Mostrando entradas con la etiqueta ediciones argos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ediciones argos. Mostrar todas las entradas

19 de agosto de 2017

Glauce Baldovin, 3 poemas 3 (III)


Fotografía de Katy Grannan

No es necesario envenenar el agua
cortarse las venas
ahorcarse
El recuerdo de lo que quisimos ser
el acto heroico
ante el cual retrocedimos
la muralla que no derrumbamos
la fortaleza que no construimos
el fuego que dejamos apagar
son suficientes...

de Poemas cruelesEdiciones Argos, 1996


Fotografía de Katy Grannan
VI

Sus movimientos me incitan
me vuelven a la vida.
Tiemblo. 
Palpito.
Y me urge ser mujer
amar sobre la hierba   los paredones     el asfalto
los puentes que unen a la muerte con la vida.

de Con los gatos el silencio, Ediciones Argos, 1994



Fotografía de Tabitha Soren

XII

¿Qué son las heridas
gatos
sino este rasgarse el corazón por dentro
este sangrar aromas y recuerdos
esta necesidad de olvidar
y tener la memoria como espejo?

de Con los gatos el silencio, Ediciones Argos, 1994




Glauce Baldovin 
(Río Cuarto, Córdoba, Argentina, 1928-1995)
para leer + en: BAJO LA ROSA CHINA
MÁS

25 de febrero de 2014

Sonia Rabinovich, 2 poemas 2


Fotografía de Parker Fitzgerald 




Estoy caminando hacia atrás
          y veo
más lejos las montañas
          tomo distancia
y distingo la misma forma
en las líneas que se dibujan en el horizonte.
          Todo es signo.





Fotografía de Parker Fitzgerald



Por qué no nos queda al menos
una marca en la piel.
Algo que diga
que nos ganaron los volcanes
que nos abrasó la lava
que no hubo día ni noche
ni pensamiento ni bosque
ni marea
pero que estuvo todo
                    sin embargo.

Por qué no nos queda una señal
una memoria para tanto olvido.




Sonia Rabinovich 
(Córdoba, Argentina, 1955)
de Versión libre del paraíso, Ediciones Argos, 1999
2º Premio “Fundación Argentina para la Poesía” 1999
para leer más en: VUELO DIGITAL
su BLOG

24 de abril de 2013

Glauce Baldovin, 2 poemas 2 (II)



III

Nada traje para el amor. Nada. Nada traje.
Sábanas de hilo encajes alianzas de oro han quedado
                                en los baúles naftalina. En los escaparates.

El dijo, mi cuchillo.
Yo dije, hierbas olorosas. Albahaca y laurel orégano
                                              romero para perfumar el corpiño.
La piel perfumada es una alfombra de musgo.
                                                                 Una playa dorada.
Olor a tierra. Olor a mar.

Olvidados los adornos despreciado el lujo, sólo
                                        una estera de paja una colcha a rayas
y para el amor eso nos basta.



Jackie O.

I

Las mujeres que prefieren el mar a la tierra
                                                          son mujeres descastadas.
Impías.
El mar las tragará, lavará sus rostros y limpios
    los cuerpos serán incapaces del recuerdo y la nostalgia.
Porque la tierra nos ha sido prometida. Aún la más árida,
la que sin elevaciones se extiende hacia todo el horizonte
y hacia ella vamos.
Vencido el coraje nos arrastramos. Colgándonos el amor
                                                                          por la cintura.



Glauce Baldovin 
(Córdoba, Argentina, 1928-1995)
del Libro de María Libro de Isidro, Ediciones Argos, 1997
para leer MÁS

20 de julio de 2011

Glauce Baldovin, VI

Ilustración de Siobhan McClure, Treasures, 2010
VI

Todo lugar es propicio para el amor.
A través de las hojas, girando bajo los árboles, vemos 
                                                               danzar las estrellas.
Las estrellas predicen el destino.
Nuestros rostros quedan como mascarillas en el río.
                                                 Escarabajos de vidrio los ojos.
Con nuestro cuerpo acamamos tréboles y gramillas
                    y su cuchillo reluciente como una víbora de plata
inmóvil como una raíz milenaria como una uña diabólica
                                             para rasgar la tierra nos protege.
Dice, míralo bien. El cuchillo es un hilo de agua
                                                         que vomitan los pastos.
Yo paso mi lengua por él y sé entonces que posee el don 
                                                                          de la magia.







Glauce Baldovin 
(Córdoba, Argentina, 1928-1995)
del Libro de María Libro de Isidro, Ediciones Argos, 1997
para leer MÁS

15 de julio de 2011

Glauce Baldovin, 2 poemas 2


Fotografía de Egor Shapovalov

No eligió el silencio.
Quizás desde niña alguien la fue empujando.
Alguien que dijo no te tires al suelo no saltes a la soga
                                                                No toques ese gato.
Alguien que hablaba mucho. Que no escuchaba
¿Quién sabe?
Sólo ella lo sabe. O no lo sabe.
Y deambula por los puentes
Se para en las estaciones a ver pasar los trenes
Traza espirales en el aire.

Nadie conoce el fondo de sus ojos. Ni su espejo.
María ha pasado las manos por él y lo ha dejado ciego.

(de Libro de María Libro de Isidro, Ediciones Argos, 1997)




Fotografía de Masha Sardari

IX

Cuando amaso me siento diferente. 
Olvidada de rencores.
Hago una rueda con la harina y en el centro pongo agua y sal.
Hundo la masa pegajosa, la estiro con el palo blanco
le doy la forma
Y me creo Dios.

El olor a pan sale del horno
inunda el campo, la casa, el ropero, mi corpiño.
Todo es pan ese día.
Y cuando saco agua del pozo
Un rostro joven me sonríe desde el fondo.

(de Libro de Lucía, 1986)



Glauce Baldovin 
(Río Cuarto, Córdoba, Argentina, 1928-1995)
para leer MÁS

15 de marzo de 2011

María Teresa Andruetto, 3 poemas 3


(*)

KODAK

Yo miraba,
tras la lente de una Kodak
con la que él sacó fotos de la guerra,
antes que la muerte disolviera
sus pupilas y delegara en mis ojos
el dolor de mirarme devastada
por la ausencia

*

Io guardavo
dietro la lente di una Kodak
con cui lui ha fatto foto di guerra,
prima che la morte dissolvesse
le sue pupille e delegasse ai miei occhi
il dolore di vedermi distrutta
dall’assenza

(Traducción del CCTM)




(*)

VISITA

Hoy vino mi madre a visitarme
y caminamos las dos por estas calles.
Hablamos de mi hermano,
de los hijos, de las chicas del Sur,
de mi cuñado. Otra vez yo critiqué
al gobierno y ella dijo otra vez
"¡Es un país tan grande!". No quiere
que me queje: "¡Este país generoso
recibió a tu padre!" y rodamos las dos
hacia una zona de tristeza, en silencio,
hasta que se detiene y dice: "Ayer
hice dulce de duraznos" y yo digo
que hablaron de mi libro
en el diario.


VISITA

Hoje a minha mãe veio visitar-me
e caminhamos as duas por estas ruas.
Falamos do meu irmão,
dos filhos, das raparigas do Sul,
do meu cunhado. A dado passo eu critiquei
o governo e ela afirmou a seguir
"É um país tão grande!". Não quer
que me queixe: "Este país generoso
acolheu o teu pai!", e seguimos as duas
por uma zona de tristeza, em silêncio,
até que se detém e diz: "ontem
fiz doce de pêssego" e eu digo
que falaram do meu livro
no jornal.

(Traducción al portugués de una  traducción francesa de Nicole e Émile Martel reproducida em Voix d' Argentine / voces argentinas, selección de Claudia Schvartz e Gerardo Manfredi, Leviatán (Buenos Aires), Écrits des Forges (Trois-Rivières / Québec) e Le Temps des Cerises (Pantin), 2009)
           

(*) Fotografías de Lylia Corneli

CARTA

En la feria, cuando elegía alcauciles
(estaban algo oscuros), un muchacho
que no tenía más de trece años (lo vi
correr, por La Cañada, hacia El Pocito),
me arrancó la cartera (quedaron
las tiras colgando).
¿Tenía dinero, señora?
Nadie preguntó por tu carta
(yo la llevaba conmigo,
tu última carta,
doblada en cuatro).
Era sólo un papel y ese muchacho
lo habrá tirado al agua.



Fotografía de Hugo Suárez
María Teresa Andruetto 
(Arroyo Cabral, Córdoba, Argentina, 1954)
POETA/ESCRITORA/TRADUCTORA
de Kodak, Ediciones Argos, 2002
para leer MÁS
para leer una ENTREVISTA

28 de febrero de 2011

María Teresa Andruetto, Desnuda en la tienda

(*)

DESNUDA EN LA TIENDA 

No era coqueta
Era fuerte.

Necesito ropa, dijiste. Una blusa
alegre, de color subido. Y fuimos
a la tienda. La chica que nos llevó
a los vestidores se llamaba tula.
Te queda rico, dijo, te queda de novela.
Nos metimos las dos en esa caja,
entrábamos apenas.
Como no había asientos ni percheros
te ofrecí mis brazos.
Te sacaste el vestido, la campera,
te sacaste la blusa, las hombreras,
te sacaste el turbante, la remera,
te sacaste el corpiño, la bolsita de mijo,
te miraste al espejo y me miraste
y yo vi tu pecho crudo, las costillas
al aire, y después tu corazón
como una piedra, fuerte y fatal
como una piedra.




Fotografía de Hugo Suárez
María Teresa Andruetto 
(Arroyo Cabral, Córdoba, Argentina, 1954)
POETA/ESCRITORA/TRADUCTORA
de Kodak, Colección Horizon Carré, Ediciones Argos, Córdoba, 2001 
para leer MÁS
en FACEBOOK
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...