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19 de mayo de 2014

Ana Becciu, 3 poemas 3 (II)

Obra de Mariana Palova

LA CIERTA AGONÍA

Difícilmente inicias
este empecinado invadir
de mis ojos más hondos.

Me mueres a diario.
Temo
que ya no quede en ti
rastro de mi semejanza.

a Alejandra Pizarnik




Obra de Mariana Palova

Soy ya
tan ineludiblemente
morable
que pareceré morir
cuando llegue de mí,
extraña,
y me devore.

Viajeros estremecidos
por el paso
de su voz
abrirán la noche,
descubrirán su rostro
de habitante ebria,
de innumerable
hacedora de bosques
que mora en mí.




Obra de Mariana Palova

Dirá que fue la noche
la noche la vida la noche
la atroz locura de amar el sueño
la palabra
la ardua labor de imaginar los signos

a Olga Orozco




Ana Becciu 
(Buenos Aires, Argentina, 1948) 
Reside en Francia
POETA/TRADUCTORA LITERARIA
de Como quién acecha (1967-1972)
en La visita y otros libros, Editorial Bruguera, 2007
Prólogo de Alberto Manguel
para leer MÁS

21 de septiembre de 2013

Ruth Daigon, La luna dentro


Obra de Mariana Palova 



LA LUNA DENTRO



Las mujeres saben cómo esperar.
Huelen el polvo, escuchan cómo se van apagando las ampolletas, 
y cuidan los niños
pálidos con el sueño.
Oyen el peligro
palpando las paredes, las aceras que se hunden,
y bordes de la ciudad
magullando el paisaje.
A través de largos corredores
murmuran entre sí
sobre las campanas de alarma
y cruces que se balancean,
sobre ojos amortajados y estrellas vacías
mientras que la luna dentro de ellas
da un lento, plateado respiro.

2

Ella sigue sacándolo
del fondo del Río Rojo
en acción detenida o cámara lenta
y el replay repite la escena del agua que salpica
floreciendo alrededor de sus caderas.
Corrige su zambullida,
restablece la promesa
de su forma, cada movimiento
claro en el instante de la caída.
El momento revertido,
lo rebobina
hasta donde él está quieto
sentado en la orilla.
Ahora ella se cubre la cabeza
con el cabello vuelto hasta las raíces.
Los gritos puestos en su boca
se convierten en suaves sílabas de nuevo.
Sus rajadas vestiduras son rehiladas,
la mesa puesta para su regreso.

3

Con el cuerpo extendido
permanece en atención
esperando la luz más brillante
y luego afila sus instrumentos.
Primero, los ojos sacados
para ver lo que fue visto,
las orejas probadas para oír lo que fue oído,
luego el corazón disecado
para encontrar lo que estaba perdido.
Toma tiempo cortar suavemente
el hueso y los nervios
del pasado,
cada golpe de cuchillo
una incisión de amor.
No hay entrada,
sólo penetración.
Cuando el cuerpo está
expuesto,
trepa dentro
cierra los bordes de la piel
y lentamente se cura a sí misma.

4

En su cocina, ella conoce
cada hoja roma,
asa desgastada, punta rota...
el pasado comprimido en acero.
Junto con el ruido sacramental de
tazas que chocan, labios saboreándose,
escucha el afilar de los cuchillos y machetes
que fragmentan los días en proporciones comestibles.
Diestramente en la tabla de cortar,
entrega sus diezmos vegetales
a la olla de barro, la ensalada,
el wok, tajadas y tajadas
en el corazón de las cosas.
Los cuchillos familiares la trinchan
en trozos servidos en la cena familiar.
De las sobras y los huesos
hace un caldo y se alimenta.

5

Yacía tendida sobre la mesa
entre un cántaro de leche
y una servilleta manchada. Una gigantesca
esponja barrió sus desmenuzadas partes
hasta el borde. Antes de des-
aparecer en la pala de basura,
recordó cuán simple
había sido la vida entre el tenedor
curvado y el cuchillo dentado.

6

Mil novecientos treinta fue una larga
y fría infancia acuñada en una cicatriz
y comida que llenaba media
despensa. Lamió
el muñón del lápiz e
hizo sus listas. Cada
item considerado, escrito,
borrado, reescrito
de acuerdo a lo que resonaba
en la tetera rota.
A las seis siempre
escuchaba las noticias y se quejaba
su cuerpo un vasto campo para
las víctimas de plagas, revoluciones,
guerras, cada quejido otro cadáver.
De pie planchaba, cada pasada
una preparación para el entierro,
un estiramiento de piernas,
un suavizar de rasgos,
un acto final de amor.

7

Una convención de mujeres mirando
el lente,
picnics
cumpleaños,
todo nadando en la superficie
del baño ácido...
una procesión de momentos de cartón
pobremente enfocados
con un espacio vacío
aquí y allí
como una predicción.







THE MOON INSIDE
                                     
1

Women know how to wait.
They smell the dust,
listen to light bulbs dim 
and guard the children
pale with dreaming.

They hear danger
tapping along walls,
sidewalks sinking
and edges of the city

bruising the landscape.
Down long corridors
they whisper to each other
of alarm bells

and balanced crosses,
of shrouded eyes and empty stars
while the moon inside them
takes a slow, silver breath.

                       2

She keeps pulling him up
from the bottom of the Red River
in stop action or slow motion
and replays the splash
blooming around his hips.

She corrects his dive,
restores the promise
of his form, each movement
clear in the instant of falling.

The moment reversed,
she reels him up
to where he's still
sitting on the bank.

Now, mother covers her scalp
with hair torn by its roots.
Screams sucked back into her mouth
become soft syllables again.

Her shredded clothes rewoven.
The table set for his return.

           3 

As the body's laid out,
she stands at attention
waiting for the clearest light
and then sharpens her instruments.

First, the eyes removed
to see what was seen,
ears probed to hear what was heard
then the heart dissected
to find what was missing.

It takes time to cut tenderly
into the bone and sinew
of the past,
each knife stroke
a loving incision.

There is no entrance.
Only entering.
When the body's exposed,
she climbs inside,
pulls closed the flaps of skin
and slowly heals herself.

            4 

In her kitchen, she knows
each blunted blade, worn handle, broken tip,
the past compressed in steel.

Along with sacramental noise of cups knocking, 
lips smacking, she hears carving knives and cleavers
splitting days into edible proportions.

Skillful at the cutting board, she pays her 
vegetable tithes to the crock pot, the salad,
the wok, slices and slices into the heart of things.

Familiar knives carve her into chunks served up 
for family supper. From the scraps and bones
she makes a broth and feeds herself.

            5

She lay sprawled on the table
between a pitcher of milk
and stained napkin.  A giant
sponge swept her crumbling parts
over the edge.  Before dis-
appearing into the dust pan,
she remembered how simple
life had been between the curved
fork and serrated knife.

            6

Nineteen-thirty was a long,
cold childhood wedged into a scar
and food that filled half
the cupboard.  She'd lick
the pencil stump and make her lists.
Each item considered, written, erased,
rewritten according to what jingled
in the broken tea pot.

At six o'clock, she always
listened to the news and groaned,
her body a vast burial ground for
victims of plagues, revolutions,
wars, each groan another corpse.
She stood ironing, every stroke
a preparation for the burial,
a straightening of limbs,
a smoothing of features,
a final act of love.

            7

a convention of women facing out
into the lens
picnics   birthdays
all swimming to the surface
of the acid bath
a procession of cardboard moments
poorly focused with here and there
an empty space
like a prediction




Ruth Daigon 
(Winnipeg, Manitoba, Canadá, 1923 - 
California, EE.UU., 2010) 
de Newton's Baby Press, 1997
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20 de julio de 2012

Elizabeth Bishop, Insomnio


Obra de Mariana Palova


INSOMNIO

La luna en el espejo de tocador
contempla (tal vez orgullosa
de sí misma, pero jamás se sonríe)
millones de millas
en la distancia y más allá del sueño,
o quizá duerma de día.

Si el Universo la abandonara,
ella lo mandaría al infierno
y encontraría una extensión de agua,
o un espejo, donde morar.
Envuelve pues tus cuitas con una telaraña
y tíralas en el pozo

a ese mundo invertido
donde la izquierda es siempre la derecha,
donde las sombras son en realidad el cuerpo,
donde nos quedamos despiertos toda la noche,
donde el cielo es tan llano como el mar
es ahora profundo, y donde tú me amas.

INSOMNIA

The moon in the bureau mirror
looks out a million miles
(and perhaps with pride, at herself,
but she never, never smiles)
far and away beyond sleep, or
perhaps she's a daytime sleeper.

By the Universe deserted,
she'd tell it to go to hell,
and she'd find a body of water,
or a mirror, on which to dwell.
So wrap up care in a cobweb
and drop it down the well

into that world inverted
where left is always right,
where the shadows are really the body,
where we stay awake all night,
where the heavens are shallow as the sea
is now deep, and you love me.






Elizabeth Bishop 
(Worcester, Massachusetts, EE.UU., 1911-1979)
de Una fría primavera, 1955
en Antología Poética, Valencia, 1988
Traducción de Orlando José Hernández
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19 de mayo de 2011

Isabel Bono, Quiero que todo explote...


"El agujero negro de Dante", obra de Mariana Palova

quiero que todo explote
que las almohadas exploten
que las manzanas del frutero exploten
que las cruces verdes de las farmacias exploten
que los escaparates exploten
que los buzones de correos exploten
que los charcos exploten
que las semillas de los eucaliptos exploten
que los cactus exploten
que las nubes exploten
que las estrellas exploten
que mi corazón explote

quiero que todo, lo bonito y lo feo, explote

que en mi casa en las calles en el cielo
y hasta en las más bellas habitaciones de hotel

todo explote





Isabel Bono 
(Málaga, España, 1964)
de Maomegean, Planeta Clandestino, 2011
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Piedad Bonnett, Contabilidad


Obra de Mariana Palova (México, 1990)

CONTABILIDAD

El debe y el haber:
doble columna
que el tiempo va asentando
sobre el libro de cuentas de los días
con mano minuciosa
y rigor que no admite apelaciones.
Tarde ves el balance,
las deudas, los desfases,
las pérfidas movidas del contable
que hizo que aquel cruzara muy temprano
y ese otro muy tarde por tu vida.
Y está lo que no ves,
lo consignado con miserables tintas invisibles:
la puerta que tocaste diez minutos después
de alguna despedida. La voz que nunca oíste,
la calle no cruzada, el paradero
en que tuviste miedo de bajarte.
Y en un rojo indeleble,
la cadena de tratos y pactos y traiciones,
la irreversible línea que te suma y te resta,
la que te multiplica y te divide.




Piedad Bonnett 
(Amalfi, Colombia, 1951)
POETA/NOVELISTA/DRAMATURGA/CRÍTICA LITERARIA
de Las HerenciasColección Palabra de Honor, 
Editorial Visor Poesía, Madrid, España, 2008
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su WEB

19 de enero de 2011

Jessica Freudenthal, Sophokleis

Obra "Tan exquisita, tan hueca", de Mariana Palova, México, 1990


SOPHOKLEIS

Las chicas que no saben reír
Jamás van a bailar
Charly García

Hay que ser glamoroso
pero sin caer en la extravagancia obvia.
Hay que tener un peinado a go-go,
un piercing y un tatoo.
Hay que ser punky,
glam, rocker hippie,
raver y darketo.

Pero ante todo
hay que ser fashion.
Hay que tener un novio que piense
que la palabra “monogamia” es el nombre
de una comida japonesa.

Hay que oír música de elevador o de supermercado,
Pop desechable, enlatado,
easy listening digerido y masticado.

Pero ante todo hay que taparse los oídos.

Hay que ser culto,
Intelectualoide de café,
periódico y cigarro.

Pero ante todo hay que leer a Paolo Coehlo.




Jessica Freudenthal Ovando 
(Madrid, España, 1978)
Reside en La Paz, Bolivia
de Hardware, Plural editores, 2009
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14 de diciembre de 2010

Wendy Guerra, 3 poemas 3

"Querida Amalia", obra de Mariana Palova, 1990, México



EXCESO DE EQUIPAJE

Si me dejaran llevar todo lo que extraño 
si me dejaran cargar la isla y el milagro
no tendría adónde regresar
no volvería a mí
ni a tus recuerdos



CURADORÍA

Soy una buena obra
Quizás la mejor de toda su colección
Pero tan efímera que el MOMA no puede conservarme.




NOTICIAS DE LA REINA

No me puedes ver
No te puedo escuchar ni tocarte
No puedes moverte de tu centro pero te trasladan mis deseos
Estás atrapado entre el deber y mis súplicas
Soy Juana la Loca y retozo en el fuego de mis entelequias
Corro por el castillo haciendo honor a tu nombre
Pelo suelto y mundo expuesto sin saber sin conocer dónde te esconden
Quién soy y porqué te busco para desnudarme mientras me arrepiento.
A qué estados me transportas con los ojos vendados
Qué razones me llevan a morir en silencio por tu honor.




Wendy Guerra 
(La Habana, Cuba, 1970)
de Ropa Interior, Editorial Bruguera, 2008
para leer + en EMMA GUNST
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