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23 de julio de 2023

Gwyneth Lewis, La mitad (+1)



LA MITAD

Una persona que, en total, posea cuatro piernas,
tiene cuarenta dedos (si se cuentan los pies),
dos cabezas y dos cerebros para supervisar
la fábrica de médula dentro de los huesos.
Pero un anhelo terrible llena a aquellos que saben
que el alma está por la mitad cuando vive sola.

El amor es una ciudad de mitades extraviadas
que dan vueltas sin parar entre fracciones
en busca de una matemática en que dos
y dos siempre sumen tres,
que desconciertan todo ángulo del estar separado
y convierten “esos otros” en “nosotros”.

Alabemos a todos aquellos que se atreven a vivir
enteros, que se cierran como tomos pesados
una y otra vez, hasta que sus páginas componen
historias privadas para sus ojos,
clásicos que florecen en llamas públicas
quemándose como mariposas exóticas.



 B O N U S  T R A C K


Su venganza era irónica:
los dos en el carro
empapado de gasolina,
una chispa del encendedor
y todo cambia.
Pero su odio
nos unía.
Nos dio esto,
bien profundo en los tendones:
ahora que compartimos
el ardor de los extremos del nervio
nuestro mutuo calor
es un matrimonio,
esta noche en llamas e insoportable
aún conyugal.



Gwyneth Lewis
-Gwyneth Denver Davies MBE-
(Cardiff, Gales, Reino Unido, 1959)
POETA/PERIODISTA/GUIONISTA
en Nuestra tierra de nadie 14 poetas galeses contemporáneos,
Selección y traducción de Katherine M. Hedeen y Víctor Rodríguez Núñez
Colección: Ladrones del tiempo, Uniediciones, 2019
Leídos en REVISTA ALTAZOR
para leer + en POETAS SIGLO XXI
su WEB

3 de julio de 2017

Margaret Randall, Esto sucede cuando el corazón de una mujer se rompe (+2)


Obra de Hope Gangloff

ESTO SUCEDE CUANDO EL CORAZÓN DE UNA MUJER SE ROMPE

Después de la pérdida de Granada estabas indignada,
abatida de pesar.
Tanto Goliat para tan vulnerable David.
En Trinidad, el recuerdo de tu paisaje
te abrió a las mujeres, a ti misma.
Cuando hablas nos abarcas con tus dedos finos,
color de café pálido bajo la luz distante del atril,
luego sonríes y nos previenes contra la metáfora del cuerpo femenino
como playa o palmera.

Jícama cruda. Luciérnaga. Yo conozco esta historia,
no olvido mi propia caída
en aquel río de la elección redundante.
La guerra me siguió
desde el calor de Managua.
Nuevo México se desplegó sobre mi lengua
y reconocí su gracia
donde sólo tu mano amante
podía trabajar su canto.

Me fui. Mis compañeros se quedaron.
Vine a casa
y fue mi primer paisaje
el que entonces se alzó a recibirme,
goteando números divisibles.
Esto sucede en el momento
en que salir resulta volver sobre tus labios.

Esto sucede cuando el corazón de una mujer se rompe
y sus pedazos se reagrupan en torno al lugar
que ha marcado en su mapa.
Una vida. Una mujer lesbiana
cuya gente nunca conoció su nombre.
Un resabio de injusticia moja su rabia.
Ningún alimento que no sea esta piel.
Escarpa de piedra roja.
Y saborea un consejo mientras respira.




Fotografía de Leanne Surfleet

(...)
Aquella mujer que no reconoce
su rostro en la fotografía,
¿podemos decir que nunca se ha visto a sí misma?
¿Dónde está el espejo lo bastante limpio
como para decirnos quienes somos?

(fragmento del poema Espejo




MARGARET DIXIT

¿Cuál cree que ha sido el papel de la poesía escrita por mujeres en la evolución de la
poesía estadounidense de los últimos treinta años?

En los últimos treinta años la mujer ha surgido como un astro dentro de la poesía
norteamericana. Indudablemente hubo mujeres antes, muchas y buenas. Pero por
muchas razones–entre ellas el surgimiento del feminismo, las nuevas oportunidades
para que la mujer se eduque, publique, lee, etc.–se conocen muchas mas ahora. Yo creo,
realmente, que los mejores poetas de mi país, hoy en día, son mujeres. Y su poesía ha
traído nuevas actitudes, imágenes, voces. El principal papel de esta poesía ha sido el de
dar a la poesía norteamericana en general un nuevo vigor, una nueva profundidad, una
mirada desde el otro, hasta ahora mas oculto, lado de la experiencia humana.

(fragmento de la entrevista en: LA CASA TRANSPARENTE)






Margaret Randall 
(Nueva York, Estados Unidos, 1936) 
POETA/ESCRITORA/FOTÓGRAFA/ACTIVISTA SOCIAL/FEMINISTA
de Esto sucede cuando el corazón de una mujer se rompe (poemas 1985-1995)
Traducción, prólogo y notas de Víctor Rodríguez Núñez
Madrid, Editorial Hiperión, 1999 
para leer MÁS y MÁS
para leer una entrevista en LATFEM
su WEB

11 de mayo de 2015

Margaret Randall, Es cierto, en mi niñez pasó algo (+1)


extraída de ACÁ

ES CIERTO, EN MI NIÑEZ PASÓ ALGO

Sin vergüenza alguna, cocino para los demás,
doy de comer a amantes, hijos, amigos.
Me declaro culpable de este destino o quehacer diario,
de esta sabiduría que chorrea por los suculentos poros
de un cerdo asado,
que reside en el sabor que deja un guiso al curry,
que se levanta en la masa semanal del pan caliente.
Doy comida como sustento, controlo bien mi territorio,
templando el mal genio sirvo consejos
para retar a corazones y mentes.
En las mañanas frías me siento con mis libros de cocina,
The Joy of Cooking ya tuvo
entre mis manos cinco vidas.
Hay fotografías gourmets a todo color
entreveo sobras impetuosas de una olla o sartén,
mis energías acometen
aunque nadie espere ni desee ser servido.
Soy esa mujer que atiborra las bocas,
esa amontonoplatos que aprendió tarde
a dejar a los comensales servirse ellos mismos,
a repetir o no según les apetezca.
Mis comidas no son para la mente,
sino para el glotón de cinturón desabrochado,
todos los planes dietéticos en veremos.
Soy la escritora, la maestra, la activista política
que sueña con los más altos elogios para su pay de manzana,
con una reseña en la times Book Review
para sus enchiladas de pollo al horno.
Es cierto, en mi niñez pasó algo.
No, no puedo recordar qué fue.

de Esto sucede cuando el corazón de una mujer se rompe (poemas 1985-1995), 
Madrid, Hiperión, 1999 
Traducción de Víctor Rodríguez Núñez

TODOS MENTIMOS

Quisimos hacer del mundo un lugar mejor
pero todos mentimos.
Luchamos contra el poder con humildad,
entrega, inteligencia
y la suerte del inocente.
Las mentiras del enemigo nos invadieron, su lenguaje
disminuyó nuestras filas,
nos colocaron unos contra otros,
tocaban a los amantes, confundiendo
quiénes éramos y por qué.
Y nosotros mentimos sobre ellos, alegando
que eran narcotraficantes y asesinos,
que sus alimentos estaban envenenados
y sus calles no eran seguras.
Después mentimos sobre nosotros mismos
sembrando graves dudas, poniendo trampas terribles.
Por supuesto que le mentimos a la CIA
y a los otros torturadores.
Pero también a nuestros padres, a nuestros hijos
y a todos aquellos que deseaban de nosotros
la verdad.
Mentimos por omisión, convencidos de que teníamos
que ocultar las contradicciones.
La verdadera historia solo podía beneficiar
a los que anhelaban destruir el sueño,
a los que nos querían muertos.
Las cuentas se saldarían más tarde.
Mentimos para proteger a los nuestros y para justificar
que no nos protegíamos.
Mentimos a cerca de la necesidad de conocer lo esencial,
repetíamos como papagayos las palabras de nuestros líderes,
incluso cuando fingían no haber cometido ningún genocidio.
No cuestionamos la desaparición de él,
las cien puñaladas en el cuerpo de ella,
seguimos a nuestros guías que nos mentían,
y entonces mentíamos a nosotros mismos:
el dolor que cambió nuestras moléculas.
Hasta que luego nos convertiríamos en la promesa
que no cumpliríamos, en un fantasma agotado
y destinado a vagar con los ojos huecos:
la mentira que volvería a rondar un sacrificio
demasiado grande para ser nombrado.

Traducción de Israel Domínguez





Margaret Randall 
(Nueva York, Estados Unidos, 1936) 
EDITORA/POETA/ENSAYISTA/ACTIVISTA
para leer una entrevista en: LA JIRIBILLA
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