 3 poemas 3


Ilustración de Lesley Thiel

Poesía, no estés triste.
Sé que te dedico escaso tiempo.
Siempre ocupada en mi jardín.
Las flores y su perfume
también son poesía.


Ilustración de Lesley Thiel

El planeta parece hundirse
y el sol nos quema
mientras los humanos
alardean con su inteligencia.
Son ellos la mano de obra
que llena ríos y mares
con plásticos y basura.
Son ellos los que talan
los que prostituyen la tierra
a cambio de dinero sucio.


Ilustración de Lesley Thiel

Entonces supe que la vida
a veces es un intercambio

Son largos los años vividos.
La mente y el cuerpo
esperan el final.
Mis ojos recorren el lugar
para grabar cada detalle de existencia.
La caricia del atardecer
el manto verde hasta donde puedo mirar.
Mis oídos guardan las melodías de las aves.
Las flores, el color y ese perfume que llevaré
en mi piel como despedida.
El camino bordeado de piedras
será mi brújula para volver
en lluvia, en sol o en brisa.


Erguida aunque todo esté girando
Ediciones del Parque Tucumán, 2025



Nélida Lencina
(José de la Quintana, Córdoba, Argentina, 1941)
POETA/LABRADORA
de Erguida aunque todo esté girando
Ediciones del Parque Tucumán, 2025
Palabras preliminares de Claudia Tejeda
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