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8 de diciembre de 2021

Adélia Prado, Casamiento


Fotografía de Tim Fox

CASAMIENTO

Hay mujeres que dicen:
Mi marido, si quiere pescar, que pesque,
pero que limpie el pescado.
Yo no. A cualquier hora de la noche me levanto,
ayudo a descamar, abrir, cortar y salar.
Es tan bueno, nosotros solos en la cocina,
de vez en cuando los codos se tropiezan
él cuenta cosas como “éste fue difícil”,
“plateó en el aire dando coletazos”
y hace el gesto con la mano.
El silencio de cuando nos vimos por primera vez
atraviesa la cocina como un río profundo.
Por fin, el pescado en la bandeja,
vamos a dormir. Cosas plateadas estallan:
somos novio y novia.

en Adélia Prado poesía reunidaGriselda García Editora, 2019
Traducción de José Ioskyn

Adélia Prado poesía reunidaGriselda García Editora, 2019
Traducción de José Ioskyn



CASAMENTO

Há mulheres que dizem:
Meu marido, se quiser pescar, pesque,
mas que limpe os peixes.
Eu não. A qualquer hora da noite me levanto,
ajudo a escamar, abrir, retalhar e salgar.
É tão bom, só a gente sozinhos na cozinha,
de vez em quando os cotovelos se esbarram,
ele fala coisas como "este foi difícil"
"prateou no ar dando rabanadas"
e faz o gesto com a mão.
O silêncio de quando nos vimos a primeira vez
atravessa a cozinha como um rio profundo.
Por fim, os peixes na travessa,
vamos dormir.
Coisas prateadas espocam:
somos noivo e noiva.

de Terra de Santa Cruz, 1981
en Poesia reunida, Siciliano, São Paulo, 1991


Terra de Santa Cruz, Grupo Editorial Record, 1981



Adélia Prado
(Divinópolis, Minas Gerais, Brasil, 1935)
para leer una nota en PÁGINA 12
para leer + en MALÓN MALÓN
+ en EL POETA OCASIONAL
y MÁS

10 de abril de 2016

Griselda García, 3 poemas 3



Obra de Annette Messager (2009)

CREER PARA VER

I

El primer día el cielo se oscureció

empezó a llover un agua tibia.

No enciendas la luz, dijiste

para qué si ya vimos todo.


Había amigos en la casa, los tomé de un trago.
Madres creadoras:
nunca imaginé tal ostentación de carne.

No fue difícil trepar a tu espalda
Lo difícil fue estar a la altura, no retroceder.

Siempre creer, decías, pero perdiste la fe.

II

Cuerpo mío
aprendiste del mar a caer y levantarte
fuiste llenado y vaciado por y para ellos
para hacerlos más hombres cada vez
con la insistencia del mar te ofreciste
te fustigaron en tus avatares
en cada fase de la luna y sus ciclos
cuerpo mío, te hicieron hablar
tus secretos parieron locos nuevos
no es sin riesgos la escucha.

Ante un cuerpo de hombre sólo siento gratitud.


CREDERE PER VEDERE

I

Il primo giorno il cielo si fece oscuro
iniziò a piovere un acqua tiepida
Non accendere la luce hai detto
perché si è già visto tutto.

C’erano amici nella casa, li presi in un sorso.
Madri creatrici:
mai ho immaginato tanta ostentazione di carne.

Non è stato difficile scalare la tua schiena
Difficile è stara all’altezza, non retrocedere.

Sempre credere, dicevi, ma hai perduto la fede.

II

Corpo mio
hai imparato dal mare a cadere e alzarti
sei stato riempito e svuotato da e per loro
per farli più uomini ogni volta con l’insistenza del mare ti sei offerto
ti fustigarono nelle tue reincarnazioni
in ogni fase della luna e nei suoi cicli
corpo mio, ti hanno fatto parlare
i tuoi segreti partorirono nuovi pazzi
non è senza rischi l’ascoltare.

Davanti a un corpo di un uomo solo sento gratitudine.


Fotografía de Richard Avedon

NENE, ¿NO TE BASTA CON TU NOVIA?

Mis amigas me habían advertido:
ya te vas a ver rodeada de hombres jóvenes
como los pájaros que sobrevuelan a San Francisco.
Ahora, las nuevas generaciones me buscan
ese momento en que no sos joven ni vieja
y ellos son curiosos, quieren saber.

Me aplaudís cuando termino de leer
decís que te gusto, que escribo bien
me presentás a tu novia, estudia Letras.
Cuando ella se va me decís un piropo.
No sé si cambiaron los códigos
o te tomaste una licencia poética.

Nene, ¿no te basta con tu novia?
Te agradezco, pero se trata de
habitar el instante, el presente
la vida son tres días y ya pasaron dos.

Las novias de esa generación
son aniñadas, se visten tipo Sarah Key
busco incluirlas en las charlas pero no hay forma
tienen ojos tristes y me miran como a La Otra.

A ellos los ciega su carga vital, el ansia de poseer
no saben dar, solo pedir
nunca nadie les regaló nada
quieren cobrarle a todo el mundo
se tiran encima como animalitos
son, eso sí, émbolos perfectos.
Como dijo Dios, que es mujer:
veo que he creado muchos tipos
pero muy pocos hombres.




Fotografía de Anka Zhuravleva

EL NEGRO DEL MAR

Una madrugada fui a la playa
me saqué la ropa y me metí al agua
empecé a nadar y nadar.
Me debo haber adormecido, no sé cuánto tiempo pasó.
Cuando reaccioné estaba muy lejos de la orilla
me había envuelto una corriente
sentía oleadas de agua más fría, más caliente.

Nunca le conté a nadie esto, no me creerían.

Comencé a percibir manchas negras
más negras que el negro del mar
se movían lento, venían hacia mí.
Era un grupo de ballenas jorobadas
en viaje migratorio hacia el sur.
Sentí terror y supe que iba a morir.
Imaginé que una abría la boca y me succionaba
en una muerte lenta como en los cuentos infantiles.

A su paso el mar se inflaba y me elevaba
al bajar, se hacía un hueco en mi estómago.
Paralizado, sin poder decidir, empecé a llorar.
La ballena es mi mamífero preferido.
De chico soñaba que me agarraba de su cola
y paseábamos y conocíamos mundos nuevos.
Pero entre bufidos y cantos extraños
pasaron a mi lado como si yo no estuviera ahí.

Se fueron alejando y el agua quedó en calma.
Cuando pienso que estuve entre ellas
siento que nunca viví algo más terrorífico.
Así son los sueños, llegan en forma inesperada.
Nunca le conté a nadie esto, no lo creerían
pero vos sí, ¿no?





Griselda García 
(Buenos Aires, Argentina, 1979)
POETA/TRADUCTORA
de Ahora, Ediciones del Dock, Colección Pez Náufrago, 2016
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8 de febrero de 2013

Griselda García, 2 poemas 2


(*)




TRABAJAR CANSA

Hombres con el torso desnudo
arrojan piedras al agua,
ven el río desde el río,
cometas que se niegan a volar,
cascos de viejos buques bajo el sol.

Hombres que una vez han hecho hijos
por la noche vuelven
a la pieza única, al único catre,
un último vaso de vino al acostarse,
alivio del fresco en la almohada,
asco de ese mundo que los olvidó.





(*) y (**) Steinberg con el ojo fotográfico de Inge Morath (1923, Austria - 2002, Nueva York)




LA HISTÉRICA

Sólo un hombre no nacido de mujer
es capaz de satisfacer,
el resto ama las mentiras.

Es preciso siempre 
que algo se nos escape.




Griselda García 
(Buenos Aires, Argentina, 1979)
de La ruta de las arañas, Ediciones Del Dock, 2005
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31 de mayo de 2012

Griselda García, Las grandes aguas


Fotografía de Gary Isaacs 
LAS GRANDES AGUAS

Y a quién vas a llamar cuando acabe el día
y al volver del trabajo pienses en estar con alguien
a quién vas a llamar para que te acompañe
cuando camines por las calles tristes de siempre.

Verás que todos están con alguien menos tú
que deseas cosas que no volverán 
y dejas pasar aquellas que te harían feliz
si estuvieras preparado para verlas.

Hacia el fin de jornada cierro los ojos. 
Escucho el roce de las alas de la polilla 
embriagada de oscuridad.

En la noche del viernes por calles tristes
enviarás mensajes a teléfonos apagados
desde cuartos de paredes sucias
con pequeños roperos atestados
en camas marineras sin equilibrio
ardiendo de deseo por el cuerpo de una mujer
rezándole al Señor de los Milagros 
por el cuerpo de una mujer
rezándole a Chacalón que es Dios 
por el cuerpo de una mujer.

A quién vas a culpar por no haber hecho lo correcto
a quién vas a llamar cuando acabe el día
y volviendo por calles tristes sepas que te espera
el catre pequeño, más pequeño sin mujer 
sin cuerpo que fatigue la innúmera cama.

Vas a decir que me extrañas cuando ya sea tarde
vas a pedirme que hable cuando no tenga fuerzas.
Hubiera hecho falta tanto más juntos 
para convertirme en el árbol que baña con su savia
el hacha del leñador que lo ha herido.

No soy tan buena, lo siento.
Las monjas hablarían de perdonar, de dar la otra mejilla.
Qué saben ellas de amar si se han casado
con un mudo, un ausente, un muerto.

¿Dónde estabas, que no te vi? 

Tenía que ser ahora, no antes
antes no hubieras podido verme, éramos otros
tenía que ser ahora.

Y ahora aquí estoy, aquí estamos
estar contigo es bailar dentro de un huracán 
una máquina voltaica años luz al borde del sol
un agujero negro empujando el centro del abismo
tu piel y tu pelo, chocolate y manjar blanco 
rompiendo en mi paladar de sibarita.

Mi piel todavía guarda tu olor, salobre y dulce.
Hombre. Ser de ensueño y luz
agua mansa y cascada en caída libre.
Nada va a lavar tu olor en mí
como una casa musical voy a conservar tu voz 
tu forma de cantar las palabras.

Y quién va a navegar tus aguas, nadador
quién se atreverá a enfrentar las grandes aguas
el amor es un laberinto del que se sale volando
o se perece buscando la salida.

Qué bueno no haber escuchado a las amigas:
Tranquila, tómate tu tiempo...
tranquila estuve toda mi vida
tranquila estaré en la tumba.

Olvidé que no eras río sino océano 
Y me bebí de un trago tus aguas, nadador
y las encontré amargas y me ardieron 
como una insolación de eclipse.

Que tus ojos se hagan de agua y pueda beberlos
fue mi profecía y me ahogué:
llega un momento en que las palabras tienen valor de acto.

No voy a naufragar en tus aguas, nadador.
No voy a inmolarme en el laberinto del amor. 

Vuelvo a mi vida habitual
a la calma monótona que necesito
para transformar la mierda en oro.

Vuelvo a mi centro que se parece mucho 
al ojo del huracán, el lugar de mayor quietud.

En el ojo del huracán hay calma.
En el ojo del huracán está todo lo que hemos perdido.
Lo perdido es nuestro para siempre.

Mientras escucho a la polilla
que se quema las alas contra la lámpara
pienso que es duro el destino
de los que buscan la luz.

AS GRANDES ÁGUAS

E quem vais chamar quando acabe o dia
e ao chegar do trabalho penses em estar com alguém
quem vais chamar para te acompanhar
quando caminhares pelas ruas tristes de sempre.

Verás que todos estão com alguém menos tu
que desejas coisas que não mais voltarão
e deixas passar aquelas que te fariam feliz
se estivesses preparado para vê-las.

No final de jornada fecho os olhos
Escuto o roçagar das asas da borboleta
embriagada de escuridão.

Na noite de sexta por ruas tristes
enviarás mensagens para telefones desligados
desde quartos de paredes sujas
com pequenos roupeiros abarrotados
em camas marinheiras sem equilíbrio
ardendo de desejo pelo corpo de uma mulher
orando ao Senhor dos Milagres
por um corpo de uma mulher
orando a Chacalón que é Deus
por um corpo de uma mulher.

Quem vais culpar por não ter feito o correcto
quem vais chamar quando acabe o dia
e voltando por ruas tristes saibas que te espera
o leito pequeno, mais pequeno sem mulher
sem corpo que fatigue a inúmera cama.

Vais dizer que me rejeitas quando for tarde
vais pedir-me que fale quando não tenha forças.
Juntos fizera falta tanto mais
para converter-me na árvore que banha com a sua seiva
o machado do lenhador que a feriu.

Não sou tão boa, lamento.
As freiras falariam de perdoar, de dar a outra face.
Que sabem elas de amar se se casaram
Com um mudo, um ausente, um morto.

Onde estavas, que não te vi?

Tinha de ser agora, antes não
Antes não puderas ver-me, éramos outros
tinha de ser agora.

E agora aqui estou, aqui estamos
estar contigo é bailar dentro de um furacão
uma máquina voltaica anos-luz à margem do sol
uma brecha negra empurrando o centro do abismo
a tua pele e o teu cabelo, chocolate e doce de leite
irrompendo no meu paladar de sibarita.

Guardo todavia o teu cheiro, salobre e doce.
Homem. Ser de sonho e luz
água mansa e jorrante em queda livre
como uma casa musical vou conservar
a tua forma de cantar as palavras.

E quem vai navegar nas tuas águas, nadador
quem se atreverá a enfrentar as grandes águas
o amor é um labirinto de que se sai voando
ou se cai procurando a saída.

Que bom não ter escutado as amigas:
Calma, espera algum tempo…
calma estive a minha vida toda
calma estarei na cova.

Esqueci-me que não eras rio, mas sim oceano
E de um trago bebi as tuas águas, nadador
e encontrei-as amargas e queimaram-me
como uma insolação de eclipse.

Que os teus olhos se façam de água e possa bebê-los
foi a minha profecia e afoguei-me:
chega um momento em que as palavras têm valor de acto.

Não vou naufragar nas tuas águas, nadador.
Não vou imolar-me no labirinto do amor.

Volto à minha vida habitual
à calma monótona que preciso
para transformar a merda em ouro.

Volto ao meu centro que se parece muito
ao olho do furacão, o lugar de maior quietude.

No olho do furacão há calma.
No olho do furacão está tudo o que perdemos.
A perda é nossa para sempre.

Enquanto escuto a borboleta
que queima as asas contra a lámpada
penso que é duro o destino
dos que procuram a luz.

(Traducción de Sandra Santos)






Griselda García 
(Buenos Aires, Argentina, 1979)
Texto y voz en off : Griselda García
música: Alberto de Simone
actor: Lucas Funes Oliveira
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1 de diciembre de 2011

Griselda García, No mamá


Ilustración de Edel Rodriguez
NO MAMÁ

un hombre dejó su semen
en mí hace unas semanas
y hoy la sangre viene a decir
que no seré madre:

no se me hinchará el vientre
no usaré vestidos floreados
no vomitaré por las mañanas
no me crecerán las tetas
no sentiré algo comiéndome
no me cambiará el humor
no viviré nada de eso
seguiré sangrando mes a mes
podré masturbarme con facilidad

oigo a mujeres decir:
“tener un hijo es lo mejor que me pasó en la vida”
y pienso:
“qué vida de mierda habrá tenido”

nunca lo digo, claro

pero cada vez que hablan de bebés
la hija que aún queda en mí
asiente y sonriendo recuerda
a la madre que mató y quedó viva.




Griselda García 
(Buenos Aires, Argentina, 1979)
POETA/EDITORA
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19 de junio de 2011

Griselda García, Pa


Ilustración de Eveline Tarunadjaja
PA

usabas camisas color café
jeans gastados
mocasines negros.

me llevabas en el falcon verde del '65,
viejito, con la chapa picada,
ese que dejaba ver el asfalto
pasando rápido bajo mis pies.

a veces lo que te crecía adentro
hacía que te pusieras nervioso
y me pegabas cachetazos
yo te odiaba.

pero ahora te quiero, papá
ahora que no estás.

y olvidé
olvidé
olvidé

para hacer de cuenta que podía seguir adelante,
tener la vida normal de una niña de diez años.

entonces ocurre que volvés una tarde
y me esperás al salir del trabajo
fumando un cigarrillo largo, apoyado contra una pared
con tu camisa color café, marcando en el diario
resultados de viejas loterías
y películas de polanski estrenadas hace años.

me besás, te ofrecés a llevar mi bolso, pesado
y nos vamos tomados del brazo,
caminando despacito sin que nadie pueda decir
que vos estás muerto
y que soy la misma que escribe cada día
un poema a cuchilladas
sobre el vestido de la muerte.





Griselda García 
(Buenos Aires, Argentina, 1979)
POETA/TRADUCTORA/EDITORA
de El arte de caer, Alicia Gallegos Editora, Buenos Aires, 2001
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