Mostrando entradas con la etiqueta luciana reif. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta luciana reif. Mostrar todas las entradas

30 de marzo de 2021

Marina Casas, 7 poemas 7


Ilustración de Andrea Ucini

Un verano sola es un verano perdido.
¿Por qué los días de calor
deberían tener más sentido
que los de invierno?

¿Quién dijo
que reír con conocidos
en un bar es mejor que llorar
un viernes con una serie de Netflix?

¿Por qué la felicidad se mide
en la cantidad de cuerpos
que pudiste tocar?

Me encierro en el autismo
de mis fantasías
porque nada
de lo que espera afuera
alcanza
las expectativas
de mi irrefrenable
imaginación.


Ilustración de Andrea Ucini

¿Y qué pasa si ahora me voy?
Después de tantos años
pensando que era tarde.
Siempre hay tiempo
para que sea más tarde.

Hablar mi lengua,
pisar mi tierra,
no me adueña de certezas.

Lo conocido
me derrumba.
Los conocidos
me retumban,
sus palabras
en mi cabeza.

¿Y qué pasa si ahora me voy?
Del espacio
sin voz,
el tiempo
sin amor,
un viaje
en un cajón.


Ilustración de Andrea Ucini

Vuelvo otra vez a cero
a ser sin tener.
Vuelvo a la pregunta que hace eterno
mi presente continuo:
¿Cómo pertenecer
si siempre miro desde afuera?
Casi como esperando
a que me llegue la invitación
para poder entrar.
A veces acepto el juego
y siento alivio,
soy parte del sistema
hasta que de nuevo
sólo lo quiero destruir.

Todos los días la misma ropa,
la coreografía del cuerpo que coincide
con las agujas del reloj marcando las siete,
la hipocresía en los saludos,
pasar once meses deseando
el único en el que hay vacaciones.
Vuelvo otra vez a cero
porque sigo creyendo
en la riqueza de lo vacío.



Ilustración de Andrea Ucini

Un poco de tierra
en el paso del living al balcón
es un reloj que delata
el tiempo que pasa.
Son casi invisibles los restos
en las esquinas del piso y del techo,
pero recuerdo al percibirlos
que el polvo se acumula aún
cuando mis flores no crecen.
La suciedad se me volvió cotidiana
y lo incómodo sería ahora
querer tanto a alguien
como para dejar que vea
la montaña de buzos arrugados
desbordando mis estantes
o todos mis vidrios
plagados de marcas
por no saber como limpiarlos.
Querer tanto como para ocultar
mi basura
y ordenar la casa una vez por semana.


Ilustración de Andrea Ucini

Hikikomori
dicen que es un trastorno japonés
como si acá no supiéramos
encerrarnos para hacer
de la soledad un lugar seguro.

Wikipedia describe
que es un fenómeno social
con síntomas de ansiedad, fobia y timidez.
Pero yo no encuentro la palabra
que diagnostique lo que siento
cuando cualquier estímulo externo
se me inyecta como el dolor de una jeringa.

Suele afectar a hombres
pero acá son hombres
los que la mayoría de las veces
me dan miedo.
Dejo de tomar taxis,
dejo lo fallido de las citas,
dejo las amistades
para no hablar otra vez
de los fracasos.
La repetición de lo mismo
me robotiza aún más que encerrarme
con la televisión o la internet.



Ilustración de Andrea Ucini

Los locos
ya no me dan miedo,
hablan por la calle
y me miran.
No es a mí a quien le hablan.

Cada vez
me parezco más a ellos.
Las palabras brotan
de mi boca
para acompañarme
con su eco.

Hablo sola, en verdad le hablo:
a quien fui a los siete,
sólo pensando en la muerte
a quien soy ahora,
un reloj que corre
como si el tiempo se fuera a acabar
a quien siempre quise ser,
alguien con las palabras afuera
más allá de mis labios
a quien fuiste cuando te conocí,
el que llenaba el espacio
con la seducción de sus historias
al que fuiste después,
cuando supe que amar te daba miedo.

A quien creo que sos ahora, en en sur.
A la distancia todavía recuerdo
y la soledad me pesa menos,
con tantas voces habitándome.


Ilustración de Andrea Ucini

En la adultez enamorarse
se parece más
a una decisión
que a una mariposa

una pastilla
o el borde de una piel
para no enloquecer

la piel
que me haga borde
y sostenga
una espalda contra la mía
advertida
que si uno empuja de más
nos caemos dos.


Los animales no saben contarRangún Editores, 2021





Marina Casas
(Buenos Aires, Argentina, 1986)
POETA/BAILARINA DE TAP Y ESTILOS URBANOS/
AUTORA/COREÓGRAFA/DIRECTORA DE OBRAS DE DANZA-TEATRO/
GUIONISTA DE CINE 
de Los animales no saben contar, Rangún Editores, 2021
Contratapa de Luciana Reif
para leer + en LA PRIMERA PIEDRA
y + en EMMA GUNST
su página en FACEBOOK

1 de julio de 2018

Luciana Reif, 2 poemas 2 (III)


Fotografía de Lin Yung Cheng (aka 3cm)
Si quisieras tocar el núcleo del amor,
si dejaras caer todo el peso de tu espalda
sobre él
o, mejor dicho, si pusieras tus manos
en ese fuego, estoy segura,
te quemarías.
Es como si abrieras un cuerpo
para conocer a una persona,
los órganos dispuestos sobre la mesa,
las cortinas corridas
hasta llegar al hueso.
Matarías en ese acto, dejarías todo deshecho.
El amor es como la verdad, esquivo a su centro.
No se puede mirar directo a la luz del sol
o dejar la cabeza mucho tiempo bajo el agua.
Quedate ahí, mirá de lejos, rodeá su centro
como si bailaras, no somos científicos
buscando verdades microscópicas.
Dejá que el amor falle, que refulja
en lo que tiene de inexacto.
Si me abrieras el corazón ahora,
si me hicieras la autopsia, descubrirías
un millón de mentiras dichas en su nombre.
Nada dice lo imperfecto de lo mucho que nos cuidamos.



Imagen extraída de Pinterest

Otra vez un chico en mi cama,
es tan dulce su rostro contra la almohada,
parece que no respira o que respira apenas
como un silencio sutil.
Me gusta verlo ensimismado en sus secretos,
tan desnudo que abruma, mientras miro distraída
el techo de mi cuarto, la puerta entreabierta;
afuera el living, la cocina, el baño.
De repente me encuentro imaginando
una posible forma de escapar,
no tengo razón para pensar en eso, pero lo hago:
cientos de mujeres fueron asesinadas
este último año, no entiendo por qué este chico
no habría entonces de meterme un palo
entre las piernas. Pienso en ellas,
esposadas al respaldo de una cama
por sus novios, por sus padres, por sus amantes.
¿Cómo es que alguna vez encontraron consuelo
en sus anchos hombros?
Imagino sus rostros desencajados,
sus muñecas atadas, tensas hasta la sangre.
¿En qué momento su cuarto se convirtió en una prisión
y su novio en el carcelero que entra
sin pedirles permiso en mitad de la noche?
Vuelvo la cara contra mi chico,
él descansa y entredormido me abraza,
la bruma de mis miedos lo tapa.
Su ternura, como una gema,
resplandece en el cuarto.




Luciana Reif 
(Avellaneda, Buenos Aires, Argentina, 1990)
POETA/SOCIÓLOGA
de Un hogar fuera de mí, Colección Visor Poesía
Loewe Fundación2018
Contratapa Paula Jiménez España
XXX Premio Loewe a la Creación Joven
para leer una entrevista en: EL PAÍS
para leer MÁSMÁS

18 de mayo de 2018

Luciana Reif, 2 poemas 2 (+1)


Fotografía de Elina Brotherus


El médico me toca y pregunta si duele;
acá sí, le digo, acá no.
Me palpa  y me explica
de dónde y por qué
viene la sensación.
Me hace masajes,
me pide que piense
en una onda que se expande
mientras estira mis músculos.
Tomo té,
hago yoga,
igual no alcanza.
Soy un manojo de nervios
y él los desata
uno por uno.
No el impacto salvaje,
su afecto, quiero
el cuidado de las manos que amasan,
su placer sostenido y suave.
Como los girasoles,
los cuerpos se abren sutiles
al compás del calor.




Fotografía de Elina Brotherus



Le pido a mamá que me espere despierta;
llego tarde a casa después del trabajo,
el colectivo tarda en venir, a esa hora
viajamos todos apretados
y con sueño. No quiero cenar
sola, no me gusta, por eso le pido
que retenga unos minutos el cansancio,
que lo guarde en un pañuelo,
que no lo suelte, que tampoco se despabile.
Yo también estoy cansada, balbucea a veces
y nos peleamos por ver quién trabajó más,
quién limpió los pisos o quién fue
a hacer los mandados.
Somos dos mujeres que viven solas
y nos peleamos por ver cuál es más mujer,
quién se pone al hombro la familia,
pero en definitiva
las dos tiramos para el mismo lado.
Después me marca:
para qué te esperé si ahora
estamos acá gritando.
Tenés razón, mamita, le digo
refregando mi cabeza en su hombro
mientras le beso
el dorso y la palma de la mano,
el dorso para que el beso vuele
y nos cuide desde el cielo
la palma para que lo guarde consigo
y se lo lleve a la cama.





B O N U S  T R A C K 


Fotografía de Elina Brotherus



Voy construyendo la soledad 
como un galope, soy
Juana de Arco, 
bella y majestuosa
arriba de mi caballo. 
Alrededor mueren
y renacen los hombres, 
no es su amor lo que me hace
valiente, es ser quien soy
a pesar de ellos, conservar en mi centro un corazón
capaz de dar batalla






ph Adolfo Rozenfeld
Luciana Reif 
(Avellaneda, Bs. As., Argentina, 1990)
POETA/SOCIÓLOGA
de Un hogar fuera de mí, Colección Visor Poesía
Loewe Fundación2018
Contratapa Paula Jiménez España
XXX Premio Loewe a la Creación Joven
para leer una entrevista en: EL PAÍS
para leer MÁS

27 de junio de 2012

Luciana Reif, 2 poemas 2 (II)

Pictorial Map of Loveland by Ernest Dudley Chase, 1943



ROMANCE

Conversamos solo una vez hace diez años
pero esa charla todavía perdura
como quien  hace el amor, siendo todos los encuentros
una continúa prolongación del primero
así son nuestras charlas, nos encontramos a tomar un café,
a beber dos copas de vino, y de un momento a otro
nuestras lenguas se desentienden de los dos
se agotan en el juego del parloteo
y cada tanto hacen pausa,
cuando están a punto de despedirse, de cerrar
el dialogo, de coser el circulo que explica y previene
la próxima conversación, se arrepienten,
retroceden espantadas, se refugian en el caparazón de la garganta
y se someten al invierno de las lenguas
aguardan cautelosas, deshilvanan  las palabras
las lamen como si fueran, carne de la otra
lengua amada
se preparan para la siguiente charla
que para ellas no es otra sino la misma, la gran charla de las lenguas,
cuando nos volvemos a encontrar  y te intento agarrar la mano
mi paladar no logra contener a la prisionera,
vislumbra la punta de la otra  y retoman el juego,
se desbordan  en un baile continuo, transpiran la danza
nunca se tocan ni siquiera se raspan
como si los fonemas que escaparan por sus puntas
corrieran presurosos al encuentro
para abrazarse y amarse en el aire
y eso bastara para dejarnos satisfechos





LA ZAFRA

La vida durante la zafra
es una dulce y triste refracción del mundo.
Todo comienza en los cañaverales
donde hombres de lugares lejanos
desnudan el campo en un lento y precioso juguetear
con sus dedos, adultos y ásperos por el paso del tiempo
saben más que nadie como tratar la caña,
hábiles para sacarle todos sus secretos, quedan
exhaustos después de cosecharla; el calor tucumano
se entrevera en forma de gotas que brotan de las manos
ajadas y dolidas de un peón que no ignora que ese fruto vital
concebido con sus fuerzas, será después de todo
azúcar que se derretirá en otra boca.
Peón golondrina, conoce más que cualquiera el sabor
agridulce de la tierra después de despojarla, terminada
la zafra, partirá a otros suelos a cosechar amargos sabores
¿Acaso no es esta la verdadera tristeza,
la de un hombre que llega a abrazar la dulzura toda
y se desprende de ella sin apenas saborearla?



Luciana Reif 
(Avellaneda, Buenos Aires, Argentina, 1990)
Actualmente estudia Sociología en la UBA
para leer MÁS
extraídos de CÍRCULO DE POESÍA

22 de junio de 2012

Luciana Reif, 2 poemas 2


Fotografía de Natasha Gudermane

AUSENCIA
  
Me levanto de mi cama, tu cara sigue asfixiando la almohada
como si quisieras descubrir un mundo subterráneo
debajo de mis sabanas, y escurrirte por allí,
desvanecerte hasta volver la siguiente noche a encontrar
mis muslos entre tus manos
que me aprietan y desvisten,
hasta dejarme sola con mi boca y el resto en tus labios

Ayer de nuevo durante el coito, volviste a sumergirte
aunque te pedí que no lo hicieras, mientras tu mano derecha
jugueteaba con mis senos y me mantenía distraída,
empezaste a descender por las sabanas, el laberinto
que tejí para evitar tu escape fue en vano,
en vano mencione tu nombre y pedí que te quedaras
Pero mientras me hacías el amor, se hundía el colchón,
se abría un surco que empezaba a devorar todo tan lentamente
que yo era la única que no me enteraba,
se iba todo, primero sabanas y almohadas
y luego te ibas, pierna a pierna hasta que tus manos que me seguían
tocando se vaciaban de vos

Hoy me levante de mi cama y tu cara seguía asfixiando la almohada
una mueca sonriente en tu rostro,
y yo me pregunto
donde te iras cuando estas conmigo.



Fotografía de Natasha Gudermane
AMEN

En Cali
conocí a una mujer
que tenía la habilidad de rezar
con una sola mano.

Para sentirse más cerca de
            dios
le bastaba con hundir sus dedos
bien profundo debajo de su falda

Rezaba de día
rezaba de noche
en el nombre del padre
del hijo y del espíritu santo.
Amén




Luciana Reif 
(Avellaneda, Buenos Aires, Argentina, 1990)
POEMAS INÉDITOS
Actualmente estudia Sociología en la UBA
para leer MÁS
(1) Extraído de MUCHACHO DE LOS HELADOS
(2) Extraído de CÍRCULO DE POESÍA
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...