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13 de mayo de 2016

Melisa Machado, 3 poemas 3 (+1)


Fotografía de Antonio Merini



IV

En el extremo de las manos
la oscuridad es tan suave
como tu lengua atravesando mi cerebro.





Fotografía de Antonio Merini

IX

Tómame la carne sin confines,
este débil pulso.
Protégeme de los surcos de hiel,
del verbo ácido.

Yo, que trencé mis muertos a mis cabellos
que me alhajé con su olor,
quiero ahora volver a coser mi corazón.



Fotografía de Antonio Merini
XV

El invierno en la panza de los pájaros.
El frío en el pan humeante.
Y tu lengua en la fiebre.

XV

L’inverno nella pancia degli uccelli.
Il freddo nel pane fumante.

E la tua lingua nella febbre.

(Traducción del CCTM)


B O N U S  T R A C K

Fotografía de Andrea Kiss

BREBAJE ROJO

Habían volcado el vino
rociado sus pies con la saliva.
Llevaban los pezones untados con ceniza
y humedad de higos en los vientres.
Hurgaron a la mujer absorta:
tembló la matriz ante el pecado.

(extraído de su BLOG)





Melisa Machado 
(Durazno, Uruguay, 1966)
Reside en Montevideo
POETA/PERIODISTA CULTURAL/CRÍTICA DE ARTE/
TERAPEUTA ZEN SHIATSU
de El canto rojo, Sediento Ediciones, México, 2013
Colección de poesía A prueba del tiempo #11
para escuchar sus poemas en sueco 
y recitados por la autora en: PODPOESI
su BLOG

17 de noviembre de 2014

Silvia Rodríguez Ares, 3 poemas 3


Fotografía de Antonio Merini

EXORCISMO

Tenés
la soga al cuello.
Mirame
si querés salvarte.
Todo
lo que soy
es un hilo
que se corta.

ESORCISMO 

Hai 
la corda al collo.
Guardami
se vuoi salvarti.
Tutto
quello che sono
è un filo
che si taglia.



Fotografía de Errikos Andreou

Es la mano ausente
la que toca mi hombro.
Solíamos
pasear en primavera.
El frío
-y todo lo demás-
no sé por qué
sucede.





s/d del autor de la fotografía



HIJA

La sostuve
en la palma
de mi mano.
La nutrí.
Bebió la piel
y el aire.
Le di mis ojos
para que hoy me muestre
todo aquello
que me falta.





Silvia Rodríguez Ares 
(Mar del Plata, Buenos Aires, Argentina)
para leer + en MIS POETAS CONTEMPORÁNEOS
en INSTAGRAM
su BLOG

23 de agosto de 2014

Carolina Esses, 3 poemas 3


Fotografía de Alex Mazurov

Un día, te prometo, voy a quedarme en casa
a coser todos tus botones.
Sacos, camisas, contaré los ojales
buscando en cada prenda la pieza que falte;
no voy a conformarme con que se adapte a las otras
deberá ser igual, idéntica en color y tamaño.
Un día, te prometo, voy a ordenar los placares
quiero poder responder algo cuando preguntes
dónde esta tal o cual cosa.
Y un día, también
haré los dobladillos que hoy improvisás
plegando la tela para adentro
en un simulacro que a veces falla
y deja entrever mis pocas cualidades de costurera
y tu casi nula capacidad para mentir.
Quizás le encuentre el gusto
a quedarme junto a la ventana
enhebrando la aguja
arriba y abajo, la mano con el hilo
concreto
ya no el imaginario
sino el que en la práctica existe
transparente sí
casi invisible
azul sobre azul, negro sobre negro
y ensimismada en mi labor
quizás renuncie a todo lo demás.





Fotografía de Antonio Merini


Supimos hacer de la orilla una casa
a la altura de las circunstancias
pensamos: nada puede llevarnos de vuelta
estamos a salvo
y nos dimos a la tarea de construir una familia.
Nuestros hijos crecerían entre juncos
les lavaríamos el barro de las piernas
cuando atravesaran descalzos la laguna.
El frío, como un pájaro de mal agüero
habría quedado atrás, olvidado
en una bolsa de plástico negra
a los tumbos por la montaña.
Cuento los días que faltan para la primavera.
Pero algo me dice que no vendrán tiempos mejores.
Acuno, doy el pecho –mi parte más preciada
enseño a balbucear primeras palabras;
endurecida la mandíbula
los ojos fijos en una imagen que se yergue
detrás de mí, o sobre mí
o sobre todos
mi hijo se despereza.





Fotografía de Alisa Andrei


No sabíamos que el aceite derramado traía
mala suerte. La idea había sido freír unas papas
cortarlas en rodajas y echarlas todas al mismo tiempo
en una sartén descolorida. Los caracoles-
agregó mi madre mientras raspaba el piso negro
la superficie cubierta de pequeñas motas doradas-

cualquier cosa, en realidad, que provenga del mar
también es portadora de mala fortuna.
Nosotras mirábamos desde el sofá
atentas a la ceremonia imposible: borrar
las huellas de la desgracia futura.

(de Bucólico paisaje)




Carolina Esses 
(Buenos Aires, Argentina, 1974)
para leer más en POETAS ARGENTINOS
extraídos de su blog UNA TEMPORADA DE INVIERNO

27 de junio de 2014

Rose Ausländer, No contabilices II (+1)


Fotografía de Antonio Merini

NO CONTABILICES II

No cuentes 
las horas

Se cuentan ellas mismas
en el año
en la minúscula eternidad
de tu estancia aquí

Este aliento
pasajero

(Traducción de Inmaculada Moreno Hernández)
ZÄHL NICHT II

Zähl nicht
die Stunden

Sie zählen sich selber
zum Jahr
zur winzigen Ewigkeit
deines Aufenthalts hier

Dieser rollende
Hauch


B O N U S  T R A C K


NO OLVIDARÉ NUNCA

No olvidaré nunca,
la casa paterna,
la voz de mi madre,
el primer beso,
las montañas de Bukowina,
la huida en la primera guerra mundial,
la invasión de los Nazis,
el temblor del miedo en el sótano,
el médico que nos salvó la vida,
la América agridulce,
Hölderlin, Trackl, Celan,
mi atormentado escribir,
la obligación de escribir todavía.

(Traducción de la Gela)


INCH VERGESSE NICHT

Ich vergesse nicht
das Elternhaus
die Mutterstimme
den ersten Kuss
die Berge der Bukowina
die Flucht im Ersten Weltkrieg
den Einmarsch der Nazis
das Angstbeben im Keller
den Arzt, der unser Leben rettete
das bittersüße Amerika
Hölderlin Trackl Celan
meine Schreibqual
den Schreibzwang noch immer.






Rose Ausländer - Rosalie Beatrice Scherzer-
(Czernowitz , Bucovina, 1901-Düsseldorf, Alemania, 1988)
para leer MÁS

1 de junio de 2014

Darío Cantón, 2 poemas 2


Fotografía de Antonio Merini
Bajé a la cueva
tanteé
sus cuatro paredes
y el techo bajo.
Me dije:
aquí no viviría

Me quedé

(de Poamorio, 1969)

Went down the cave
felt around
the four walls
and low ceiling.
I said to myself:
wouldn't live here

I stayed

Sono sceso nella caverna
ho toccato
le sue quattro pareti
e il tetto basso.
Mi sono detto:
qui non vivrei

Sono rimasto


Fotografía de Antonio Merini
De verdad
sólo ahora te descubro
cuerpo
venido conmigo
tantos años.
Sólo ahora
en que al verte
en el espejo
sentado allí
mirándome a los ojos
he sabido qué buscabas.

Mi cuerpo
el callado.

(de Poemas familiares, 1977)

Truly
only now I discover you
body
that has come with me
all these years.
Only now
on seeing you
in the mirrow
sitting there
looking me in the eye
I see what you searched for.

My body
the silent.

Davvero
solo adeso ti scopro
corpo
venuto con me
tanti anni.
Solo adesso
al vederti
nello specchio
seduto lì
guardandomi negli occhi
ho saputo cosa cercavi.

Il mio corpo
il silente.





Darío Cantón 
(9 de julio, Buenos Aires, Argentina, 1928)
SOCIÓLOGO/POETA
en Poesía argentina para el siglo XXI/Argentine Poetry for the XXIst Century,
Andrew Graham-Yooll y Daniel Samoilovich
Ediciones Continente, 2011
para leer una entrevista en ARTEMUROS
su WEB

5 de agosto de 2010

Sharon Olds, Los conversadores


Fotografía de Antonio Merini

LOS CONVERSADORES

Pasamos la semana entera conversando.
Habíamos nacido el mismo año y en el mismo hospital,
y teníamos tanto que contarnos
que no podíamos parar; de mañana, en el porche,
conversábamos, mientras yo me peinaba
y los pelitos que caían flotaban por el aire
bajando la colina, rumbo al valle.
Yendo a buscar el auto, conversábamos;
por encima del techo, suave y acampanado, seguíamos conversando
mientras abríamos la puerta;
después nos agachábamos y estábamos los dos, con medio cuerpo adentro,
conversando. Cuando nos encontrábamos en pleno día,
lo primero que hacíamos al vernos era abrir la boca.
Durante todo el día nos cantábamos la música
ambiente del lenguaje oral. Ni siquiera parábamos
para comer: le hablaba a través de los restos masticados
de una galletita, mientras lo salpicaba amablemente
con las migas. Hablábamos
mientras volvíamos al auto, y nos quedábamos parados,
conversando, uno de cada lado,
hasta que se vaciaba el estacionamiento,
y entonces nos poníamos a hablar de un tema nuevo con las manos agarradas
al techito marrón. De su mujer
demasiado no hablábamos, tampoco de mi esposo;
pero acerca de todo lo demás
le sacábamos chispas a la lengua;
mientras nos dábamos un baño de inmersión,
o al subir caminando por la calle empinada,
con los pies en el suelo caliente y polvoriento,
igual que si estuviéramos pisando los iones sobre un ala; y en la arena
el uno junto al otro, al darnos vuelta, aquellas mismas vueltas
que de haber sido el uno sobre el otro habrían sido
las vueltas del placer; y bajo el agua, incluso,
salían de nuestras bocas, encadenadas delicadamente
nuestras frases. Pero de noche, por lo general
casi toda la noche, conversábamos
hasta caer rendidos, como si, de detenernos un instante apenas,
irremediablemente hubiéramos tenido que ir el uno hacia el otro.
Hoy me dijo
que sería capaz de conversar conmigo para siempre:
yo creo que es así la vida de los ángeles,
sentados uno frente al otro, inmersos
en la dicha de compartir un mismo espíritu.
Dios mío,
nunca van a tocarse.


THE TALKERS

All week, we talked. Born in the same
year and hospital we had so much to catch
up on we couldn't stop, we talked
in the morning on the porch, when I combed my hair
and flung the comb-hair out into the air,
and it floated, down the slope, toward the valley.
We talked while walking to the car, talked
over its mild, belled roof
while opening the doors, then ducked down
and there we were, bent toward the interior, talking.
Meeting, in the middle of the day,
equals--same birthplace, same age, same height--
we opened our mouths. All day,
we sang to each other the level music
of spoken language. Even while we ate
we did not pause, I'd speak to him
through the broken body of the butter cookie,
gently spraying him with crumbs. We talked
and walked, we leaned against the opposite sides of the
car and talked in the parking lot
until everyone had driven off, we clung to its
cold maroon raft and started a new subject.
We did not talk about his wife, much,
or my husband, but to everything else
we turned the workings of our lips and tongues
--up to our necks in the hot tub,
or walking, up the steep road,
stepping into the hot dust as if
down into the ions of a wing, and on the
sand, next to each other, as we turned
the turns that upon each other would be the
turnings of joy-- even under
water there trailed from our mouths the delicate
chains of our sentences. But mostly at night, and
far into the night, we talked until we
dropped, as if, stopping for an instant, we might
move right toward each other. Today,
he said he felt he could talk to me forever,
it must be the way the angels live,
sitting across from each other, deep
in the bliss of their shared spirit. My God,
they are not going to touch each other.





Sharon Olds 
(San Francisco, EE.UU, 1942)
de Blood, Tin, Straw, 1999
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg
para leer MÁS

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