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30 de noviembre de 2013

Almudena Guzmán, 2 poemas 2 (II)


Fotografía de Sarah Ann Loreth

Esto va a venirse abajo
de un momento a otro
y usted lo sabe.

El amor ya no es un templo griego
sino algo parecido a un desastre de líneas
oblicuas que aprisionan todo intento de lluvia.
Y es gris.
Tan gris como estas perspectivas de furias
que se nos viene encima.

(de Usted, Hiperión, Madrid, 1986)



Fotografía de Sarah Ann Loreth

Dale tiempo al corazón,
estudia a fondo sus mecanismos de defensa,
raciona severamente sus reservas de luz y de aire
y de agua,
antes de que crezcan los árboles del invierno
y ahoguen su espacio otoñal en el bosque.
Dale tiempo al corazón,
todavía puedes,
hazlo con esa inteligencia y esa capacidad de análisis
que te caracteriza,
como si su vida dependiera de un problema de matemáticas
a resolver.

Pero resuélvelo pronto. Mira que ya viene el frío
y la comparsa del hielo a retirarte el examen.

(de Calendario, Hiperión, Madrid, 1998)




Almudena Guzmán 
(Madrid, España, 1964)
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7 de junio de 2011

Almudena Guzmán, Desnudo en sombra (+1)


Fotografía de Anka Zhuravleva (Rusia, 1980)

DESNUDO EN SOMBRA

Volverse a enamorar.
Besar una piel que sabe distinto,
no encontrar puntos de referencia
que indiquen el momento justo,
la caricia perfecta,
la mano compañera.
Retornar a un cuerpo nuevo
sin los huecos del anterior,
no poder palpar una nuca excitada,
una espalda con escalofríos conocidos.
Qué pobre se queda el intento de amar igual a la primera vez.
Cómo pesa una boca tan sabida,
tan llena de humo compartido
ante la desconocida tan poco explorada, tan miedosa.
Cuánto cuesta abandonarte, lavarme de tu olor,
quitarme las huellas de tu peso,
desdoblarme en otra Almudena
y comenzar a hacer mía una figura
de la calle que me asusta y que ¿quiero?
poseer, pero... tú, ahí estás tú,
traspasando con tu desnudo mi sombra,
consolándome pesaroso de mi dolor al terminar,
tu sonrisa y tu cigarrillo,
ese brazo moreno rodeando mi cintura
y llevándome a un lecho desordenado...
y tus manos de violinista
volando y enredándose en mis senos.


B O N U S  T R A C K 


Fotografía de Filipoiu Marius 


HOY ERA LA ÚLTIMA TARDE...


Hoy era la última tarde.

Usted no paraba de hablar
-lo hubiese matado-
y a mí me ardían las uñas cuando nos despedimos
 en la parada del autobús.

Ni un sólo beso.






Almudena Guzmán 
(Madrid, España, 1964)
para leer MÁS

6 de junio de 2011

Almudena Guzman, 2 poemas 2


Anne Margret


Nada.
No pegaba nada con tanta lluvia,
esa chaqueta de angorina rosa y botones de nácar
que él me regaló.

Tampoco encendimos una velita al apóstol,
porque un niño a nuestro lado acababa de darse un cabezazo
tremendo contra la pila bautismal,
y que hubo que consolarlo hasta que llegaron sus padres.

El museo nos desilusionó.
Yo me puse rara y él venga a mirar al cielo,
y al final un paseo dudosamente conciliador por los
soportales
-basta que a mí me hicieran gracia los punkies, para que
a él lo escandalizasen-,
después de mi vaso de leche y su maniática ginebra
"MG con Schweppes de naranja, por favor".
Ah,
se me olvidaba contaros
que el frío fue la nota predominante del día
y que la noche, a pesar de todo, la pasamos juntos.
Espalda contra espalda.

(de Usted, Hiperión, Madrid, 1986)






Señor,
ahora que mi piel y la suya
-después de las sábanas-
han formado un nuevo «collage» en el agua,
no es el mejor momento para hablarle,
desde luego,
pero aprovechando que estoy arriba
y usted debajo,
quisiera decirle
-casi no me atrevo con sus ojos-
que no puedo más,
que voy a pararme.

-Era el placer como una de esas muñecas rusas que se abren
y aparece otra,
y otra...-




Almudena Guzmán 
(Madrid, España, 1964)
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