NENE, ¿NO TE BASTA CON TU NOVIA? Mis amigas me habían advertido:
ya te vas a ver rodeada de hombres jóvenes
como los pájaros que sobrevuelan a San Francisco.
Ahora, las nuevas generaciones me buscan
ese momento en que no sos joven ni vieja
y ellos son curiosos, quieren saber.
Me aplaudís cuando termino de leer
decís que te gusto, que escribo bien
me presentás a tu novia, estudia Letras.
Cuando ella se va me decís un piropo.
No sé si cambiaron los códigos
o te tomaste una licencia poética.
Nene, ¿no te basta con tu novia?
Te agradezco, pero se trata de
habitar el instante, el presente
la vida son tres días y ya pasaron dos.
Las novias de esa generación
son aniñadas, se visten tipo Sarah Key
busco incluirlas en las charlas pero no hay forma
tienen ojos tristes y me miran como a La Otra.
A ellos los ciega su carga vital, el ansia de poseer
no saben dar, solo pedir
nunca nadie les regaló nada
quieren cobrarle a todo el mundo
se tiran encima como animalitos
son, eso sí, émbolos perfectos.
Como dijo Dios, que es mujer:
veo que he creado muchos tipos
pero muy pocos hombres.
Una madrugada fui a la playa me saqué la ropa y me metí al agua empecé a nadar y nadar. Me debo haber adormecido, no sé cuánto tiempo pasó. Cuando reaccioné estaba muy lejos de la orilla me había envuelto una corriente sentía oleadas de agua más fría, más caliente. Nunca le conté a nadie esto, no me creerían. Comencé a percibir manchas negras más negras que el negro del mar se movían lento, venían hacia mí. Era un grupo de ballenas jorobadas en viaje migratorio hacia el sur. Sentí terror y supe que iba a morir. Imaginé que una abría la boca y me succionaba en una muerte lenta como en los cuentos infantiles. A su paso el mar se inflaba y me elevaba al bajar, se hacía un hueco en mi estómago. Paralizado, sin poder decidir, empecé a llorar. La ballena es mi mamífero preferido. De chico soñaba que me agarraba de su cola y paseábamos y conocíamos mundos nuevos. Pero entre bufidos y cantos extraños pasaron a mi lado como si yo no estuviera ahí. Se fueron alejando y el agua quedó en calma. Cuando pienso que estuve entre ellas siento que nunca viví algo más terrorífico. Así son los sueños, llegan en forma inesperada. Nunca le conté a nadie esto, no lo creerían pero vos sí, ¿no?
TRABAJAR CANSA Hombres con el torso desnudo arrojan piedras al agua, ven el río desde el río, cometas que se niegan a volar, cascos de viejos buques bajo el sol. Hombres que una vez han hecho hijos por la noche vuelven a la pieza única, al único catre, un último vaso de vino al acostarse, alivio del fresco en la almohada, asco de ese mundo que los olvidó.
(*) y (**) Steinberg con el ojo fotográfico de Inge Morath (1923, Austria - 2002, Nueva York)
Y a quién vas a llamar cuando acabe el día y al volver del trabajo pienses en estar con alguien a quién vas a llamar para que te acompañe cuando camines por las calles tristes de siempre. Verás que todos están con alguien menos tú que deseas cosas que no volverán y dejas pasar aquellas que te harían feliz si estuvieras preparado para verlas. Hacia el fin de jornada cierro los ojos. Escucho el roce de las alas de la polilla embriagada de oscuridad. En la noche del viernes por calles tristes enviarás mensajes a teléfonos apagados desde cuartos de paredes sucias con pequeños roperos atestados en camas marineras sin equilibrio ardiendo de deseo por el cuerpo de una mujer rezándole al Señor de los Milagros por el cuerpo de una mujer rezándole a Chacalón que es Dios por el cuerpo de una mujer. A quién vas a culpar por no haber hecho lo correcto a quién vas a llamar cuando acabe el día y volviendo por calles tristes sepas que te espera el catre pequeño, más pequeño sin mujer sin cuerpo que fatigue la innúmera cama. Vas a decir que me extrañas cuando ya sea tarde vas a pedirme que hable cuando no tenga fuerzas. Hubiera hecho falta tanto más juntos para convertirme en el árbol que baña con su savia el hacha del leñador que lo ha herido. No soy tan buena, lo siento. Las monjas hablarían de perdonar, de dar la otra mejilla. Qué saben ellas de amar si se han casado con un mudo, un ausente, un muerto. ¿Dónde estabas, que no te vi? Tenía que ser ahora, no antes antes no hubieras podido verme, éramos otros tenía que ser ahora. Y ahora aquí estoy, aquí estamos estar contigo es bailar dentro de un huracán una máquina voltaica años luz al borde del sol un agujero negro empujando el centro del abismo tu piel y tu pelo, chocolate y manjar blanco rompiendo en mi paladar de sibarita. Mi piel todavía guarda tu olor, salobre y dulce. Hombre. Ser de ensueño y luz agua mansa y cascada en caída libre. Nada va a lavar tu olor en mí como una casa musical voy a conservar tu voz tu forma de cantar las palabras. Y quién va a navegar tus aguas, nadador quién se atreverá a enfrentar las grandes aguas el amor es un laberinto del que se sale volando o se perece buscando la salida. Qué bueno no haber escuchado a las amigas: Tranquila, tómate tu tiempo... tranquila estuve toda mi vida tranquila estaré en la tumba. Olvidé que no eras río sino océano Y me bebí de un trago tus aguas, nadador y las encontré amargas y me ardieron como una insolación de eclipse. Que tus ojos se hagan de agua y pueda beberlos fue mi profecía y me ahogué: llega un momento en que las palabras tienen valor de acto. No voy a naufragar en tus aguas, nadador. No voy a inmolarme en el laberinto del amor. Vuelvo a mi vida habitual a la calma monótona que necesito para transformar la mierda en oro. Vuelvo a mi centro que se parece mucho al ojo del huracán, el lugar de mayor quietud. En el ojo del huracán hay calma. En el ojo del huracán está todo lo que hemos perdido. Lo perdido es nuestro para siempre. Mientras escucho a la polilla que se quema las alas contra la lámpara pienso que es duro el destino de los que buscan la luz.
AS GRANDES ÁGUAS
E quem vais chamar quando acabe o dia
e ao chegar do trabalho penses em estar com alguém
quem vais chamar para te acompanhar
quando caminhares pelas ruas tristes de sempre.
Verás que todos estão com alguém menos tu
que desejas coisas que não mais voltarão
e deixas passar aquelas que te fariam feliz
se estivesses preparado para vê-las.
No final de jornada fecho os olhos
Escuto o roçagar das asas da borboleta
embriagada de escuridão.
Na noite de sexta por ruas tristes
enviarás mensagens para telefones desligados
desde quartos de paredes sujas
com pequenos roupeiros abarrotados
em camas marinheiras sem equilíbrio
ardendo de desejo pelo corpo de uma mulher
orando ao Senhor dos Milagres
por um corpo de uma mulher
orando a Chacalón que é Deus
por um corpo de uma mulher.
Quem vais culpar por não ter feito o correcto
quem vais chamar quando acabe o dia
e voltando por ruas tristes saibas que te espera
o leito pequeno, mais pequeno sem mulher
sem corpo que fatigue a inúmera cama.
Vais dizer que me rejeitas quando for tarde
vais pedir-me que fale quando não tenha forças.
Juntos fizera falta tanto mais
para converter-me na árvore que banha com a sua seiva
o machado do lenhador que a feriu.
Não sou tão boa, lamento.
As freiras falariam de perdoar, de dar a outra face.
Que sabem elas de amar se se casaram
Com um mudo, um ausente, um morto.
Onde estavas, que não te vi?
Tinha de ser agora, antes não
Antes não puderas ver-me, éramos outros
tinha de ser agora.
E agora aqui estou, aqui estamos
estar contigo é bailar dentro de um furacão
uma máquina voltaica anos-luz à margem do sol
uma brecha negra empurrando o centro do abismo
a tua pele e o teu cabelo, chocolate e doce de leite
irrompendo no meu paladar de sibarita.
Guardo todavia o teu cheiro, salobre e doce.
Homem. Ser de sonho e luz
água mansa e jorrante em queda livre
como uma casa musical vou conservar
a tua forma de cantar as palavras.
E quem vai navegar nas tuas águas, nadador
quem se atreverá a enfrentar as grandes águas
o amor é um labirinto de que se sai voando
ou se cai procurando a saída.
Que bom não ter escutado as amigas:
Calma, espera algum tempo…
calma estive a minha vida toda
calma estarei na cova.
Esqueci-me que não eras rio, mas sim oceano
E de um trago bebi as tuas águas, nadador
e encontrei-as amargas e queimaram-me
como uma insolação de eclipse.
Que os teus olhos se façam de água e possa bebê-los
foi a minha profecia e afoguei-me:
chega um momento em que as palavras têm valor de acto.